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Danielle Collins, la luchadora de la vida que va por el batacazo en el Abierto de Australia

Danielle Collins es una luchadora. La estadounidense de 28 años, 30ª del ranking, es un producto del rico circuito del tenis universitario estadounidense, en el que compitió durante sus años de estudiante de la Universidad de Virginia. Pero sin tener un talento extraordinario, tuvo que trabajar duro para ir haciéndose camino en la elite. Además, tuvo que batallar contra su propio cuerpo y enfrentar varios problemas de salud que pusieron en peligro su carrera. Pero nunca se rindió y hoy disfruta de un gran momento.

Es que este sábado, la nacida en St. Petersburg, Florida, disputará su primera final en un Grand Slam cuando enfrente a la número uno del mundo, Ashleigh Barty, en el partido decisivo del Abierto de Australia.

«No podría estar más feliz. El camino no fue fácil, tantos años de trabajo… ¡Esto no sucede así como así!», comentó tras su triunfo en semis ante la polaca Iga Swiatek, que le permitirá meterse por primera vez en el top 10.

«Nunca fui una niña prodigio ni una súper estrella a temprana edad. Cuando tenía 16 años, no sabía si iba a llegar a jugar al tenis profesional. Todo eso me hizo más humilde y me enseñó a trabajar duro para conseguir las cosas. Me dio más hambre. Y la universidad fue crucial para mi desarrollo», contó alguna vez.

Collins recién comenzó a dedicarse de lleno al tenis a mediados de 2016, tras su paso por la universidad, pero tardó en meterse entre las mejores del circuito. En 2018, fue semifinalista en el WTA 1000 de Miami y en el 500 de San José e irrumpió por primera vez en el top 50.

A principios de 2019, tras llegar a Melbourne con un récord de 0-5 en Grand Slams, se transformó en la gran revelación del «grande» oceánico al alcanzar las semifinales, en las que perdió con Petra Kvitova​.

«Nunca había estado en el Rod Laver Arena antes de este partido. Es increíble. Hace doce meses estaba jugando un challenger en Newport Beach y hoy estoy en semis de un Major», comentó tras meterse en esa instancia.

Esa actuación la llevó a su mejor ranking, el 23° lugar. Pero cuando parecía que su carrera finalmente despegaba, la vida le propinó un duro golpe.

«Siempre había sentido muchos dolores en mi cuerpo, pero en ese momento, después de jugar dos días seguidos, el dolor se incrementaba más de lo normal. Me hice una prueba de artritis reumatoide. Sabía lo que era, mi abuela lo había tenido, pero yo no podía tenerlo. Era y soy demasiado joven», contó al hacer público el diagnóstico en el blog Behind the racquet.

«Luché con ello durante mucho tiempo. Me dolían las articulaciones, sobre todo durante mis ciclos menstruales. Estaba débil, me costaba levantarme de la cama, algunos días dormía 15 horas seguidas, luego me sentía somnolienta y cansada. Era duro, pero me acostumbré a vivir así. Olvidé lo que era sentirse saludable y enérgica, lo que se siente al despertarse sin dolor en piernas y manos», agregó.

Gracias a la medicación que comenzó a tomar para su enfermedad, que causa dolor, inflamación, rigidez y pérdida de la función de las articulaciones, continuó entrenando y jugando. Y en 2020, volvió a tener una buena actuación en un torneo grande: llegó hasta cuartos en Roland Garros​, donde se despidió ante su compatriota Sofia Kenin, luego campeona.

Otro golpe

El año pasado, su cuerpo la puso otra vez a prueba. A principios de la temporada, tuvo que pasar por el quirófano para tratar una endometriosis, un trastorno que ocurre cuando las células del revestimiento del útero crecen en otras zonas del cuerpo, como los ovarios, las trompas de Falopio y el tejido que recubre la pelvis.

«Tuve diagnósticos errados y al principio creía que los síntomas y los dolores se debían a otro factor», contó. «Durante la operación, tuvieron que desgarrar los músculos abdominales. Quitaron un quiste del tamaño de una pelota de tenis de mi ovario, y material de mi intestino y vejiga».

Esa cirugía le cambió la vida. «He sentido un gran alivio desde entonces. Me siento como una persona normal. Puedo desempeñarme de manera más consistente físicamente. Y me ayudó mucho también a nivel mental y me dio mucha confianza en la cancha», contó en los últimos días, en Melbourne.

Collins se destaca por su juego agresivo, la contundencia de sus golpes y su determinación. Foto EFE/EPA/DAVE HUNTCollins se destaca por su juego agresivo, la contundencia de sus golpes y su determinación.

Tras la operación, Collins volvió a jugar en mayo, en Roland Garros; a fines de julio, conquistó en Palermo su primer título profesional, sobre polvo de ladrillo; y repitió el festejo unas semanas más tarde, sobre las canchas duras de San José, California.

Tanto mejoró en su tenis, que en el mundo de la raqueta se la conoce hoy como «Danimal» por su juego agresivo, la contundencia de todos sus golpes y la determinación con la que encara cada partido.

«Añadí variedad a mi juego en los últimos años, pero mi plan A sigue siendo jugar lo más agresivo posible», comentó tras meterse en la final del Abierto de Australia, la primera para ella en un Grand Slam.

«Es realmente una locura estar aquí, especialmente después de los problemas de salud que he vivido. Y tener la chance de jugar ante la número uno del mundo en su casa es espectacular», comentó la estadounidense, que sabe que en el duelo por el título tendrá un gran desafío.

Pero no se achica, porque si de algo sabe Collins, es de duras batallas.

Fuente: Clarín

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