Un mes después, se revelan las causas de la muerte de Sean Coonery

Un mes después de la muerte de Sean Connery se han conocido las causas de su fallecimiento.

El actor, que tenía 90 años, perdió la vida a causa de una neumonía y un fallo cardíaco, revela el medio estadounidense TMZ.

En concreto, Connery murió de insuficiencia respiratoria como resultado de neumonía, vejez y fibrilación auricular, una frecuencia cardíaca irregular que puede aumentar el riesgo de accidentes cerebrovasculares, insuficiencia cardíaca y otras complicaciones relacionadas con el corazón. La muerte le llegó al famoso actor mientras dormía.

Apenas se sabía nada de Connery en los últimos años, más que el hecho de que vivía retirado en su paraíso particular de Bahamas, jugando al golf y pasando sus días junto a su esposa, la pintora franco-marroquí Micheline Roquebrune. Por eso fue precisamente ella quien, horas después del fallecimiento, revelaba que Connery había perdido la memoria y que ya no sabía quién era. «Sufría demencia y eso le pasó factura. Logró cumplir su último deseo de marcharse sin hacer ruido», dio a conocer la artista.

«No era vida para él», dijo Roquebrune al Mail on Sunday. «En los últimos tiempos no era capaz de expresarse. Al menos murió mientras dormía, de forma absolutamente tranquila. Estuve con él todo el tiempo y simplemente se fue. Eso era lo que él deseaba», explicó.

Connery junto a su mujer, Micheline Roquebrune
Connery junto a su mujer, Micheline Roquebrune Crédito: GROSBY GROUP

La pareja se conoció en 1972 durante un torneo de golf en Marruecos, un deporte que ambos practicaban, y mantuvieron un tórrido romance durante cuatro días. Connery entonces estaba casado con la actriz australiana Diane Cilento, con la que tenía un hijo, Jason, y de quien consiguió divorciarse tres años después, mientras que Roquebrune también tenía marido y tres hijos. Estuvieron dos años sin verse hasta que en 1974 él le envió una invitación para volver a reunirse en Marbella, una ciudad que el actor frecuentó durante años. Y ahí surgió un amor que los unió durante casi medio siglo -y que llegó a superar algunas de las infidelidades conocidas del actor, como su affaire con la cantante pop británica Lynsey de Paul- y que floreció especialmente en Bahamas, el paraíso de la familia.

La mansión familiar de los Connery estaba en Lyford Cay, en la isla de Nueva Providencia y muy cerca de Nassau, en una de las zonas con mejor clima del lugar, rodeado por el océano en tres de sus lados. El actor también poseía una mansión en Niza, en la costa azul francesa, de más de 4 mil metros cuadrados y que tenía a la venta por 36 millones de dólares, pero Bahamas se había convertido en su refugio en los últimos años.

James Bond cambió su vida. Resultaba difícil pensar que un actor escocés encarnara al sofisticado agente secreto surgido de la imaginación de Ian Fleming, un escritor culto, atildado y snob, educado en el colegio privado de Eton, la cuna de las elites británicas. Fleming se mostró horrorizado ante la elección, para la que se habían barajado nombres como Cary Grant o David Niven. Cuando vio a Connery en El satánico Dr. No, el escritor rehizo parte de sus novelas y guiones para darle a su protagonista una ascendencia medio escocesa.

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