La tripulación decompletó la peligrosa maniobra de reingreso a la Tierra y amerizó en el Pacífico
Los cuatro astronautas de la misión Artemis II ya se encuentran a salvo en la Tierra tras un amerizaje que la NASA calificó como «de manual».
A las 8:07 pm (hora del este de EE.UU.), la cápsula Orión realizó su amerizaje en el océano Pacífico, frente a las costas de San Diego, tal como estaba programado por la NASA.
La agencia espacial estadounidense dijo que había sido un amerizaje «de manual».
En la transmisión en directo, se pudo escuchar a un locutor decir que los cuatro astronautas están «en excelente condición».
«Todos están en excelente forma», señaló.
Más tarde, cuando las lanchas de rescate en el Pacífico llegaron hasta Orión, un oficial médico que ingresó a la cápsula para verificar el estado de salud de los astronautas informó que los cuatro miembros de la tripulación estaban «en verde».
«‘En verde’, es decir, que se sienten muy bien, no el color de su piel», bromeó Megan Cruz, hablando en nombre de la NASA desde el USS John P. Murtha, embarcación responsable del rescate de los astronautas.
Fuente de la imagen, NASA. La tripulación de la misión Artemis II de la NASA completó con éxito un amerizaje asistido por paracaídas en el océano Pacífico, frente a la costa de San Diego, a las 8:07 p. m.
El retorno de la misión Artemis II se inició a las 2:53 p.m. con un encendido de propulsores de ocho segundos. Esta maniobra ajustó milimétricamente la trayectoria de la nave para garantizar un descenso seguro.
Poco después de las 7:30 p.m. el módulo de tripulación se separó del módulo de servicio, lo que dejó expuesto el escudo térmico del vehículo justo antes de chocar contra la atmósfera terrestre.
«Durante los últimos 10 días, el módulo de servicio cilíndrico ha sido el caballo de batalla de la misión», explicó Pallab Ghosh, corresponsal de Ciencia de la BBC.
«Sus motores realizaron las maniobras que enviaron a Orion en una trayectoria alrededor de la Luna. Sus paneles solares generaron la energía que mantuvo con vida a la tripulación y su sistema de propulsión empujó la nave hacia una trayectoria de regreso a casa a través de 230.000 millas de espacio vacío», agregó.
La fase más crítica de este regreso se inició a las 7:53 p.m. Se estima que la fricción aerodinámica sometió a los astronautas a fuerzas de gravedad de hasta 3,9 G, mientras que el intenso calor formó una capa de plasma a unos 1.650 ºC alrededor de la cápsula.
Mientras se precipitaba a través de la atmósfera, el escudo térmico de Orión estuvo expuesto a temperaturas de alrededor de 2.700ºC, aproximadamente la mitad de la temperatura de la superficie del Sol.
Fuente de la imagen, Reuters. La cápsula tras aterrizar en el Pacífico este viernes.
Esta barrera ardiente bloqueó todas las comunicaciones por radio. El centro de control de la misión perdió el contacto total con la nave durante unos seis minutos.
A las 8:03, un sistema automático comenzó el despliegue de los paracaídas. Esto redujo progresivamente la velocidad del descenso hasta unos 32 kilómetros por hora antes de tocar el agua.
El amerizaje se produjo a las 8:07 p.m., tal como estaba previsto.
Un equipo militar y de rescate aguardaba a los astronautas en el Pacífico.
Tras el impacto, lanchas con personal especializado acudieron al lugar donde flotaba Orion para ayudar a salir a los astronautas para sacarlos de la cápsula hacia una balsa inflable.
Luego, debían ser trasladados en helicópteros desde el océano hasta el buque anfibio USS John P. Murtha.
Fuente de la imagen, NASA. Durante seis minutos, el centro de control de la NASA perdió contacto con los astronautas.
El fin de un viaje histórico
El amerizaje en el Pacífico concluyó una travesía de diez días y más de 1,1 millones de kilómetros de distancia. Los astronautas estadounidenses Reid Wiseman, Victor Glover, Christina Koch y el canadiense Jeremy Hansen viajaron más profundo en el espacio que cualquier otro ser humano en la historia.
El grupo despertó en su último día en órbita a más de 98.000 kilómetros de la Tierra. Atrás dejan un recorrido donde sobrevolaron la cara oculta de la Luna e incluso sostuvieron una conversación en directo con el presidente Donald Trump.
La llegada de la cápsula marca el final del primer viaje lunar tripulado en más de medio siglo. Los cuatro exploradores abrieron la puerta para el futuro regreso de la humanidad a la superficie de nuestro satélite natural.
Esa idea fue expresada este viernes por un muy emocionado Jared Isaacman, el administrador de la NASA, quien describió cómo ver a la tripulación de esta misión amerizar lo dejó sin palabras.
«El Jared de mi infancia no puede creer lo que acabo de ver. Esto es solo el comienzo», dijo.
«Estamos de vuelta en el negocio de enviar astronautas a la Luna y traerlos de regreso sanos y salvos», agregó.
Fuente de la imagen, NASA. La tripulación de Artemis II la integran Christina Koch, Jeremy Hansen, Victor Glover y Reid Wiseman.
Tras el regreso de los astronautas, el presidente de EE.UU., Donald Trump, publicó un mensaje de bienvenida.
«Felicitaciones a la Gran y Muy Talentosa Tripulación de Artemis II. Todo el viaje fue espectacular, el aterrizaje fue perfecto y, como Presidente de los Estados Unidos, no podría estar más orgulloso. ¡Espero verlos a todos pronto en la Casa Blanca. Lo haremos de nuevo y luego, el siguiente paso, Marte!», escribió en un mensaje en la red Truth Social.


Cómo realmente se siente la reentrada en la atmósfera
Por Helen Sharman, primera astronauta del Reino Unido
Sé lo que la tripulación de Artemis II experimentó.
Después de días flotando en ingravidez, la reentrada fue para mí un regreso brutal a la normalidad.
Cuando nuestra cápsula golpeó la parte superior de la atmósfera, el suave silencio de la órbita dio paso a un rugido creciente y a una vibración feroz. La nave empezó a sacudirse, las fuerzas G aumentaron y me sentí aplastada contra mi asiento.
Recuerdo intentar levantar nuestro manual de reentrada y sorprenderme por lo pesado que se sentía; incluso mover mi dedo meñique requería esfuerzo.
Cada pequeño movimiento de repente exigía trabajo, como si la gravedad «se encendiera» de nuevo.
Aun así, estaba demasiado concentrada para sentir miedo: ojos en las pantallas, esperando que cada hito se cumpliera, confiando en el escudo térmico que no podía ver.
Sabía que iba a ser duro, pero también sabía que solo duraría unos minutos antes de que se abrieran los paracaídas y el descenso se suavizara.
BBC Mundo



