Padre e hijo le cumplen el sueño a cientos de personas que no tienen manos

Hace tres años Gerónimo Cabrera (21), que estudia Administración Empresarial y Comercio Internacional, les pidió a sus padres que le regalaran una impresora 3D ya que su propósito era crear «spinners» (una especie de tres rueditas de plástico que se toman entre los dedos y se los hace girar a modo de entretenimiento «anti stress» que estaba de moda hace unos años) y venderlos.

«Tal fue el entusiasmo que tenía con la máquina que con mi esposa decidimos comprársela, era una impresora doméstica de escaso rendimiento, pero útil para experimentar en el tema. Yo también me interioricé sobre sus potencialidades y empecé a ver documentales sobre la materia. Así fue que vi cómo se hacían hasta prótesis y un día subí al cuartito donde él trabajaba y le plantee si no se podían crear estas prótesis en 3D para ayudar a gente que lo necesitara, sólo con fines solidarios», recuerda Guillermo, su papá.

Gerónimo confiesa que al principio le pareció una propuesta interesante, pero a la vez sentía que se trataba de una «locura». Hasta ese entonces, él no tenía noción de la capacidad que tenía la máquina «de fabricar cosas sin límite alguno».

«Me puse a investigar para intentar cumplirle el ´capricho´ que me había tirado mí papá. Comencé a ver plataformas de todo el mundo y empecé a probar dejando de lado mi emprendimiento comercial de la fabricación de juguetes por estas manos que, sin imaginarlo, cambiarían la realidad de tantas personas. Tuve que sentarme frente a la computadora enlazada a mi impresora 3d, googlear varias cosas y mirar videos de YouTube», expresa Gerónimo.

Manos a la obra

Casi sin darse cuenta, Gerónimo comenzaba un emprendimiento solidario creando prótesis de mano y antebrazo, dos modelos pensados para personas que les falten sus dedos y para amputaciones en la zona del antebrazo (que haya articulación de codo y su muñón esté en la zona del antebrazo).

De esa forma le colocó nombre a su emprendimiento: «Te doy una mano» y casi inmediatamente se sentó en Facebook para armar una página buscando gente a la que le faltara una mano. «La web no tenía más de 20 ´me gusta´ y de esa forma apreció Verónica. Ella es la mamá de Miranda, una nena que tenía agenesia de mano (ausencia congénita de antebrazo y mano). Cuando me contó la decepción que habían recibido anteriormente y la ilusión de su hija por tener su mano se la hicimos lo más rápido posible y viajé hasta Mar del Plata a entregársela», cuenta Gerónimo.

«Miranda no solo fue la primera, sino la que hizo que no parásemos más. Fue su emoción, su agradecimiento y todo lo que hace con su manito como andar en bicicleta, peinar a sus muñecas y hasta tocar el violín. Para que pudiera tocar el violín, ´Gero´ diseñó un implemento para que. articulado a la prótesis, le sirviera para tensar el arco y mantenerlo sobre la caja del instrumento. Fue un momento glorioso, no sólo desde lo humano, sino desde el desarrollo de nuevas aplicaciones a esas manos. Estábamos en un punto de no retorno, de ahí en más siempre para adelante», se emociona su papá.

De Buenos Aires hasta El Congo y Mozambique

Cada mano, aclara Gerónimo, es 100% personalizada para quien la pide. Están quienes la solicitan con los colores de su equipo favorito de fútbol, pero también están los que optan por algún superhéroe o princesa.

Poco tiempo después de esa primera experiencia en Mar del Plata, padre e hijo terminaron instalando un taller en la parte de atrás de la oficina de Guillermo, donde anteriormente tenían un pequeño galpón. «No sólo lo pusimos a punto como taller, sino que de ahí vino la necesidad de comprar más impresoras. Hoy tenemos siete de ellas trabajando todo el tiempo: son más complejas, de mayor definición y capacidad de trabajo. La locura de ambos de disparó a límites que ninguno imaginaba. Empezamos regalando una, dos, 10, 400 manos. Fuimos a la Costa Atántica, a todo el conurbano, a Salta, a Misiones, a Chaco, seguimos por México, El Congo, Mozambique», se alegra Guillermo.

Dar y recibir

Gerónimo y su papá regalan las prótesis con la única condición de que los beneficiarios hagan algo por otras personas en lo que ellos denominan «una pandemia solidaria». Se trata de inculcar, enseñar, pedir y que quien recibe algo bueno a su vez realice alguna acción positiva para otra persona. «No es necesario dar dinero, podés dar tiempo, donar sangre en un hospital, ayudar en un comedor preparando la merienda, contar cuentos a los chicos internados, lo que cada uno pueda», explica Guillermo.

A la hora de recordar anécdotas, Gerónimo dice que tiene una cuantas para compartir, pero elige la primera entrega de mano que le hizo a Miranda en Mar del Plata. «Trasladarme hasta allá fue un viaje de ida. Después, lógicamente, cada mano tiene su historia. Ya sea de sufrimiento, como de superación. Las anécdotas vividas en África fueron cosas que son prácticamente imposibles de describir. Con 20 años haber ido a Mozambique a poder llevar felicidad a las personas amputadas no tiene precio. Algo que también para mí fue un ´flash´ fue haber estado con el Papa Francisco. Un momento único, donde los nervios me consumían por completo, donde la espera se hacía eterna, donde no quedaba nada más que esperar por su santidad y poder hablar con él».

¿Qué sentís al poder hacer este emprendimiento junto a tu hijo? «Bueno, si hay algo que te llena el alma, además de ayudar sobre todo a los chicos, es hacerlo con tu hijo. Que un pibe de 18 años se prenda y genere un proyecto de esta naturaleza, que se ponga al frente de una movida solidaria y que trabaje al lado tuyo todos los días, no tiene precio. Es algo que me vitaliza, que renueva mis energías, me enorgullece estar con él y ver su compromiso», concluye Guillermo.

Fuente: Lanación