Por qué es tan difícil contener la risa en situaciones inapropiadas
No creo haberme reído nunca tanto como durante un servicio religioso, cuando algo ligeramente ridículo me llamó la atención. Mi amiga también lo vio, y cuando se empezó a reír, ya no pudo parar. Años después he intentado explicar qué fue tan gracioso, pero parece que había que estar allí. ¿Qué tenía la combinación de la situación -a veces llamada «risas de iglesia»- y la risa compartida que la hacía tan graciosa?
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