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Ahí viene River

El equipo de Gallardo venció a Arsenal con un gol en contra, sacó 17 de los últimos 21 y se acomodó en la tabla: segundo a dos de Talleres.

Pudo haber sido una patinada para River. Pintaba para que el partido frente al último de la tabla, el que jugó a 200 kilómetros de Armani, fuera el que lo hiciera tropezar en su carrera en busca del título. Casi. Estuvo cerca, aunque hubiese sido demasiado castigo. Porque los de Núñez, aún con sus problemas de resolución a cuestas frente a equipos que plantean propuestas defensivas como Arsenal, buscó siempre y paradójicamente encontró el 1-0 del alivio gracias a un error rival. Un error forzado por la insistencia y la necesidad de sumar tres puntos que lo hicieron transpirar más de la cuenta a los de Marcelo Gallardo.

Mucha paciencia, poca eficacia. River monopolizó la tenencia por completo, de pé a pá, y si no pudo convertir en el PT fue porque el rival le bloqueó los caminos por afuera, por adentro, le estacionó el bondi de larga distancia bien cerquita del arco y lo obligó a probar de afuera. Los de Gallardo contabilizaron un total de 12 remates pero apenas dos los pudo finalizar dentro del área defendida por un Alejandro Medina que junto a Benavídez -en la línea despejó con la cabeza un remate genial de Julián Álvarez– fueron los responsables de que el partido se fuera al descanso con una parda buscada. Porque los de Israel Damonte fueron al Monumental sin apuros ni ánimos de cortar la sequía de cinco partidos al hilo que llevaba sin convertir y que ahora son seis: la premisa fue aguantar y entorpecerle la vida a los de Núñez. Por eso aún no se sabe cómo defiende Santiago Simón como lateral derecho ya que jamás lo exigieron… Y la verdad es que Arsenal lo consiguió más allá de la insistencia de River, que intentó pases filtrados para un Araña ubicado como único referente de área, y contó con un Rollheiser que jugó por Romero y dejó una buena imagen aunque la suerte aún no lo ayuda: el zurdazo al ángulo merecía ser su primer grito. Tanto él como el equipo lo merecían.

O mejor dicho, River lo necesitaba. Precisaba ese gol que destrabara un partido tan desparejo como absurdo, con un equipo clavado en los últimos 30 metros de su campo y el otro haciendo el desgaste continuamente, debatiéndose entre la estrategia de su DT -se vio obligado a poner a sus dos delanteros más fuertes, Romero y Suárez- y la impaciencia que comenzaba a pesar. Porque si el de Núñez dejaba dos puntos en el camino hubiese sido para el debate.

El destino quiso que el equipo que nunca quiso jugar terminara pegándose un tiro en el pie y perdiera por ese infortunio de Méndez. Perdió el que no quiso ganar, y ganó el que aún con sus falencias nunca renunció a la búsqueda. Eso sí, le costó un Perú. Fue paso a parto…

Fuente: Olé

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