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Colón perdió 1-0 con Gimnasia de La Plata y descendió a la Primera B Nacional

Lloran los de Gimnasia a pocos metros de sus hinchas que colmaron dos de las tribunas del Coloso Marcelo Bielsa. Lloran también los de Colón ahí cerca de los miles y miles que llegaron desde Santa Fe.

 Y no hay paradoja en las imágenes porque así si vive el descenso en el fútbol argentino. Se salvó Gimnasia por un golazo de Nicolás Colazo y hubo desahogo en forma de lágrimas. Se fue a la B Colón luego de 9 años en la máxima categoría y la tristeza invadió a jugadores, cuerpo técnico y simpatizantes, quienes en su inmensa mayoría aceptaron con hidalguía la derrota, más allá de algunos incidentes que se sucedieron durante la desconcentración de los santafesinos.

Hay héroes en las finales. Se sabe: los partidos grandes son para los futbolistas grandes. Y no se trata de experiencia, sino de personalidad. Tomó una decisión potente el entrenador Leonardo Carol Madelón: mandó al banco al arquero Tomás Durso y puso de titular a Nelson Insfrán, que solo había atajado dos veces en el año. Y el nacido en Clorinda, Formosa, hace 28 años, fue la gran figura: en la última pelota le negó el empate a Rafael Delgado con un manotazo que quedará en la historia de los Triperos.

Jugar por no descender debe ser el partido que nadie quiere jugar, mucho más en el histérico fútbol argentino. Tiene que ser bastante más feo que dirimir por el tercer y cuarto puesto de un campeonato, como les tocó a los chicos del Sub-17 en Indonesia. Por eso conviene destacar y celebrar a los hinchas, los verdaderos dueños de la pasión. Fueron miles los que llegaron desde La Plata a Rosario en 60 micros y otros miles los que se acercaron desde Santa Fe.

No podían tener ellos grandes esperanzas porque lo que le devolvieron los equipos a lo largo del semestre fue pobre. Por algo llegaron a esta instancia límite. Pero el amor por el escudo y la consigna de que en las malas mucho más puede más que todo, incluso esa lluvia intensa que cayó sin parar desde el mediodía.

No se jugó bien, aunque tampoco feo: el partido tuvo ritmo y buenas intenciones. Es probable que la situación climática haya ayudado al ida y vuelta, a la velocidad con la que se compitió. No hubo precisión, es verdad. Pero divirtieron porque intentaron atacar con varios futbolistas y porque dejaron espacios en defensa. No fue un duelo de esquemas rígidos y timoratos e ideas conservadoras.

La tensión estuvo presente, claro. Por eso Germán Conti, el zaguero de 29 años que es uno de los emblemas de Colón, se lesionó a los 20 minutos luego de levantar la pierna izquierda para rechazar un balón. El central sintió un pinchazo en el isquiotibial izquierdo y abandonó el campo de juego entre lágrimas. Algo parecido sufrió Nicolás Colazo, aunque el ex volante de Boca salió del campo de juego con una sonrisa en su rostro y en medio de varios abrazos de sus compañeros. Sucedió que Colazo la colgó del ángulo a los 41 minutos de la primera parte cuando segundos antes había sentido una molestia. El zurdo abrió el pie tras recibir una linda habilitación de espalda de Franco Soldano y la metió arriba desde la medialuna del área. Un golazo.

Israel Damonte hizo lo mismo que el fin de semana pasado en cancha de Vélez: realizó cambios masivos en el entretiempo. Entraron Pierotti, Toledo y Moreyra para poblar el campo de ofensivos. Las modificaciones provocaron que el equipo someta a Gimnasia, no tanto por juego sino por empuje. Es cierto que los platenses se metieron atrás y se pusieron a aguantar el resultado bastante temprano en el juego. También es verdad que pudo haber estirado la ventaja con un par de contras comandadas por Lucas Castro y mal culminabas por los juveniles Ivo Mammini y Benjamín Domínguez.

Tiró un centro atrás del otro Colón y con eso complicó. A poco del final, el héroe Insfrán le tapó una potente volea a Ramón Wanchope Ábila. Y en la última, el formoseño que debutó con Diego Armando Maradona en 2019, sacó una mano de Dios para sacar el potente disparo de Delgado y para dejar a Gimnasia en Primera División.

Y para que todo un pueblo llore de alegría y desahogo. Y para que otro pueblo llore de tristeza y desesperanza. Porque así es el fútbol argentino.

Para Clarín, Maximiliano Uria

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