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OPINIÓN: La fiesta inolvidable

El caso de Manuel Adorni ya se pasó de rosca. Ni el personaje de Peter Sellers metió tanto la pata como este muchacho.

En la primera escena de la película, el personaje de Peter Sellers es un soldado que debe alertar con la corneta cuando ve venir a la tropa enemiga. Al escuchar el sonido, los soldados le empiezan a disparar y lo impactan de lleno pero el tipo no se muere nunca. Le siguen disparando y, mientras agoniza, Sellers sigue tocando la corneta hasta terminar de arruinar la escena. El director corta la filmación al grito de “¿quién es ese idiota que no se muere de una buena vez?”. La segunda escena es la más famosa de la película. Una gigantesca fortaleza en el medio del desierto será dinamitada. Mientras terminan de ultimar los detalles para filmar, vemos venir a Peter Sellers detrás de los técnicos con los cordones desatados. Buscando cómo atarlos, apoya el pie en el detonador y toda la fortaleza explota antes de que el director pueda filmar la escena. Así empieza La Fiesta Inolvidable. Lo de Manuel Adorni es mucho más gracioso.

Antes de continuar con esta comedia interminable, cumplimos con el deber de trasladar al Poder Ejecutivo Nacional una inquietud que aqueja a demócratas y republicanos preocupados por la idea de que el kirchnerismo pueda volver al poder: otra vez habló Caputo.

Dijo el ministro textualmente este jueves: “¿En serio quieren hacer creer que Kicillof es un potencial candidato? Toman a la gente de boluda”. Bajó la inflación al 2% pero no puede con su genio. ¿Qué necesidad tiene este muchacho de seguir diciendo estas cosas? Más lo nombran a Kicillof, más lo instalan y más nerviosos se ponen los que la tienen que poner. ¿Tan difícil es entender esto?

Es por cosas como estas que posiblemente haya llegado el momento de crear el Ministerio de Frases y Declaraciones. Es simple. No requiere una ley, no necesita consenso parlamentario, no hay que pedirle permiso al FMI y no cuesta nada. Es solo una oficinita con un ministro y dos secretarios. Uno para Frases y otro para Declaraciones. No más que eso. De última si hace falta aprovechar para meter 5 lobistas libertarios de Karina y otros 5 de Santiago Caputo, los sumamos. No cambia nada.

La función del nuevo ministro es fácil: cada vez que Caputo aparezca en público, el tipo tiene que sentarse al lado y cuando el Toto está por abrir la boca le susurra “Ni se te ocurra Toto” y le tira del saco, le pellizca un glúteo o lo que le quede más a mano. Lo ideal sería que el ministro sea medio patovica así lo amedrenta. También debería ser rápido de reflejos. Caputo te dispara titulares en cualquier momento.

En este punto, cabe aclarar que comunicar es algo muy importante para el funcionamiento de un gobierno, pero hay que saber hacerlo. Para decir boludeces, mejor callarse la boca.

Una declaración del gobierno contra Cristina solo logra fortalecerla. Ni hablar una contra Kicillof. Cada vez que Caputo abre la boca, en La Plata festejan. No le agradecen públicamente ni le mandan un regalo para que Toto no se avive y lo siga haciendo.

El nuevo Ministerio de Frases y Declaraciones no solo serviría para ayudar a Caputo, sino también a otros funcionarios. Por ejemplo, a Sturzenegger que cada tanto mete un hit. O al mismísimo Javi. Un hombre mesurado que, pese a ser el presidente de todos los argentinos, muy esporádicamente se descontrola y dice alguna barbaridad, seguramente por el stress del cargo. Hay que estar en ese sillón. Otro tipo ya se hubiese vuelto loco.

Y ni hablar de lo que hubiera ayudado el Ministerio de Frases y Declaraciones a Manuel Adorni. Todo el quilombo en el que está metido hubiera sido muy distinto si, en lugar de decir las cosas que dijo, se hubiera quedado callado.

Analicemos el problema desde el principio aclarando que esta nota se llama “La Fiesta Inolvidable” pero bien pudo haberse titulado “Robó, huyó y lo pescaron”, “Tonto y Retonto”, “Me casé con un boludo” o tantos otros clásicos del cine local e internacional.

Todo arrancó el 8 de marzo cuando Adorni fue con Milei a un cementerio judío en Nueva York para honrar a un rabino fallecido y allí el medio Radio Jai le sacó una foto. Hasta ahí todo normal.

Sin embargo, esa foto fue detectada por Emiliano Russo, periodista de Clarín. Cuándo no esos fisgones. Unos jodidos, como Alconada Mon, el Washington Post o el New York Times. Y ahí mismo el periodista lanzó la pregunta en la redacción: ¿Che, esta señora rubia que está acá no es la jermu de Adorni? ¿Cómo habrá ido a Nueva York? Chau. A partir de ahí, tiraron del hilito y hace tres meses que no paran.

Primero apareció el vuelo de la esposa a Nueva York en el avión presidencial, después nos contaron que Adorni se desloma trabajando y luego nos enteramos del vuelo privado a Punta del Este. Eso nos llevó al amigo que dice haberlo invitado y que hace programas en la televisión pública. Al toque se iluminaron los departamentos de Caballito, cantaron las jubiladas y entró en escena la escribana más famosa del AMBA. Después, la casa en el country, la reforma, el constructor, la cascada y, como si fuera poco, la declaración jurada que nunca aparecía. Hasta que apareció. Ahora sabemos que Adorni encontró una caja con dólares que eran del papá y que apostó todo a las criptomonedas. Un kamikaze. Así habría logrado multiplicar la guita. Al final terminó reconociendo que, además de las 40 lucas que tenía declaradas, tenía medio millón de dólares en negro. Todo por ir a visitar la tumba de un rabino. Justo él que ni siquiera es judío. Que mala leche.

En paralelo a los hechos, están las palabras. Catarata de boludeces que dijo en sus raids televisivos, en la Cámara de Diputados y en las distintas conferencias de prensa donde siempre dijo que tenía todo declarado, que era todo legal y que sobre este tema no iba a hablar porque era un asunto familiar. Remató la faena diciendo que él tiene sus ahorros en negro como la mayoría de los argentinos. Deben ser los argentinos que él conoce porque hay muchísimos que garpan impuestos y tienen sus bienes declarados. La parte oral del papelón se hubiera evitado de haber existido el Ministerio de Frases y Declaraciones.

La pregunta del millón es: ¿Por qué salió a gastarla toda junta? ¿Por qué se compra el derpa, la casa en el country, manda a hacer la reforma, todo al mismo tiempo? ¿Por qué no esperó un par de años? ¿De qué planeta viniste comprador compulsivo cósmico? ¿Hasta dónde te subió la dopamina? Rarísimo.

El remate de la historia es que, cuando el 27 de diciembre pasado se aprobó la ley de inocencia fiscal, Adorni twiteó: “probablemente sea una de las leyes que quede en la historia grande de nuestro país. Aún no se toma la real dimensión de todo lo que implica…”.

Seis meses después, tomó real dimensión. Toda la joda y la guita ahora está blanqueada por obra y gracia del Espíritu Santo. O del rabino, nunca lo sabremos.

Nobleza obliga, vaya desde acá nuestro agradecimiento a Manuel Adorni por darnos tanto entretenimiento junto. Ni Peter, ni Woody. Manu.

Igual que a Peter Sellers en la primera escena, a Adorni le disparan de todos lados y el tipo sigue tocando la corneta. No se muere nunca. La Fiesta continúa. La Fiesta inolvidable.

Para Clarín, Alejandro Borensztein

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