Las fuerzas ucranianas, entre civiles armados sin experiencia y soldados jóvenes dispuestos a todo

“Tengo miedo, sé que me pueden matar”, confiesa un soldado de apenas 23 años. Su nombre es Vladislav y se inscribió en el ejercito por ser “un nacionalista ucraniano” en el contexto de la invasión rusa a su país.

Este joven integrante de las fuerzas militares locales luce con muchísimo orgullo su uniforme camuflado mientras camina por las calles Lviv, la ciudad del oeste del país en guerra que se transformó en las últimas semanas en una especie de capital alternativa, a unos 550 kilómetros de Kiev.

Vladislav explica su férreo compromiso con el conflicto bélico a partir de lo que define como “una guerra histórica de 300 años con Rusia”. Y agrega: “Yo me quedo en mi país porque quiero estar acá en la guerra”.

El caso representa una de las caras de la defensa de Ucrania ante los ataques rusos. Los militares con formación y fanatismo casi extremo por su profesión son solo una parte de las milicias. Otro gran porcentaje son civiles reconvertidos, por el contexto, en militares.

 

Las fuerzas ucranianas, entre civiles armados sin experiencia y soldados jóvenes dispuestos a todo

Soldados voluntarios

La mayoría de esos civiles se presentan de forma voluntaria. El centro de reclutamiento de Lviv, de hecho, acumula a diario largas filas de ciudadanos varones mayores de edad dispuestos a inscribirse. Los colores de la bandera decoran la escena.

Más allá de los que se presentan por decisión propia, todos los hombres de entre 18 y 60 años están en una lista de reserva, en caso de existir un incremento de las acciones bélicas. Por esta cuestión, no pueden abandonar el país.

Julia tiene 25 años y también es voluntaria. Ella colabora en cuestiones humanitarias. El rol que asumió desde el primer día de invasión implica asistir a los refugiados que llegan a la estación central de trenes con algo para comer y bebidas calientes.

“Mi novio está en el área de defensa territorial”, cuenta la chica de 25 años que lleva un brazalete azul y amarillo. Su pareja tiene su misma edad y es arquitecto. Fue preparado con un entrenamiento básico y se incorporó como soldado.

Civiles se entrenan para lanzar bombas molotov para defender a su ciudad, en Zhytomyr, Ucrania. (Foto: REUTERS/Viacheslav Ratynskyi).
Civiles se entrenan para lanzar bombas molotov para defender a su ciudad, en Zhytomyr, Ucrania. (Foto: REUTERS/Viacheslav Ratynskyi).

“Por supuesto que temo por su vida, Pero creo en él, creo en mi país y nuestro ejercito”, dice Julia, mientras sus ojos se ponen vidriosos y pone su mano sobre el pecho. “Y es un momento en el que se necesita ayuda de todos”, cierra.

El temor a los espías rusos

La “defensa territorial” en la que participa el novio de Julia es la encargada de realizar, por ejemplo, los controles vehiculares en las rutas e ingresos a las principales ciudades.

Son precisamente los civiles armados y las milicias populares quienes que ocupan esos puestos estratégicos. Barricadas con bolsas de arena y estructuras de hierro aparecen en los accesos y se distribuyen por los distintos caminos. Una verdadera foto de guerra.

Soldados de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania, la reserva militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania, se entrenan en un garaje subterráneo de Kiev. (Foto: AFP/Sergei Supinsky).
Soldados de las Fuerzas de Defensa Territorial de Ucrania, la reserva militar de las Fuerzas Armadas de Ucrania, se entrenan en un garaje subterráneo de Kiev. (Foto: AFP/Sergei Supinsky).

El encuentro de periodistas con esos retenes suele generar momentos de tensión. Y la complejidad se acentúa con los representantes de medios audiovisuales. En un tedioso proceso de verificación, se exigen no menos de cuatro tipos de credenciales diferentes y se revisan todos los equipos y las imágenes registradas.

La justificación de esa paranoia es clara. Existe una preocupación latente de los ucranianos por la infiltración de espías rusos que puedan identificar la ubicación de los bloqueos. Esos infiltrados, según creen, se hacen pasar por trabajadores de prensa.

Con poca intervención de personal profesional y lógicas complicaciones de comunicación por el idioma, el nerviosismo de esas situaciones se percibe con facilidad. Es incluso mayor en los soldados que en los equipos periodísticos y, por supuesto, crece con cada nuevo ataque.

Fuente: TN

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