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Michel Hidalgo, el técnico al que intentaron secuestrar para que Francia boicoteara el Mundial ’78

La muerte el último jueves de Michel Hidalgo , a los 87 años, despertó enseguida evocaciones de su legado futbolístico, bautizado como «Foot Champagne» (fútbol champagne) , que alcanzó su consagración con la obtención de la Eurocopa de 1984. Aquel seleccionado de Francia que dirigió Hidalgo tenía un medio campo compuesto por Alan Giresse, Luis Fernández, Jean Tigana y Michel Platini . Fútbol de gran riqueza técnica, de pase y conducción, de gambeta y engaño, de una estética muy pulcra, admirada por calificadas corrientes de opinión.

Dos años antes, en el Mundial ’82, esa Francia había librado una terrible batalla de estilos en las semifinales contra Alemania, que tras el 3-3 se impuso en la definición por penales, en un partido que también quedó grabado por la brutal embestida del arquero Harald Schumacher contra Battiston, que salió en camilla inconsciente y estuvo seis meses sin jugar.

Los títulos mundiales para Francia llegaron más tarde, en 1998 y en 2010, sin tanto «fútbol champagne», con más músculo, imponencia atlética y juego directo. Igual, Hidalgo, cuyo deceso no fue debido al coronavirus según informaron sus familiares, ocupa un lugar de referencia en el fútbol francés y en la consideración internacional. Dirigió a «Les Bleus» entre 1976 y 1984.

No tuvo un paso destacado en el Mundial de la Argentina ’78, en el que no superó la etapa de grupos que compartió con el equipo de César Menotti, Italia y Hungría. La Argentina venció a Francia 2-1 en el Monumental, con goles de penal de Daniel Passarella, el empate de Platini y la definición de Leopoldo Luque a 17 minutos del final.

Lo que quedó en los pliegues de la historia de aquellos años fue un episodio que estuvo cerca de impedir que Francia participara del Mundial que aquí se disputó durante el tercer año del régimen militar que tomó el poder por la fuerza en 1976 y lo detentó hasta 1983. Meses antes del Mundial, en Francia tenían la información de que 22 ciudadanos de ese país residentes en la Argentina estaban encarcelados o desaparecidos por los operativos que ordenaba el gobierno de Jorge Rafael Videla.

Hidalgo había conseguido que Francia se clasificara a un Mundial después de 12 años de ausencia, pero en suelo galo surgían movimientos que propugnaban una renuncia al Mundial de la Argentina, ya que la presencia significaba un aval a las violaciones de los derechos humanos que se extendían por nuestro país. Con ese objetivo, un par de días antes del viaje del plantel desde París a Buenos Aires, un grupo denominado Izquierda Proletaria intentó secuestrar a Hidalgo para provocar un boicot.

Pero el operativo estuvo lejos de ser un golpe comando de alta planificación, a pesar de que fue pergeñado durante dos meses, según reconoció después la banda. El 23 de mayo, Hidalgo fue interceptado en el automóvil en el que iba acompañado por su esposa mientras cubría el trayecto de la ruta entre su casa de campo y la estación terminal de Bourdeaux, donde iba a tomar el tren rumbo a París para sumarse al resto de la delegación. A su paso salió otro automóvil, en el que iban cuatro personas, una de las cuales estaba armada y lo obligó a bajar y a punta de pistola lo llevó caminando hacia una zona boscosa aledaña a la ruta.

En un acto de arrojo, Hidalgo le arrebató el arma a su secuestrador y volvió al automóvil en el que había quedado su esposa. Cuando fue a hacer la denuncia, en la comisaría le dijeron que el revólver estaba descargado y que el hecho parecía obra de principiantes. Esa noche, mientras Hidalgo continuó con su traslado a París, una llamada telefónica anónima a la agencia de noticias AFP se adjudicó el intento de secuestro, como una manera de convocar la atención por la política represiva que desplegaba la dictadura militar argentina.

Al día siguiente, en una entrevista secreta con el diario Le Matin, los secuestradores se identificaron como antifascistas que buscaban dar un mensaje humanitario, no violento, y que en un principio habían pensado en raptar a Platini, pero que se decidieron por Hidalgo por consideralo un «sindicalista que intervino en manifestaciones de carácter humanista». Por aquellos días, La Nación dio cuenta en sus páginas de la situación por la que había pasado Hidalgo.

El recorte de La Nación con la noticia del intento de secuestro de Hidalgo
El recorte de La Nación con la noticia del intento de secuestro de Hidalgo

El entrenador y la Federación de Fútbol de Francia (FFF), en lugar de boicotear el Mundial, lo aprovecharon para escenificar su preocupación. «Tengo la intención de utilizar el viaje para plantear la cuestión del destino de los franceses desaparecidos en la Argentina», expresó Fernand Sastre, que era presidente de la FFF. Años después, Platini se mostró partidario de una postura más radical: «Había una gran presión de parte de los servicios de inteligencia franceses y mucha gente no quería que jugáramos ese Mundial. Hubiera sido justo quitárselo a Videla». Antes de embarcarse en París, Hidalgo no atendió a la prensa, pero recibió a una delegación de familiares de los 22 franceses con paradero desconocido en la Argentina. Les prometió ser un transmisor de sus angustias y preocupaciones. Deportivamente, la estancia de Francia fue breve en nuestro país, donde los años de plomo segarían muchas más vidas por largo tiempo.

EL caso de Johan Cruyff en el Mundial de 1978

Sin ser campeones del mundo, Johan Cruyff Holanda salieron de Alemania 1974 con todos los honores, crearon la Naranja Mecánica. Se esperaba que el gran Johan tuviera una segunda oportunidad cuatro años más tarde en la Argentina. Pero el célebre N° 14 no vino a nuestro país. Se especuló con que era una muestra de rechazo a la dictadura militar. En su autobiografía, Cruyff explicó que en realidad no integró el plantel porque poco antes su familia había sido víctima de un intento de secuestro, sin las connotaciones políticas del que sufrió Hidalgo.

Cruyff escribió que sintió miedo y prefirió quedarse para proteger a su familia. El siguiente es un párrafo de su libro: «Tras el intento de secuestro, no dudé ni por un momento sobre no ir a la Argentina. Aquella opción estaba excluida. Habría sido una locura abandonar a mi familia en aquellas circunstancias. Era el 17 de septiembre de 1977 y ocurrió algo terrible. Yo estaba en casa, en un edificio de apartamentos, viendo un partido de básquetbol por televisión. Tocaron el timbre, pensé que era mensajería, pero cuando abrí la puerta me encontré con una pistola apuntando a mi cabeza mientras me obligaban a tumbarme boca abajo. Todos estábamos en casa. Los niños estaban en su cuarto y aquel hombre le dijo a Danny (su esposa) que se tirara al piso. ‘¿Quieres dinero, qué quieres?’, le pregunté. Me ató a un mueble. Para hacerlo, tuvo que dejar la pistola un momento y Danny aprovechó para salir de la habitación y del edificio. El cabrón la persiguió. Yo pude liberarme y agarrar la pistola. Hubo tantos gritos que se abrieron las puertas de todo el edificio. Enseguida lo redujeron. Los seis meses siguientes fueron espantosos. Teníamos vigilancia policial permanente. Cuando me iba de viaje, cuando llevaba a los niños a la escuela, cuando iba a entrenar o a jugar con Barcelona. En esa situación no dejás sola a tu familia durante ocho semanas, así que no había manera de que yo fuera a la Argentina con el seleccionado. Si juegas un Mundial, tienes que hacerlo totalmente concentrado».

Fuente: LA NACION

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