Cuatro de cada diez personas no saben qué hacer ante los síntomas de un ACV

El dato surge de un estudio en la Ciudad de Buenos Aires. Los especialistas dicen que es clave llamar urgente a un servicio médico.

El infarto es la primera causa de muerte en el mundo. El accidente cerebrovascular (ACV), la segunda. En el infarto, la atención rápida es clave para la supervivencia y recuperación. En el ACV también. En el país, cada año se producen unos 50.000 infartos. Y se producen 126.000 ACV, uno cada 4 minutos. Sin embargo, ante un infarto las personas actúan con más rapidez que con ante un ACV, que es la primera causa de discapacidad en el mundo.

Aunque no son patologías comparables, en pos de concientizar sobre prevención y rápida intervención, vale decir que el ACV todavía tiene un largo camino por recorrer.

De hecho, con motivo del Día Mundial del ACV que se celebra el domingo próximo, la Fundación para el Estudio de las Neurociencias y la Radiología Intervencionista (FENERI) llevó adelante la encuesta cuali-cuantitativa “Evolución del conocimiento sobre causas y señales de ACV en la población porteña”, que presentó esta semana en el Congreso de la Nación.

Allí analizó cinco trabajos realizados en la Ciudad de Buenos Aires entre 2011 y 2017 para saber cómo se modificó la conducta de la población en cuanto a conocimiento y concientización en torno a esta enfermedad. Y concluyó que si bien cada vez más personas conocen las causas del ACV (el nivel de desconocimiento bajó del 20,4% en 2011 al 12,9% en 2017) , aún persiste un alto porcentaje (40%) que no sabe cómo reaccionar o qué hacer frente a los síntomas.

Ese punto es clave, porque dudar, esperar o no pedir asistencia médica a tiempo es lo que hace la diferencia entre que una persona se recupere, quede con graves secuelas o incluso muera por el ACV.

En el trabajo de FENERI dan algunos ejemplos de las demoras que se reflejaron a partir de los datos revelados por el estudio, que analizó datos de 2011, 2013, 2014, 2015 y 2017 sobre una base de 600 personas. Allí, el 61,2% respondió que llama a emergencias o va a una guardia ante la aparición de los síntomas. Pero el 22,1% dijo que espera una hora y, si el síntoma persiste, recién ahí decide. Sólo el 12,4% llama a su médico inmediatamente.

Otro problema que detectaron los investigadores, es la falta de reconocimiento de algunos síntomas. “El 50% de los encuestados no reconoció el dolor de cabeza súbito y de mayor intensidad como un síntoma que amerite actuar con rapidez”, dice el trabajo. A su vez, “el 30% no hace nada si de pronto no puede mover el brazo derecho”. También, “el 35% no hace nada si manifiesta repentina pérdida de coordinación”.

“Los síntomas son identificados por las personas, pero hay muy poca respuesta en la acción que toma la gente. No hay una actitud de consultar rápidamente ante las señales de alerta. Entonces se retrasa la consulta y perdemos tiempo sumamente valioso”, explica a Clarín la doctora Andrea Franco, neuróloga vascular del Instituto Eneri.

“Hay un tiempo en el que el ACV se puede tratar. Es la llamada ventana terapéutica. En ese tiempo el paciente puede ser tratado y recuperado plenamente, en la mayoría de los casos”, añade.

Este problema no es únicamente de la Argentina. “En el mundo se estima que sólo el 10% de los ACV llegan a tratarse a tiempo. En nuestro país ese número es de apenas entre 1 y 3%. Por eso es necesario profundizar las campañas en torno a la consulta rápida”, agrega la especialista.

La carrera contra el tiempo comienza con la aparición de los síntomas, que siempre se presentan en forma súbita. Una persona estaba bien y de pronto: presenta trastornos del habla o del entendimiento (quiere decir algo y no puede, habla pero no articula bien las palabras o responde a preguntas básicas en forma incoherente); le falta sensibilidad, tiene debilidad o parálisis en la cara, el brazo o la pierna, especialmente en un lado del cuerpo; repentinos problemas en la visión, ya sea en uno o los dos ojos; dificultades para caminar, mareo, vértigo o falta de coordinación; súbito dolor de cabeza de máxima intensidad, como nunca antes se había sentido.

“Lo importante es que todos los síntomas son de comienzo repentino, de un momento para otro. Los síntomas del ACV son de golpe, si una persona estaba bien y de pronto presenta uno o más de los esos síntomas, debería consultar”, afirma la doctora Virginia Pujol, coordinadora del Centro Integral de Neurología Vascular de Fleni. “La gente no sabe que existe un tratamiento específico para el ACV en su momento agudo. Tenemos 4,5 horas para recibirlo y esto disminuye la morbi-mortalidad”, añade. Si este tiempo pasa, remarca la especialista, se pierde ese tiempo vital.

“El tiempo es muy importante. Por eso ante la súbita aparición de síntomas específicos y sensibles hay que consultar de inmediato. Decir ‘voy a ir mañana’ no sirve. Son pocas horas vitales”, explica el doctor Gustavo Cerezo, jefe de prevención cardiovascular del Instituto Cardiovascular de Buenos Aires (ICBA) y agrega que si la persona tiene la posibilidad de ir por sus propios medios, se debe acercar a un centro de salud que tenga equipamiento de alta complejidad. ¿Por qué? “Antes de administrar el tratamiento farmacológico, hay que hacer una tomografía computada para identificar si se trata de un ACV isquémico (si fuera hemorrágico. Por eso decimos, si tiene la posibilidad, que vaya al centro más cercano”, dice Cerezo.

Otro punto importante: que la persona que acompañe al paciente tenga presente la hora en que empezaron los síntomas, porque la ventana terapéutica es de 4,5 horas, por lo que una hora más o menos puede hacer la diferencia.