El duro diagnóstico de Horacio Rodríguez Larreta sobre la crisis económica y la interna del Gobierno

En los encuentros que mantuvo esta semana con sus colaborados más estrechos, Larreta se mostró alarmado por los síntomas que arroja la economía y el terremoto político que sacude al Gobierno. En privado el alcalde porteño traza un duro diagnóstico del escenario económico, aunque no vaticina un “colapso” que dispare una escalada inflacionaria ni ve elementos para una catástrofe política que derive en un eventual adelantamiento de las elecciones presidenciales. Larreta escuchó esa “hipótesis”, pero especula que el Gobierno aún tiene herramientas para contener la situación, según fuentes porteñas.

Al alcalde le inquieta, sobre todo, la eventual parálisis de la economía después de que el Banco Central dispusiera nuevas medidas para restringir la salida de dólares por el pago de importaciones. Prevé que el nuevo cepo generará más inflación a corto plazo y podría provocar un faltante de productos, como el café, en distintos sectores de la economía. En la sede del gobierno porteño de Uspallata temen que las nuevas restricciones ocasionen un “parate” en las fábricas que requieren componentes importados para producir. También se inquietan por la falta de gasoil y la bola de deuda en pesos que heredará la próxima administración.

Al igual que otros referentes de la oposición, Larreta percibe un cambio de actitud de la vicepresidenta Cristina Kirchner, quien no solo toma distancia de Fernández con sus críticas públicas al rumbo económico, sino que empieza a dar señales de que pretende reconstruir su capital político y reclutar aliados entre los gobernadores e intendentes que hasta hace poco apalancaban al Presidente. “Pareciera estar más preocupada y ocupada, pero no está claro qué quiere hacer”, dicen en el larretismo.

En el entorno del alcalde repiten que el problema de la economía es la falta de confianza y el Gobierno no tiene un plan para enderezar el barco. Es más, ni siquiera imaginan que un cambio profundo en el Gabinete, con el eventual ingreso de Sergio Massa, detendría la profundización de la crisis. Si bien está atento a la situación social -la Capital suele ser el escenario de las movilizaciones de las organizaciones piqueteras-, Larreta cortó sus diálogos con Fernández y las máximas autoridades del Gobierno. No prevé retomarlos, aunque se desate una espiral inflacionaria o una crisis política. “No tiene herramientas ni elementos para hacer nada concreto, solo poner la cara. El diálogo con el Gobierno es inconducente”, dicen, con resignación, cerca de Larreta. Al jefe de porteño lo escucharon despotricar contra Fernández por la falta de respuesta de la Casa Rosada frente al colapso de las comisarias en la Ciudad y los cortocircuitos por la interrupción de la obra en la nueva cárcel de Marcos Paz, donde el Ejecutivo porteño planeaba enviar reclusos tras la mudanza del penal de Devoto.

La furia de Fernández contra Hernán Lacunza, a quien acusó de alentar una corrida cambiaria, generó indignación en las filas del larretismo. “Es un disparate echarles la culpa a nuestros economistas de azuzar el fuego por un off. Que Fernández diga eso es un signo de debilidad enorme. Es ridículo”, despotricaron en Parque Patricios.

Larreta, junto al presidente de Israel, Isaac Herzog
Larreta, junto al presidente de Israel, Isaac HerzogPrensa Pro

El modelo de Israel

En su reciente visita a Israel, Larreta buscó nutrirse de argumentos para dar la discusión interna en Pro sobre cuál debe ser la estrategia de construcción política del espacio. Mientras que Macri o Patricia Bullrich apuestan por un cambio disruptivo en 2023, el jefe de porteño está convencido de que la Argentina necesita apostar por un consenso amplio para darle sostenibilidad a un plan económico.

Durante la gira, en la que estuvo acompañado por el secretario general y de Relaciones Internacionales, Fernando Straface, Larreta mantuvo audiencias con Manuel Trajtenberg, director ejecutivo del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, y Esteban Klor, profesor en la Universidad Hebrea de Israel, entre otros economistas y políticos que diseñaron un plan de estabilización para Israel en la década de los ochenta. Ese programa surgió a partir de un acuerdo entre las dos fuerzas dominantes de ese momento: los partidos Laborista y Likud.

“Ese plan es fruto de un acuerdo amplio entre las fuerzas políticas que hizo de la reducción de la inflación una política de Estado que se mantiene hasta hoy”, dijo Larreta tras la serie de encuentros autoridades de gobierno y parlamentarias de Israel.

En la Ciudad admiten que el caso de Israel no se puede “extrapolar” a la Argentina, donde el margen de maniobra y el tejido social es distinto, pero revalidaron allí su teoría de que la política debe sellar un acuerdo amplio en torno a un programa económico integral. “Las medidas concretas del plan de estabilización dependerán del momento. La receta económica no es lo más importante, eso se consigue”, repiten.

De hecho, el presidente de Israel, Isaac Herzog, le dijo que el plan anti-inflacionario de los 80 resultó porque no solo hubo un convencimiento de la sociedad de que era posible frenar la espiral, sino el armado de “un gobierno de coalición con amplio apoyo político”. También hablaron sobre el misterioso caso del avión iraní retenido en Ezeiza.

Rodríguez Larreta, en el museo del holocausto
Rodríguez Larreta, en el museo del holocausto

Larreta insiste en que su objetivo es construir un gobierno con el 70 por ciento del sistema -solo excluye al kirchnerismo, a Sergio Massa y a los “extremos populistas”-. Sabe que será difícil incorporar a peronistas u otros sectores a Juntos por el Cambio antes de las elecciones. Está claro que, en caso de ganar, se imagina conformando un Gabinete de coalición. “Podemos sumar algunos para la segunda vuelta y otros para el Gobierno. Cuánto más profunda y ambiciosa es la transformación, más amplio debe ser el apoyo”, señalan cerca del alcalde.

Para el larretismo, el modelo aperturista permitirá provocar un shock de confianza y darle sostenibilidad al plan económico durante dos o tres décadas. “Cuanto más apoyo al plan, más chances tenemos de que se sostenga. Eso genera un círculo virtuoso: estabilidad y más inversiones”, repiten en la Ciudad.

Fuente: La Nacuón

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