Los sectores más dinámicos todavía no logran revertir la tendencia de la baja del empleo
El mercado laboral formal continúa siendo uno de los flancos más débiles de la economía argentina. El empleo privado registrado volvió a caer en junio, con un retroceso del 0,1% mensual, y dentro de ese universo los asalariados privados repitieron esa misma baja.
No se trata de un tropiezo puntual, sino de una tendencia que se sostiene de manera prácticamente ininterrumpida desde junio de 2025, con la única excepción de febrero de este año, cuando el nivel se mantuvo estable. La magnitud acumulada del fenómeno es contundente, ya que desde diciembre de 2025 se perdieron cerca de 46.000 puestos asalariados privados registrados, y si la comparación se extiende hasta noviembre de 2023, la caída trepa a unos 246.300 empleos.
Para comprender por qué ocurre esto conviene mirar la composición sectorial del empleo, que ofrece la explicación más clara. La actividad económica se divide, a grandes rasgos, entre sectores que podríamos llamar perdedores y sectores ganadores.
Los primeros, que son la industria, la construcción y el comercio, concentraban en 2025 cerca de la mitad del empleo asalariado privado registrado. Los segundos, que abarcan el agro, la minería y el petróleo, la intermediación financiera y las actividades inmobiliarias, explicaban apenas un 23%.
Esa asimetría estructural es la clave del problema, porque aun cuando los sectores dinámicos crezcan con fuerza, su menor peso en el empleo total les impide compensar la sangría de los rubros en retroceso. Los números confirman ese diagnóstico con precisión.
Desde junio de 2025, los sectores ganadores, los más dinámicos, perdieron alrededor de 18.100 puestos, mientras los perdedores destruyeron cerca de 93.000. Ahora bien, dentro de ese cuadro adverso aparece una señal algo más alentadora, y es que el empleo en los sectores dinámicos dejó de mostrar una caída sostenida desde comienzos de este año y pasó a alternar meses de subas y bajas.
De hecho, en junio se ubicó un 0,2% por encima del nivel de diciembre, con el agro creciendo un 1,2% y la minería y el petróleo un 0,9%. Aun así, esos rubros permanecen por debajo del nivel de noviembre de 2023, lo que revela un fenómeno de fondo, y es que incluso los sectores más pujantes están generando empleo con una intensidad menor que en el pasado.
Esa última observación merece una reflexión particular, porque remite a cambios estructurales que trascienden la coyuntura. Buena parte de la menor generación de empleo de los sectores dinámicos responde a la incorporación de tecnología y a la búsqueda de ganancias de productividad.
El caso más elocuente es el de la intermediación financiera, donde la adopción de inteligencia artificial explica en parte una caída del 2,5% en la dotación respecto de diciembre. Se trata de un proceso que tiende a acentuarse en un contexto de menor inflación, cuando las empresas dejan de concentrarse en administrar los aumentos de precios y vuelcan su atención hacia la eficiencia y la optimización de sus estructuras.
Conviene, de todos modos, una precisión para no distorsionar el panorama general. La caída del empleo privado formal no refleja la totalidad del mercado laboral.
El empleo público, por su parte, se redujo un 2,6% frente a fines de 2023, pero esas mermas fueron parcialmente compensadas por un incremento del 4,8% del empleo informal. Como resultado de esa combinación, el empleo total cae respecto de fines de 2023, pero apenas un 0,7%. Lo que ocurre, en rigor, no es tanto una destrucción neta de puestos como una recomposición de su calidad, con trabajo formal que se pierde y trabajo informal, más precario, que ocupa parte de ese lugar.
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