,

Sólo le pido a Dios… El análisis del pase de Boca a las semifinales de la Copa Argentina ante Patronato

Boca pasó a las semifinales de la Copa Argentina por penales con Riquelme rezando en el palco. El equipo fue protagonista pero le faltaron frescura y profundidad en una formación al menos polémica. Es tiempo de reflexionar para mejorar.

La imagen de Riquelme rezando es casi una réplica de la de hace 20 años, en aquella final contra Cruz Azul que finalmente le dio a Boca el bicampeonato de América: un éxito irrepetible. Aquella noche, Román estaba al borde de las convulsiones, consumido por los nervios de otra definición de esas que hacen ruido en el pecho. Que retumban. Cuando Cristian Pavón mandó la pelota al fondo del arco, limpita, en el cuarto penal que él mismo le había pedido minutos antes a Battaglia, el vicepresidente respiró y sorbió con fuerza el mate, su cable a tierra. Boca está en semifinales de Copa Argentina, que de pronto se convirtió en el gran objetivo del año: porque da un título y es el camino a la Libertadores, la verdadera gran obsesión.

La alegría llegará con el paso de las horas, cuando los nervios aflojen. Por ahora, la sensación es de alivio. Qué habría pasado con el incipiente ciclo Battaglia si Boca hubiera perdido, es algo difícil de responder. Con el camino alternativo (el campeonato) lleno de piquetes, había mucho en juego en estos 90 minutos. Esta copa, más allá de su valor intrínseco, es un pasaje a la ilusión. ¿Alguien se imagina qué pasaría si Boca no se clasifica a la Libertadores en una gestión que llegó justamente con el mandato de terminar con más de una década de frustraciones?

Que haya sido Pavón el hombre del tiro final es todo un símbolo que invita a la reflexión. Boca perdió un tiempo precioso en una apuesta con poco sustento argumentativo. El Consejo de Fútbol pide que jueguen los refuerzos, aunque Orsini no haya hecho nada para ganarle el puesto a Vázquez ni Briasco justifique su titularidad por encima de un jugador que está muy por encima de su jerarquía como Pavón. Es como mínimo llamativo, otro tiro en el pie incomprensible. Entre los dos (Orsini y Briasco) se perdieron un gol imposible en el primer tiempo (uno por no animarse a definir, el otro por definir) en lo que fue tal vez la chance más clara. La otra apuesta que no salió fue la de Cardona: falto de ritmo, sufriendo quizá los minutos del fin de semana, el colombiano jamás pesó en el partido. A Boca le faltó la frescura de Molinas, su conexión natural con Ramírez -extrañamente corrido a la derecha-, la sorpresa, el ritmo acostumbrado y la conducción estuvo casi reducida a la lucidez de Almendra. A su buena pegada y también a su lagunas, sus lagos, sus mares.

Como en el partido del campeonato contra el mismo rival, Boca estuvo lejos de mostrar su mejor cara. Esta vez, encima, había que ver cómo respondía Battaglia en un mano a mano. Su equipo fue protagonista pero sufrió, se animó demasiado tarde a acorralar a su rival para no depender del rezo y de los penales. Sin quitarles méritos a los ejecutantes y al arquero, a veces es palo y afuera (Sosa Sánchez) y otras palo y adentro (Rojo). Hay demasiada diferencia entre Boca y Patronato (en presupuesto y en obligaciones) como para terminar dependiendo de esa cuota de puntería con dosis de azar. Este triunfo, que es un vaso de agua en el desierto, pudo haber sido una copa de cianuro. Será mejor tomar medidas racionales por si algún día los rezos no son escuchados.

Fuente: TYC sports

 

Please follow and like us: