OPINIÓN: Zafamos
Antes que nada, dos reflexiones sobre este glorioso momento.
La primera es obvia: gran noticia para el país y para Manuel Adorni. Para el país porque nos ahorramos 18.000 palos verdes que, de todos modos, jamás íbamos a garpar porque no los tenemos. Y para Adorni porque la noticia lo sacó de la tapa de los diarios, al menos por un rato. Al ritmo que venía el despellejamiento público al que su impericia lo había expuesto, en cualquier momento este muchacho se nos moría en cámara.
La segunda, más que una reflexión, es un gesto de agradecimiento. A partir del lunes todas las cosas que se llaman “Néstor Kirchner” deberían pasar a llamarse Denny Chin o Sarah Merriam Robinson.
Para quienes no siguen el devenir político psiquiátrico de nuestro país, Chin y Robinson son los dos jueces de la Cámara de Apelaciones del Segundo Distrito de Nueva York que votaron a favor de la Argentina.
Hay un tercer juez que votó en contra. Se llama José Cabranes (suena a Café Cabrales) y es un portorriqueño de 85 años que alguna vez fue nominado para ser miembro de la Corte Suprema (la de allá). Ojo con este tipo que, si bien perdió la votación, es el que corta el bacalao en la Cámara.
Milei festejó el fallo declarando con su habitual estatura: “Tuvimos que venir a arreglar las cagadas del estúpido, imbécil e incompetente de Kicillof durante el segundo gobierno de la corrupta presidiaria Cristina Kirchner”. Lo de “incompetente” estuvo de más.
Esta frase del presidente va en línea con lo que ya había dicho alguna vez sobre el mismo tema. El 30 de junio de 2025 a las 3:56 PM tuiteó: “Yo avisé que el soviético era un pelotudo”. Visto en perspectiva, que estrella se perdió Gerardo Sofovich.
Más allá del griterío y la euforia que causó la noticia, cabe destacar un dato: es evidente que la relación de Milei con Donald Trump ayudó a que la Cámara de Apelaciones mire la causa con cariño hacia la Argentina y apure la salida del fallo.
Eso nos lleva a otra conclusión irrefutable: si en 2023 hubiesen ganado Massa, Cristina y Alberto, estableciendo el quinto gobierno kirchnerista asociado a Irán y Maduro, el fallo hubiera sido otro. Vengan de a uno.
Sabemos que a Massa y al resto del peronismo les molesta reconocer que la Jefa sigue siendo Cristina y que geopolíticamente siempre estuvieron del lado de Irán y Maduro, pero así son las cosas. En esta también vengan de a uno.
Por otro lado, cuando el gobierno se atribuye el mérito jurídico hace un poco de trampa. El estudio de abogados que nos defiende en EEUU siempre fue el mismo. Dicho sea de paso, entre lo que les garpó el gobierno de Cristina, el de Macri y el de Milei ya se llevaron más de 80 palos verdes. Esto lo dijo el procurador Amerio en el programa de Feinmann. Por ahora los abogados son los únicos que se hicieron ricos con Vaca Muerta.
Sin embargo, toda esta historia tiene su historia. Veamos.
No vamos a volver a contar que YPF era una empresa del Estado que fue privatizada por Menem con el apoyo público del entonces gobernador Kirchner. Está todo en Youtube. Buscar “Kirchner privatización YPF” y sale un recuerdo hermoso del aquel Néstor neoliberal y menemista.
Tampoco vamos a volver a mencionar que Parrilli fue el miembro informante del oficialismo en aquella privatización. Lo que no es cierto es que Menem haya dicho “manden al pelotudo ese a que explique el proyecto en la Cámara de Diputados”. Los apodos a Parrilli se los puso Cristina muchos años después. Además, Menem era más educado que la Señora 1111. Y mucho más inteligente: supo zafar de la tobillera.
Amigo lector, yo sé que hoy estamos un poco mal hablados. El manual de estilo de esta columna recomienda usar una sola mala palabra por nota. Hoy ya van cinco, pero todas citas de terceros.
Si alguien piensa que la privatización de YPF le generó algún cargo de conciencia a Néstor, Cristina, Parrilli o Alberto, se equivoca. Dos añitos antes estos cuatro jinetes del falso progresismo apoyaron los indultos a Videla y Massera. O sea que, para estos muchachos y esta muchacha, la privatización de YPF fue un detalle menor.
El lío grande empieza en 2007 cuando Néstor, como presidente, decide presionar a Repsol para que le venda el 25% del paquete accionario a alguna empresa argentina. Para asegurarse de que nadie le muerda el negocio, Kirchner eligió una empresa de confianza: el Grupo Petersen de su amigo Eskenazi. Ya los conocía desde 1998 cuando privatizó el Banco de Santa Cruz y se lo dió a ellos.
Sí, queridos amigos de La Cámpora: además de apoyar los indultos y la privatización de YPF, Néstor y Cristina también privatizaron el Banco Provincial de Santa Cruz. Tranquilo, ya pasó. No hace falta que se borren los tatuajes.
Dado que a los Eskenazi no les alcanzaba la guita, Kirchner le ordenó a Repsol vender las acciones y cobrarlas en cuotas pagaderas con los propios dividendos de la empresa. O sea, los Eskenazi compraron el 25% de YPF sin poner un mango. Eventualmente, por cuenta y orden.
Los de Repsol aceptaron felices porque, al obligarlos a repartir dividendos, ellos también podían llevarse su parte a España sin reinvertirla en YPF. Así fue como en poco tiempo nos quedamos sin gas y sin petróleo. Y ahí empezó la joda de la importación de gas licuado y petróleo con el consiguiente beneficio de algunos que viven en las direcciones que aparecen en el Waze de Centeno.
Esta desinversión fue lo que motivó a Kicillof en 2012 a denunciar públicamente a Repsol. Se olvidó de mencionar que todo fue producto de lo que había organizado Néstor, el marido de Cristina, que por entonces era su Jefa. Ahora también lo sigue siendo, pero el tipo cree que no. Iluso.
Con la firmeza y el entusiasmo juvenil que da el hecho de no haber gestionado nunca nada, Kicillof decidió expropiar YPF.
O sea, primero nosotros privatizamos YPF, después nosotros armamos un sistema para quedarnos con una parte de la compañía, después la expropiamos por el vaciamiento que nosotros mismos provocamos y todo esto los hicimos tan mal que la justicia norteamericana casi manda al país a la quiebra.
Cuando decimos “nosotros” queremos decir “nosotros los peronistas” porque, como bien decía el General, peronistas somos todos. Algunos más que otros, obviamente.
El corolario fue que los errores de Kicillof derivaron en un juicio que la empresa de los Eskenazi, el Grupo Petersen, le inició a YPF. Luego estos se lo derivaron al Fondo Burford quienes llevaron adelante el litigio y lo terminaron perdiendo el viernes.
No sabemos si Cristina festejó públicamente para hacerse la patriota, para vengarse de la posible mejicaneada de los Eskenazi o para disimular la amargura que le dió enterarse de que al final no va a cobrar nada. Nunca lo sabremos. O sí.
Todo esto sirve para recordar que quien empezó el desastre no fue Kicillof sino que fueron Néstor y Eskenazi.
Considerando el fondo y el origen del problema, como primer acto simbólico y a modo de desagravio nacional, deberíamos rebautizar el “Gasoducto Néstor Kirchner” como “Gasoducto Querida Sarah Merriam Robinson”.
Y para ser justos, en el mismo evento deberíamos cambiarle el nombre al Grupo Petersen de los Eskenazi y ponerle Grupo Denny Chin.
Sería un acto de justicia divina.
El mundo siempre recuerda a quienes arreglan los quilombos, no a quienes los provocan.
Para Clarín, Alejandro Borensztein


