Histórica exhibición: Faustino Oro llegó a Tigre para jugar 25 partidas simultáneas
Con solo 12 años, es el gran maestro más joven de la historia argentina y uno de los más precoces que haya dado el ajedrez mundial. Genera algo difícil de explicar: despierta admiración haciendo exactamente lo contrario a un show: hace pensar, describe el periodista Alejandro Panfil para La Nación.
Las partidas simultáneas acontecen en el cierre de la Semana Internacional del Ajedrez. La Camerata de Tigre abre la ceremonia con orquesta en vivo y luego llegan los discursos del intendente Julio Zamora, del secretario de Turismo, Ambiente y Deportes de la Nación, Daniel Scioli, y del legendario gran maestro Miguel Ángel Quinteros. Lo presencian dirigentes, profesores, familias y, por supuesto, Romina y Alejandro Oro, madre y padre del pequeño prodigio que se enamoró de esta disciplina durante la pandemia y protagonizó un ascenso brutal hacia la elite mundial. “Para mí es un orgullo representar a la Argentina en cada torneo”, dice Faustino, quien todavía conserva la timidez de un chico de escuela. Y agradece a la organización de la gira nacional, que lo llevará también a Mar del Plata y Rosario. Es uno más que desea que la jornada sea inolvidable.
Tras las palabras, el gran protagonista va a lo suyo. Faustino saluda a cada rival, observa apenas unos segundos la posición, hace su movimiento y sigue sin detenerse más que unos breves instantes.
En cada tablero hay chicos y chicas de siete, diez, doce o quince años que probablemente recordarán esa partida durante toda su vida. Algunos sonríen, otros intentan esconder sus nervios. Saben que están ante alguien que ya pertenece a otra dimensión del juego.
Cristian Dolezal, maestro internacional y coordinador de la Escuela de Talentos de Tigre, los preparó mentalmente para vivir ese momento sin obsesionarse con el resultado. Para que lo disfruten y lo atesoren. “Es como jugar un partido contra Messi”, resume ante LA NACION. “Lo importante es que entiendan que esta experiencia les va a quedar para siempre”, agrega.

Dolezal lleva más de tres décadas recorriendo torneos y conoció varias generaciones de talentos argentinos. Sin embargo, cuando habla de Faustino, deja de buscar comparaciones: “Nunca vi un chico así. Conocí jugadores extraordinarios, pero ninguno que fuera gran maestro a los 12 años. Tiene un talento enorme, pero además una capacidad de trabajo impresionante”.
Para Luis Antón, director de la Escuela Municipal de Ajedrez de Tigre, el fenómeno Faustino coincide con el mejor momento del ajedrez argentino en muchos años: “Él es el emergente más visible, pero detrás hay una enorme cantidad de chicos jugando. La edad de los competidores bajó muchísimo y cada vez aparecen más talentos”.
Antón también encuentra una explicación menos técnica y mucho más humana para el crecimiento del juego. “El ajedrez integra. Se puede jugar entre generaciones, entre mujeres y hombres, entre principiantes y expertos. Se crean amistades muy fuertes. Los clubes dejaron de ser espacios cerrados para convertirse en lugares abiertos donde cualquiera puede aprender”, agrega y luego aporta una analogía: “Yo soy hincha de Huracán, un club que tiene pocos hinchas, por eso cuando encuentro otro hincha de Huracán encuentro a un par. Con el ajedrez pasa lo mismo”.
En Tigre, la apuesta por el ajedrez lleva varios años de desarrollo. Más de diez mil chicos lo practican en las escuelas del distrito y la Escuela Municipal desarrolla talleres en escuelas primarias, polideportivos, clubes y bibliotecas. Daniel Scioli, uno de los impulsores de la giranacional de Faustino, destaca en su discurso esa política pública del municipio tigrense: “Julio Zamora ha hecho una verdadera política de Estado con el ajedrez en Tigre. Soy un apasionado del juego y mi próximo libro hablará justamente de la incidencia que tuvo el ajedrez en mi vida”.
Zamora recoge el guante y explica por qué el municipio insistió en ser sede de una jornada de estas características: “Quiero agradecer a Daniel Scioli, que eligió a Tigre como una de las tres ciudades para este evento. Y pusimos el mejor lugar que tenemos para recibir a nuestro genio del ajedrez”. Es que el Museo de Arte Tigre ofrece una postal singular: pinturas, vitrales, columnas y luz natural entrando por los ventanales. “Es un día histórico. Tenemos la presencia de uno de esos genios que aparecen cada cien años”, celebra Miguel Ángel Quinteros, uno de los nombres más importantes de la historia del ajedrez argentino.
El silencio continúa respetandose en una sala donde hay unas 300 personas. Faustino sigue caminando. Un movimiento. Dos pasos. Otro tablero. Mueve las piezas y salta de un tablero a otro. No lo inquita la fama ni la notoriedad que posee.
“Siempre intento disfrutar de lo más importante, que es el ajedrez y jugar mi mejor ajedrez. Siempre buscando disfrutar de las partidas y ganar”, valora el gran protagonista para LA NACION.
Sus movimientos no provocan ni gritos ni fervor, pero sí admiración. Por su presencia y por su destreza que asombra al mundo. Y eso es justamente lo que pasa durante esta tarde memorable en Tigre en que durante un par de horas, un salón entero descubre que el silencio también es una forma de ovacionar.
Con información de La Nación



