Las abejas deben visitar 1 440 000 flores para obtener un kilo de miel

En más de una oportunidad los científicos del mundo llegaron a la conclusión de que las abejas son el ser vivo más indispensable para que el ecosistema global del Planeta Tierra funcione, al menos, como lo hace en la actualidad.

Con casi el 90% de la población desaparecida en los últimos años debido al abuso en la utilización de pesticidas, a la deforestación y a la falta de flores, exclusivamente de las abejas depende el 70% de la agricultura mundial porque la polinización, tarea exclusiva que realizan los antófilos, conocidos en nuestra cultura como abejas, es una tarea fundamental para que las plantas se reproduzcan.

Las abejas obreras, que tienen un promedio de vida de 50 días aproximadamente, recorren 40 km en los casi doscientos mil vuelos que llevan a cabo. Con una velocidad media de 22 km por hora, en sus expediciones visitan unas 7.200 flores para fabricar solo cinco gramos de miel.

Por lo tanto, si hacemos un cálculo sencillo llegamos a la conclusión de que, para conseguir un kilo del nutritivo y delicioso néctar, se necesitan 1.440.000 flores y la colaboración de 200 abejas obreras. Esta no es una tarea excesiva ni exclusiva porque en una colmena se estima que viven entre 30 y 60 mil especímenes, debido a que la reina puede poner hasta 3000 huevos por día.

Las abejas, con una velocidad media de 22 km por hora, en sus expediciones visitan unas 7.200 flores para fabricar solo cinco gramos de miel EFE/Martin Alipaz
Las abejas, con una velocidad media de 22 km por hora, en sus expediciones visitan unas 7.200 flores para fabricar solo cinco gramos de miel 

Las abejas melíferas de una misma colonia tienen una actividad anual que alcanza una producción de entre 20 y 30 kilogramos de miel en promedio.

El producto que fabrican con el néctar de las flores puede ser monoflorar, en caso de que la miel surja de una sola variedad de flor (azahar, romero o lavanda); o multifloral, en caso de que sea una producción de varias especies.

La miel de las abejas se utilizaba en el Antiguo Egipto y en la Antigua Grecia para embalsamar a los fallecidos. Debido a que el producto contiene sustancias bactericidas, conserva de la putrefacción los jugos de las plantas, las raíces, las flores, las frutas y, por supuesto, la carne.

Mientras que, el veneno de abeja es 500 000 veces más potente que los antibióticos que se conocen y consiguen en cualquier farmacia.

Fuente: TN

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