Integrada, protagonista y relevante: este 20 de octubre la FCAI UNCuyo cumple 65 años
Nació en 1961 para darle ingenieros a la industria del sur de Mendoza. Hoy enseña alimentos, energía, minería, enología y química, y desarrolla un Parque Científico Tecnológico en San Rafael.
La Facultad de Ciencias Aplicadas a la Industria (FCAI) de la UNCuyo cumple hoy 65 años. Fue creada por ley el 20 de octubre de 1961 sobre una apuesta: que la Argentina se desarrolla cuando el conocimiento llega a los lugares donde se trabaja. San Rafael tenía viñas, fábricas de conservas, petróleo y talleres metalúrgicos. Le faltaba universidad. Un grupo de profesionales y vecinos la reclamó en 1959 y la consiguió dos años después.
Empezó con dos carreras de ingeniería, una dedicada a los alimentos y otra al petróleo y los minerales. Sus primeros egresados, en 1968, fueron a trabajar a la industria de la región y del país.
En 1977 la dictadura cerró las carreras y dejó cesantes a 59 docentes. El argumento fue que les faltaba nivel académico. La comunidad no lo aceptó. Docentes, estudiantes y vecinos sostuvieron el reclamo durante más de siete años, y en diciembre de 1984, con la democracia recuperada, la UNCuyo las volvió a crear.
En 1993 la institución se incorporó a la universidad como facultad. «La FCAI es una Facultad integrada: al territorio mendocino, al entramado productivo, a las comunidades que nos interpelan y que nosotros interpelamos. No somos un enclave de saber abstracto. Somos parte de esta provincia, con sus desafíos y sus posibilidades», dice el decano, Augusto Roggiero. Esa integración se ve en lo que enseña.
La Facultad dicta trece carreras, desde tecnicaturas hasta doctorados, además de diplomaturas para quienes ya trabajan, en San Rafael y en General Alvear. Forma profesionales en alimentos, química, mecánica, enología y enseñanza de la química. En 2025 sumó la Tecnicatura Universitaria en Operaciones Mineras. Son los temas sobre los que la Argentina discute su futuro: qué produce, con qué energía, con qué minerales y con qué gente preparada. Se ve también en lo que investiga.
En sus laboratorios se estudian los alimentos, el agua, la energía, el ambiente y los minerales del sur mendocino, y se forman doctores sin que tengan que irse de la región. La Facultad financia con fondos propios a quienes dan sus primeros pasos en biotecnología, energías renovables y tecnologías limpias. Y lleva ese conocimiento a las decisiones públicas: sus equipos aportaron al anteproyecto del Código de Aguas de Mendoza y dictaminaron sobre el manejo ambiental del distrito minero de Malargüe.
Hacer ciencia lejos de las grandes capitales es una manera de que el territorio tenga voz propia cuando se discute su futuro. Y se ve en la extensión, que es la universidad puesta a trabajar puertas afuera. Las prácticas sociales educativas son parte de la formación: los estudiantes aprenden resolviendo problemas de barrios, escuelas y organizaciones.
El laboratorio de la Facultad hace análisis para empresas e instituciones de la zona. Cada año, estudiantes secundarios recorren sus aulas y plantas para ver de cerca que estudiar en la universidad pública es posible para ellos.
Ser protagonista es asumir que «el futuro de la educación pública se construye también desde adentro, desde cada decisión académica, desde cada proyecto que conecta el aula con el mundo real».
El más grande de esos proyectos es el Parque Científico Tecnológico de la FCAI, en plena expansión en San Rafael. Está pensado para que investigadores y empresas trabajen en el mismo lugar y de ahí salgan productos y empresas nuevas. El 9 de octubre, días antes del aniversario, la FCAI entregó 52 títulos nuevos. Lo hizo en un momento difícil para la universidad pública argentina, que para Roggiero exige tres movimientos simultáneos e inseparables: reclamar, reformar y resguardar. Reclamar la recomposición salarial de quienes sostienen el sistema, las becas que permitan a cada estudiante seguir estudiando y un presupuesto que cumpla lo que la ley ya estableció. «Un país que desfinancia el conocimiento está eligiendo, deliberadamente, un futuro más pequeño», advierte. Reformar, porque defender la universidad no significa defenderla tal como está. «Una institución que no se reforma se fosiliza. Y una institución fosilizada no le sirve a nadie», sostiene el decano. Resguardar el lazo entre la universidad y la sociedad. «Ese lazo no es automático ni eterno. Se construye todos los días, o se pierde. Y si lo perdemos, ningún presupuesto lo repone».
De ahí sale el compromiso para los años que vienen: que más estudiantes lleguen al título y que la investigación atienda los problemas de la región. «Tenemos que ser relevantes: demostrar, con hechos, que lo que hacemos importa. Para quien estudia. Para quien trabaja. Para quien vive en Mendoza».



