Un desafío triple para Alberto F.: renegociar la deuda, equilibrar las cuentas públicas y cuidar el dólar

El país debe afrontar vencimientos por US$30.000 millones en 2020; de ellos, el 70% tendrán lugar entre enero y mayo.

El economista Martín Guzmán​ acuñó hace tiempo una frase que resuena en las últimas horas: cada dólar de deuda que no se paga contribuye a aumentar la producción y el consumo.

Tras ese concepto resulta entendible el interés de Alberto Fernández y Cristina Kirchner de tenerlo cerca y proyectarlo como negociador de una deuda pública que, todo indica, requerirá, como mínimo, más plazo para poder ser pagada. Otra lectura es que el verdadero ministro de Economía será Alberto Fernández.

La Argentina tiene necesidades de financiamiento por unos US$30.000 millones el año próximo, de los cuales la mitad son compromisos en dólares y la otra mitad, en pesos.

Y a eso se agrega la particularidad de que el 70% de esos vencimientos (US$22.000 millones) tendrán lugar entre enero y mayo. Es por eso que encontrar una vía de solución para la deuda ocupa un puesto preponderante en el ranking de prioridades del gobierno que arranca.

Como dos caras de una misma moneda, hablar de reprogramar la deuda será también hacerlo de cómo lograr un superávit fiscal que les permita creer a los acreedores que en algún momento terminarán cobrando.

Renegociar la deuda y encontrar una vía para equilibrar las cuentas públicas irán de la mano desde el inicio de la gestión de Alberto Fernández, que, como ya adelantó, arrancará «poniéndole plata en el bolsillo a la gente» para favorecer la expansión del consumo.

Ese paso inicial (suba de jubilaciones mínimas y de la Asignación Universal por Hijo, también un aumento salarial de suma fija y la eliminación del IVA para la canasta alimenticia de los sectores de menores recursos) tendrá como basamento la estabilidad del dólar y esta, a su vez, la prolongación de la vigencia del cepo cambiario.

Los mercados esperan que Alberto Fernández evitará un dólar «quieto» y se inclinará por algún tipo de actualización diaria que marque un avance menor que el de la inflación. Por ejemplo, del orden del 2% mensual.

Ese dólar moviéndose sin estridencias conviviría con el «contado con liquidación», producto de operaciones de compra y venta de títulos públicos.

El «contado con liqui» oscilaba el viernes en $79,07 mientras que el oficial lo hacía en $62,94. Por tanto, la brecha era de 25,6% dentro de un rango considerado aceptable por los operadores.

¿A cuánto podría llegar esa brecha? En tiempos de Cristina Kirchner presidente llegó a 60% y fue un indicador claro del atraso cambiario que caracterizó el final de la gestión de Axel Kicillof como ministro de Economía.

¿Puede la gestión de Fernández arrancar con el dólar-cepo y con la brecha respecto del contado con liqui por arriba de 25%? Sí y cuanto mayor sea, curiosamente, podrá contribuir en el corto plazo a favorecer a algunas actividades como la construcción, que lograría financiamiento vendiendo «CCL» y comprando materiales al dólar oficial.

Pero esas posibles pinceladas quedarán en un segundo plano detrás de una acción principal que se concentraría en el trípode: pago de la deuda, equilibrio fiscal y nivel del tipo de cambio.

Los tres temas se entrelazan permanentemente. Si Fernández decide aumentar las retenciones a las exportaciones agrícolas, los productores pedirán que se discuta el nivel del dólar.

Si no sube las retenciones, o el impuesto a los Bienes Personales, etc., deberá buscar fondos por otra vía o reducir el gasto público. En ese punto el tema más conflictivo es el de la fórmula de actualización de las jubilaciones.

A partir del esquema actual (un índice elaborado en base a 70% de inflación y 30% de suba de los salarios), las jubilaciones y pensiones deberían aumentar en torno a 50% el año próximo. Los expertos en cuestiones fiscales sostienen que ese reconocimiento impediría reducir el déficit fiscal.

Los jubilados, que vienen sosteniendo una pérdida fuerte de ingresos, esperan la recomposición para el año próximo y el nuevo gobierno deberá darles una respuesta en un contexto de estrechez de las cuentas públicas y cuando deberá mostrarles a los acreedores que está dispuesto a pagar pero que necesita más plazo.

Fuente: Clarín