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La trama del juramento de una Selección jugada en un tenso clima de rumores y desconfianza

El triunfo de Nigeria sirvió para mejorar el ánimo. El plantel, el cuerpo técnico y el presidente de la AFA se juntaron para cerrar heridas y tratar de evitar el abismo de la eliminación.

Es la crónica de una Selección que no se resigna a confirmar su muerte anunciada. Jugada, al límite, sin ningún argumento racional que permita creer en un mágico renacimiento futbolero, trata de salir del estado de shock que le provocó la goleada ante Croacia. Lo hace en medio de una tormenta de desconfianzas, fragilidades, rumores e inseguridades. Le agradece a Ahmed Musa, el nigeriano que le marcó los dos goles a Islandia y que no hace tan imposible la coronación del milagro a octavos de final.

Antes de Nigeria – Islandia… Se busca una señal que invite a pensar que la Selección está viva, pero no se encuentra. Cada detalle de la intimidad después de la paliza histórica del jueves alimenta la sensación de que ya no hay retorno. Suena cruel con un grupo de jugadores que llegó a una final del mundo y a dos de Copa América, pero es así. “Mirá, Messi, los jugadores y el técnico están destruidos. Ni ánimo para hablar tienen”, le cuenta a Clarín una fuente que comparte cada minuto con la delegación argentina. Otra voz resulta categórica al extremo y utiliza la peor de las figuras para resumir el semblante general: “Están muertos, como si ya los hubieran eliminado. El clima acá es de eliminación”.

Después de Nigeria – Islandia… Lejos estuvo de ser una fiesta la concentración argentina, pero los rostros un poco se relajaron. Después de ver el partido que concluyó con el guiño nigeriano distribuidos en diversos lugares (algunos futbolistas en sus habitaciones y otros en la utilería; el técnico en la cocina y los sparrings en el living inmenso), alguna sonrisa leve apareció. Llegó la cena. Luego la primera reunión del cuerpo técnico para empezar la planificación para el choque del martes en San Petersburgo contra la selección de Musa y más tarde un pedido de reunión de todas las partes. La solicitaron los jugadores. Ellos, junto a Sampaoli, los ayudantes Sebastián Beccacece y Lionel Scaloni, más el presidente de la AFA, Claudio Tapia. Hablaron muchos. “Nos dijimos de todo, pero con buena onda, con buenos tonos. Vamos a ver qué sale. Es la última bala y no podemos regalarla así nomás”, contaron desde adentro. Y concluyeron en un juramento: tirar para el mismo lado sin autoboicotearse.

Saben que pierden todos. Que a ninguno le conviene un adiós mundialista prematuro: los históricos quieren despedirse bien de la Selección; el DT no puede seguir regalando prestigio; y la AFA necesita un buen Mundial porque la Selección es su prioridad, sabiendo que a la Superliga la manejan otros dirigentes que recorren veredas opuestas.

No sanaron las heridas, por supuesto. “El palazo todavía se siente”, definió sin dudar uno de los jugadores. “Estamos en el fondo del mar, tratando de salir”, aportó una fuente muy cercana a Sampaoli. No había demasiadas variantes para dar un primer paso luego de semejante mazazo. Por algo debían empezar.

Había quedado atrás el vestuario en silencio. El viaje de regreso a Bronnitsy. Una cena con varios ausentes, incluidos Sampaoli, Messi y varios jugadores: no tenían obligación porque muchos ya se habían alimentado en el camarín del estadio de Nizhny Nóvgorod y algunos en el avión. Había pasado un almuerzo esta vez con asistencia completa, pero “con silencio de eliminación”, según definió en ese momento del día otro de los jugadores. Había transcurrido la práctica de la tarde. Había salido un comunicado oficial de la AFA desmintiendo múltiples rumores, entre ellos que se le había pedido a Sampaoli que no dirija contra Nigeria para que lo haga el manager Jorge Burruchaga y que los jugadores le habían solicitado una reunión al DT para que diera un paso al costado ya: “Es todo falso”.

Es que las versiones sobrevolaron a esta Selección que se desangra como aves de rapiña. También se dijo que Sampaoli y su ayudante Beccacece habían tenido un fuerte cruce en el vestuario, al borde de las trompadas. Que los jugadores habían discutido en el camarín.

De las voces oficiales, primero hay que desconfiar. Según pudo reconstruir Clarín con diversas fuentes de la concentración argentina, esta vez no hubo discusión entre Sampaoli y Beccacece, aunque sí había existido un entredicho delante de los jugadores en la penúltima práctica antes de Croacia. Suelen chocar muy seguido porque sus maneras son similares.

Ese cruce entre Sampaoli y Beccacece le resultó llamativo al plantel y algún jugador hasta bromeó con el tema. Se trata de un detalle que recorta la autoridad del técnico frente al grupo, pero eso no significa que los jugadores le hayan dicho que no dirija contra Nigeria.

“Te juro que no hubo nada de eso que se dice que pasó”, le dijo una de las fuentes del plantel argentino a Clarín. Y pidió reflexionar: “Por más perdido que vean a Sampaoli, ¿con qué cara los jugadores le pueden decir algo si ellos fueron un desastre? Ni siquiera Messi puede decirle hoy algo así al técnico porque él no estuvo en la cancha”.

Tres millones de versiones provenientes desde los lugares más insólitos. Los exitistas, los operadores, los que tejen otras cuestiones, se regocijan. La responsabilidad es de una Selección vacía de conducción, con un entrenador tan inestable como desorientado y con un capitán-ídolo que camina en el partido más caliente. ¿Cuánto vale el juramento para volver a creer en este equipo? Hoy, muy poco. La credibilidad ahora deberán recuperarla en la cancha.

Fuente: Lanación