En números: qué posibilidades tiene el Gobierno de dar vuelta el resultado de las elecciones y qué antecedentes hubo en la Argentina

Todavía no hay suficientes estudios realizados sobre las PASO como para extraer conclusiones más o menos firmes, pero vale la pena indagar en los datos para evaluar escenarios.

¿Puede de ahora a mediados de noviembre el Gobierno remontar los resultados de las PASO y alzarse con una victoria que permita reenergizar la gestión y establecer al menos criterios de coordinación dentro del Frente de Todos (FDT), sino es posible reinventar el afecto societatis entre sus partes? Es comprensible que el oficialismo sostenga un discurso esperanzador y, gracias a la nueva dinámica impuesta por Juan Manzur, se muestre hiperactivo y tratando de enviar señales a múltiples sectores de la sociedad de que entendió el mensaje de las urnas: de lo contrario el resultado podría ser aún mucho peor.

De hecho, muy cerca de Cristina Kirchner admiten que ese escenario es ciertamente probable por la tendencia de un sector de los votantes a “votar a ganador”, sumado a las típicas maniobras adaptativas y pragmáticas de muchos intendentes y punteros locales de hacer campaña entregando boletas a medida de las preferencias de los votantes siempre y cuando se garantice la supervivencia de sus propios liderazgos (cosa que en parte ya ocurrió, según surge de la diferencia entre los votos a concejal y a diputados del FDT en muchos distritos del Gran Buenos Aires). La otra alternativa consistiría en que el resultado del 14 de noviembre sea relativamente similar al del 12 de septiembre: que las preferencias subyacentes de los votantes no cambien demasiado en apenas ocho semanas.

¿Qué nos dice la evidencia empírica al respecto? El sistema de las PASO está vigente desde 2011, es decir, esta es la sexta elección que se realiza de acuerdo a sus reglas (tres presidenciables y esta es la tercera de mitad de mandato). Esto implica que no tenemos un número mínimo de casos como para extraer conclusiones más o menos firmes, sino que se trata simplemente de evidencia anecdótica.

En números: qué posibilidades tiene el Gobierno de dar vuelta el resultado de las elecciones y qué antecedentes hubo en la Argentina

Hasta ahora, hemos tenido a nivel nacional casos de reversión secuencial en la elección presidencial del 2015: la fórmula Macri-Michetti obtuvo 24,50% en las PASO (4% más si se suman los votos obtenidos por las otras fórmulas de la primaria), 34% en la primera vuelta y 51,34% en la segunda. También hemos tenido un acortamiento de las distancias entre las PASO y la elección general (en el 2019, cuando la fórmula Macri-Pichetto levantó la mitad de los 15 puntos de ventaja obtenidos oportunamente por los Fernández). A nivel provincial también se han dado algunos casos de reversión de tendencias en el 2017 tanto en La Pampa como en San Luis. Esto sugiere que es por lo menos posible que haya modificaciones en los resultados del 14 de noviembre, aunque no podemos determinar el grado de probabilidad.

Las medidas del gobierno

Analicemos también lo que el Gobierno ha hecho hasta ahora para mejorar su performance. Se trata de una serie de anuncios sobre temas concretos (la carne; el envío de fuerzas federales a Santa Fe para colaborar en la lucha contra el narcotráfico) que están alienadas con demandas sociales hasta ahora ignoradas por la administración (Alberto) Fernández. No se trata de soluciones globales, planes estratégicos ni un abordaje sistémico, pero al menos son un intento por demostrar mayor sensibilidad frente a las prioridades de muchos votantes. Esto se combina con múltiples medidas para “ponerle un poco de platita en los bolsillos” a los votantes, además de distribución de algunos bienes (calefones, bicicletas, colchones, chapas) y alimentos.

¿Qué efectividad pueden tener esas medidas? Existe en las ciencias sociales una profusa literatura sobre clientelismo, patrimonialismo, populismo y manipulación de grupos en situación de pobreza y marginalidad que pone de manifiesto que dichas tácticas (1) no son en absoluto nuevas ni en la Argentina ni en buena parte del mundo en desarrollo; (2) ya han sido sistemáticamente aplicadas en nuestro medio, incluso en el contexto previo a las últimas PASO; y (3) de ningún modo son infalibles. En el oficialismo pueden argumentar que se puede mejorar su eficiencia y aumentar la escala, pero el problema es que el beneficio marginal de implementar dichos mecanismos a lo largo del tiempo tiende a agotarse, sobre todo frente a los niveles de pobreza, marginalidad y pesimismo que hemos venido acumulando como consecuencia de los severos problemas macroeconómicos que desde mediados de los ‘70 sigue sin resolver Argentina.

Téngase en cuenta que según el último sondeo de D’Alessio-IROL/Berensztein, el 84% del país tiene a la inflación como principal preocupación. Al mismo tiempo, la caída del ingreso disponible promedio de la población, que venía degradándose desde la crisis de 2018, se profundizó como consecuencia de las restricciones extremas impuestas durante la pandemia. Los problemas macroeconómicos no se resuelven con medidas microeconómicas, mucho menos con clientelismo o aumentos nominales que solo compensan en parte y transitoriamente (por la dinámica inflacionaria) pérdidas de ingreso relevantes y sistemáticas.

En síntesis, si bien existen antecedentes que ponen de manifiesto que los resultados de las primarias pueden modificarse, el contexto socioeconómico actual es tan complejo que difícilmente las medidas hasta ahora anunciadas puedan tener la envergadura y la credibilidad necesarias como para hacer una diferencia significativa.

Fuente: TN

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