Un cambio cultural, la variable central para acelerar la producción de carne en Misiones

Con 420.000 cabezas, los productores misioneros cubren el 25% del consumo en la provincia y hay un enorme potencial para crecer con eje en la capacidad forrajera de los campos.

En Misiones, la ganadería tiene un desafío de peso: las 15.000 toneladas de carne que se producen cada año apenas alcanzan para abastecer un 25% de los 65.000 kilos anuales que consumen los misioneros. Para cambiar esta historia se necesita un nuevo paradigma productivo, un modelo de producción ganadera adaptado a las características climáticas y forrajeras de Misiones.

Durante este último año, la Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones estuvo analizando, con recorridas en más de 100 campos ganaderos, el potencial que hay en la provincia para acelerar la producción de carne. Y la primera conclusión es que espacio hay. Unas 450.000 hectáreas que no forman parte de las 1,2 millones de hectáreas que están protegidas por la Ley de Ordenamiento de los Bosques Nativos, que preserva la valiosa biodiversidad de la selva misionera.

Hectáreas hay, pero faltan otras cosas, por ejemplo animales. Para que la provincia se puede abastecer con su propio rodeo se necesita multiplicar por cuatro las 420.000 cabezas que hay en la actualidad. El pasto sobra. La tierra colorada tiene un gran fertilidad y en algunas zonas las pasturas megatérmicas vienen andando muy bien, como lo prueban los modelos ganaderos exitosos que ya se están implementando. Además hay 19 plantas frigoríficas en la provincia.

En Misiones, la tierra colorada tiene una gran fertilidad, en combo con las constantes lluvias.

En Misiones, la tierra colorada tiene una gran fertilidad, en combo con las constantes lluvias.

“Uno de los problemas históricos de la ganadería misionera es que comenzó copiando el modelo correntino, de rodeo a grandes campos abiertos, que es muy diferente a los establecimientos más pequeños de Misiones”, le explicó a Clarín Rural Adrián Luna Vázquez, presidente de la Federación de Asociaciones Rurales y Forestales de Misiones.

El primer paso, en su visión, es lograr un cambio cultural en los productores. “No se pueden largar las vacas en el campo”, insistió. En Misiones, el índice de destete está en el 44% cuando la media nacional es del 61% y los productores que hacen los deberes consiguen hasta más del 80% (casi un animal por vaca por año, cuando en Misiones cada dos vacas nace “menos” de un ternero).

Para hacer más fácil el proceso, Luna Vázquez tiene una idea que algunos consideran polémica: no enfocarse en la cría sino en la “invernada” y el engorde. “Solo los productores que son muy eficientes deberían criar sus terneros, el resto puede comprar los terneros en Corrientes, que produce más de un millón de terneros por año, y engordarlos en Misiones aprovechando la capacidad forrajera de nuestros pastos”, propuso.

Este bosque implantado podría estar repleto de novillos y complementar la ecuación del negocio forestal.

Este bosque implantado podría estar repleto de novillos y complementar la ecuación del negocio forestal.

En la actualidad, la carne que no producen los misioneros la traen de Corrientes, sobre todo vacas gordas y de descarte (un tipo de animal en el que ahora compiten fuerte los chinos) y también vienen cortes enfriados desde Entre Ríos. “Pero podríamos aspirar a cortes de mayor calidad y con generación de empleo y desarrollo local”, insistió el presidente de las rurales misioneras.

Hay un ventaja, el productor misionero es un buen agricultor, que está acostumbrado a producir yerba mate, té, mandioca y hasta tabaco. Otra fortaleza es la cantidad de bosques implantados para la industria forestal. “Hoy la madera no se está pagando bien y los novillos son una alternativa para complementar ese negocio. Además, los árboles les dan un respiro a los animales en el intenso verano y protegen las pasturas durante las heladas del invierno”, contó Luna Vázquez.

La genética que funciona en los campos misioneros son las razas Braford y Brangus, que ya han probado su rusticidad para “bancarse” el sofocante calor del verano. Y también están probando con los búfalos, que hasta ahora muestran un alto índice de procreo.

La genética está, lo mismo que las hectáreas y el pasto. El desafío, entonces, es la capacitación para lograr ese cambio cultural que va a generar desarrollo económico, mayores ingresos para los productores y cortes de mayor calidad en las góndolas de los supermercados y carnicerías misioneras.

 

Fuente: Clarín