OPINIÓN: El extraño del pelo largo
A veces no se entiende por qué un gobierno que juega casi sin oposición se complica solito de semejante manera.
Antes que nada, una consulta para los periodistas que suelen cubrir la agenda en la Casa Rosada. ¿Se sabe que pasó con el peluquero del presidente?
Es obvio que el gobierno está abocado a tratar de resolver problemas importantes pero, a juzgar por lo que se ha visto en las últimas apariciones de Javi, no deberían descuidar el conflicto capilar. Lo que se observó ya no parece ser excentricidad televisiva ni expresión rockera. Ni siquiera una metáfora leonina. Ya es otra cosa. Ese roof top es tierra de nadie.
No sabemos si el tema de la peluquería está bajo la órbita del grupo de Karina o de la gente de Santiago Caputo. ¿Será que la interna del gobierno ha llegado a aspectos tan domésticos? ¿Será parte de una estrategia para seguir consolidando la relación con Trump que también tiene inconvenientes con el casquete polar? En cualquier caso, si el gobierno decidió despedir al peluquero porque era zurdo sería bueno que vayan buscando otro.
Al parecer no solo la ligó el peluquero. Esta semana se supo que en la cafetería o el buffet de los empleados de la Casa Rosada apareció un cartel que dice: “Se recuerda que para tomar cortado/lágrima es necesario que cada empleado traiga su propia leche. Gracias». Esto es posta. Lo publicó LPO esta semana.
Para colmo, según la misma publicación, los empleados de la Rosada denunciaron que a Lule Menem le dan de almorzar lomo y que después, con las sobras de la carne, cortan cuadraditos y les ofrecen spaghettis con estofado a 3.300 pesos el plato. Suena a abuso pero si uno lo piensa bien, no lo es. Los empleados de la casa Rosada, en lugar de quejarse, deberían agradecer que Karina les mande las sobras del plato de Lule. ¿O acaso pretenden que por 3.300 pesos les traigan lomo de Don Julio? Vamos muchachos.
Estos asuntos menores no tendrían ninguna importancia si no fuera que nos recuerdan a cuando Cristina obligaba a los empleados de la Rosada a bajar la vista cada vez que se la cruzaban. Especialmente al pobre ascensorista que la padeció desde que empezó en mayo de 2003 hasta que terminó en San José 1111.
Sin embargo, sería recomendable prestarle alguna atención a estas minucias. Sobre todo si las conectamos con la fobia a los medios que ya se ha transformado en el deporte preferido de los libertarios, del mismo modo que lo era para los kirchneristas. Toda conducta que emparente a este gobierno con la era kirchnerista es un problemón. Y también una bendición para los que disfrutamos del entretenimiento.
Dicho todo esto vamos a lo importante.
Parece mentira que un gobierno que está solo en la cancha y juega casi sin oposición se complique de semejante manera.
Salgamos del tema Adorni porque el asunto ya es tan bizarro que pegó la vuelta. De alguna manera ya es parte del folklore libertario. Puestos a elegir, a esta altura es mejor que Adorni siga, que nunca explique nada y que jamás presente ninguna DDJJ. A veces es más divertido cuando los gobiernos argentinos hacen las cosas de esta manera que cuando se proponen hacerlas bien. Para eso están los uruguayos.
De lo que es más difícil pasar de largo es de las innecesarias declaraciones que hacen los funcionarios del gobierno y que, en lugar de sumar, restan.
Ejemplo, esta semana el presidente Milei dijo que “nunca se vió un ataque tan desproporcionado de los medios de comunicación a un gobierno”. Puede ser, eso de que los periodistas se la pasen llamando a Milei mandril, ensobrado o le hagan permanentes alusiones anales, no está bien. Preferible hablar del peluquero que es menos agresivo y más divertido.
Por su parte, el ministro de economía volvió a engarzar otro brillante a su colección de genialidades. Dijo textualmente: “La economía se va a llevar por delante a la política”. Por ahora, más que a la política, la economía se llevó por delante una cuantas fábricas y varios puestos de trabajo pero, visto superficialmente, la frase de Caputo es correcta.
Si al final del gobierno la economía está mejor que antes, los errores políticos quedarán sepultados. En otras palabras: inflación a la baja mata Adorni, insultos y Libra.
El problema es que cuando el análisis se profundiza la conclusión es otra. Los inversores del mundo, y ni hablar los argentinos, no piensan como Caputo. Si no, ya hubieran traído buena parte de su guita y la hubieran depositado en los bancos argentinos. La realidad es que la mayoría del ahorro argentino sigue muy lejos del país. Y lo bien que hacen, hubiera dicho Milei hasta hace un tiempito.
Por eso, la idea de que la economía se lleva por delante a la política es exactamente al revés. Si no hay política y acuerdos políticos, no hay confianza. Y sin confianza no hay economía que resista. ¿Cómo convencés a un argentino con ahorros que Milei se queda para siempre, que el chavismo no vuelve y que la baja de la inflación y la estabilidad ya son hechos consumados? No hay manera. Eso solo es posible con la política y los acuerdos. No sin ellos.
Uno podría olvidarse de estas cuestiones pero Caputo va, abre la boca y automáticamente nos acordamos todos. Sobre todo aquellos a los que Caputo quiere tranquilizar. Por eso cada vez que el tipo habla, en lugar de sumar, resta.
¿Comprenderán esto nuestros principales dirigentes como Milei, Macri y Cristina? Cada uno en su momento ha demostrado que no. ¿Hay humor cuando hablamos de esto? Para nada. Por eso es mucho mejor arrancar la nota con el problema del peluquero.
Y seguirla con el espectacular caso de Facundo Leal, ex director del ARSAT (empresa estatal de satélites), funcionario de Alberto que luego continuó con Milei. Los medios y la policía informaron que en la casa le encontraron 1.700.000 dólares cash, 128 gramos de ketamina, 164 gramos de cristal, 72 pastillas de drogas sintéticas y no se sabe cuánto de cocaína. La noticia no lo aclara pero seguramente algo de whisky también tendría. No creo que el tipo se fuera a tomar todo eso con café con leche.
Evidentemente le gustaba estar volado. La pregunta del millón es: ¿por eso Alberto lo puso al frente de ARSAT? Curiosidades de la comedia nacional.
Rematamos con otro dato: en la última reunión de gabinete, Milei repartió el libro “La teoría del caos” de Robert Murphy. Ya les había regalado “Defendiendo lo indefendible” de Walter Block. La intención es buena pero habría que chequear primero el nivel de comprensión de texto. Daría la impresión de que hay varios que todavía no leyeron “El Principito”.
Acá aparece otra vez la ventaja de siempre: muchos de los que están en la vereda de enfrente tampoco leyeron “El principito”.
Finalmente, la noticia triste. Se nos fue Julio Le Parc, una de las figuras más importante en la historia del arte argentino. Lujos que se da nuestro país y que contrastan frente a tanto trucho que anda dando vueltas por ahí.
Para Clarín, Alejandro Borensztein



