OPINIÓN: Los riesgos electorales de Javier Milei
Javier Milei camina confiado, seguro, como si nada fuera a obstaculizar su reelección en las elecciones del próximo año.
Hace y deshace; logra conquistas inéditas y, al mismo tiempo, se somete a la crítica pública por decisiones que las personas sensatas no pueden (ni deben) respaldar. Quizás ningún funcionario le aclaró que lo único seguro en política es que nada es seguro. ¿Quién se imaginaba en 2017, cuando Juntos por el Cambio arrasó en las elecciones de medio término, que dos años después sería aupado por la misma sociedad a la cima del poder el dueto Alberto Fernández-Cristina Kirchner? ¿Quién conjeturaba en 2021, cuando Cambiemos volvió a ganar ampliamente las elecciones legislativas de ese año, que en 2023 Javier Milei accedería al poder presidencial y que los candidatos cambiemitas que habían librado una inservible guerra civil durante dos años, Patricia Bullrich y Horacio Rodríguez Larreta, ni siquiera entrarían al balotaje final?
Por ejemplo, Milei logró el jueves último que el proteccionista Donald Trump firmara un acuerdo de comercio e inversiones con el aperturista presidente argentino. Todavía existen varias preguntas sin respuestas para ese tratado, pero se inscribe en un mundo en el que, salvo Trump y Corea del Norte, prefiere practicar el libre comercio. Hay pataleos y desacuerdos, como el reciente de Francia con el tratado de libre comercio con el Mercosur, pero son excepciones que confirman la regla. Vivimos en un mundo más interdependiente que en ningún otro momento de la historia. En ese propicio contexto general, cada país cuida sus intereses. El propio Juan Carlos de Pablo, prestigioso economista y amigo personal de Milei, suele decir que para abrir las importaciones deben antes “nivelar la cancha”.
Hay empresarios locales que no saben competir -por qué negarlo-, consecuencia de que vivieron muy cómodos con la protección del Estado durante demasiados años, pero hay otros que son competitivos, aunque deben soportar una enorme carga impositiva nacional, provincial y municipal. Competir en tales condiciones les es imposible. Trump es astuto y experimentado para regatear sus negocios o los negocios del Estado norteamericano. La periodista Florencia Donovan escribió en LA NACION, con su habitual precisión, que en el acuerdo firmado con Washington se anotó 113 veces lo que la Argentina “deberá” hacer, mientras el futuro deber de Estados Unidos figura solo 10 veces. El trato desigual es fácilmente perceptible. Aun con todos esos reparos, debe aceptarse que la Argentina nunca soñó antes con ingresar tantos productos nacionales al mercado norteamericano. Milei aceptó los desniveles del acuerdo porque su política exterior es unilateral: solo le importa la buena relación que entabló con Trump. Y Trump fue decisivo para que el presidente argentino ganara las elecciones legislativas de octubre pasado. Es de agradecer. Falta el debate en el Congreso y la aprobación parlamentaria de ese acuerdo. Indispensable, según manda la Constitución, aunque no son pocos los legisladores que sienten nostalgia por el pasado proteccionista. Como señaló el abogado Bernardo Saravia Frías: “Se enfrentarán (en el Congreso) dos modelos de país antagónicos. En tiempos que no son de mesura, hablarán los extremos”.
La economía es el capital político de Milei, pero también su asignatura pendiente con la sociedad. La inflación bajó. ¿Cómo negarlo? Pero los salarios quedaron atrasados o los precios subieron por encima del índice general de la inflación. Sea como fuere, la mayoría de los argentinos asegura que no llega a fin de mes. En 2025, la actividad económica creció el 4,7 por ciento respecto de 2024, año en el que cayó casi el 2 por ciento. Pero el crecimiento se observó sobre todo en la intermediación financiera, en la agricultura y la ganadería, en la explotación de minas y canteras y en la producción de electricidad y gas. Al revés, se derrumbó la industria manufacturera, el comercio al por mayor y menor y los servicios sociales y de salud. La actividad agropecuaria es imprescindible porque sigue siendo el sector que promueve el mayor ingreso de dólares genuinos al país. La actividad minera, como la petrolera y la gasífera, también podrían ser en el futuro fuentes importantes de ingresos de dólares. El problema de Milei es que esas actividades han registrado un enorme progreso tecnológico y requieren de escasa mano de obra (el campo argentino es el más moderno del mundo), en tanto la industria manufacturera y el comercio son los que más empleo crearon históricamente. Pero no lo crean ahora. Por eso, en casi todas las encuestas los principales temas de preocupación de la gente son el empleo y la actividad económica. La inflación cayó en varias mediciones a un cuarto puesto después de la corrupción.
Del peronismo y del radicalismo solo quedan conmovedoras ruinas. El peronismo se expresa solo mediante sus gobernadores, cada cual con sus propios intereses que por lo general se encierran en la conservación de sus feudos. Kicillof, un advenedizo en el peronismo, es el único que manifestó un proyecto presidencial. No tiene otra alternativa porque no puede aspirar a un tercer mandato como gobernador. El radicalismo tiene por ahora negada la posibilidad de concurrir a elecciones nacionales sin ser parte de una coalición. Mauricio Macri está buscando un outsider para la próxima candidatura presidencial de Pro; imagina en ese lugar a un empresario exitoso, respetuoso de las formas y las leyes. Espera contar con la adhesión de radicales como el mendocino Alfredo Cornejo, los cordobeses Rodrigo de Loredo y Mario Negri y los hermanos Valdés, de Corrientes. No quiere, en cambio, un alianza formal con el radicalismo controlado por Gerardo Morales, Martín Lousteau, Enrique Nosiglia y Emiliano Yacobitti. Pero, ¿por qué no se imagina a sí mismo como candidato presidencial? Cuando sus colaboradores íntimos le hacen esa pregunta, el expresidente suele responder: “Porque no tengo ganas y porque ya no tengo primera dama”.
Alude a su separación de Juliana Awada, la mejor primera dama que se recuerde en la historia del país. Con aquella respuesta, Macri está reconociendo que Juliana Awada era un activo político en su carrera. ¿Encontrará Macri a ese outsider? Quién lo sabe. Está el ejemplo cercano de Chile, que pasó de un outsider de izquierda, como Gabriel Boric, a un outsider de derecha, como José Antonio Kast, presidente electo de ese país, aunque este último tiene una trayectoria parlamentaria. Los partidos históricos de Chile (la Democracia Cristiana, el partido Socialista y la centroderecha del fallecido expresidente Sebastián Piñera), que gobernaron ese país desde el final del dictador Augusto Pinochet hasta el último mandato de Piñera que terminó en 2022, se diluyeron hasta la insignificancia. ¿Podría suceder lo mismo en la Argentina con dos outsider liberales, aunque distintos en los modos? La política nunca acepta la palabra nunca.
Milei debe evitar el acto disruptivo, imperceptible, que podría provocar su ruptura con la sociedad. El último ejemplo es el de Alberto Fernández, cuya administración fue muy mala desde el principio, sobre todo por su carácter débil para enfrentar la presión constante de Cristina Kirchner. Con todo, el hecho que promovió el final del romance de Alberto Fernández con los argentinos fue la famosa foto de una fiesta en la residencia de Olivos, en medio de la estricta e interminable cuarentena por la pandemia del coronavirus.
El gobierno de Milei no parece débil, pero sí tiene la imagen, según muchos argentinos, de una administración insensible, con poca vocación por la empatía y con exceso de soberbia. Un ejemplo fueron las declaraciones públicas del ministro de Economía, Luis Caputo, en las que contó que él siempre se compra ropa en el exterior. Caputo fue antes un alto ejecutivo de grandes bancos internacionales. Aunque quiso decir que no se compra ropa nacional porque le resulta cara, no tuvo en cuenta que muchos argentinos no pueden viajar al exterior para comprarse ropa. Milei aprovechó el verano para hacer de cantor en festivales y teatros, mientras una mayoría social no puede llegar con sus ingresos a fin de mes. La sociedad que espera una solución de parte de ellos quedó atrás, muy lejos. Ser y parecer son la misma cosa cuando se habita la cumbre inalcanzable.



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