La fuerte devaluación del peso acelera el aumento de la pobreza a un nivel pocas veces registrado

El salto de la cotización del dólar en los mercados libres, como el Contado con Liquidación fuera del país y el MEP o Bolsa que se negocia entre privados sin la intervención del Banco Central, de $200 que se intercambiaba entre fines de octubre y comienzos de noviembre de 2021, a más de $300 en la última semana, superó con creces al ritmo de la inflación, y más aún a la variación del promedio de los ingresos de los trabajadores en ese período, en particular a los que se desempeñan en actividades con baja influencia sindical, en negro y los cuentapropistas -autónomos y monotributistas-. Ese movimiento prenuncia un salto de la pobreza a más del 42% de la población como registró en el segundo semestre 2020, en plena pandemia de Covid-19 y derrumbe de la actividad productiva y comercial con el amplio Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, luego de la modesta baja posterior.

Usualmente el nivel de pobreza se calcula semestralmente sobre la base de la Encuesta Permanente de Hogares del Indec de ingreso de las familias y se la compara con el valor de la canasta básica total de bienes y servicios imprescindibles que surge del relevamiento mensual de precios para medir la inflación. El dato de la primera mitad de 2022 está previsto que se informe el 28 de septiembre -en más de dos meses-, en tanto que el del cierre del año se conocerá sobre fines de marzo próximo. En la Argentina de hoy ambas fechas parecen muy largo plazo.

De ahí que una medición alternativa, de aproximación -no sustitución- es el de la variación del PBI por habitante, porque se trata de un indicador que refleja la variación del ingreso real del conjunto de los factores de producción en pesos constantes, el cual el Indec informa mes a mes con un rezago de 45 días aproximadamente, a través del Estimador Mensual de Actividad Económica (EMAE). En mayo arrojó una modesta suba de 0,3% real respecto de abril y apenas 0,54% en 5 meses, a ritmo de 1,3% al año, similar a la tasa de crecimiento de la población que surgió del último Censo Nacional.

En 2021 el ingreso promedio por habitante fue de USD 10.658 millones, el cual salvo 2020, fue el más bajo en una década (WEO-FMI)

Y para facilitar la comparación con el resto del mundo, se lo convierte a dólares, que al tipo de cambio oficial significó en 2021 ingreso promedio por habitante de USD 10.658 millones, el cual salvo 2020, fue el más bajo en una década, según la estadística del Fondo Monetario Internacional, y cae mucho más si se toma la cotización del CCL o MEP que es más de una vez más alta, aunque en ese caso el proceso no es lineal, porque parte del salto cambiario se traslada a los precios y luego a los salarios, aunque con claro desfase hasta que es percibido por la EPH del Indec.

Sin embargo, el siguiente gráfico permite advertir con claridad cómo cada vez que en la Argentina ocurrió una crisis cambiaria-inflacionaria, el ingreso medio por habitante se derrumbó y la pobreza implosionó.

El PBI por habitante constituye una medida de la variación del grado de bienestar de la población, o de su deterioro, porque la variación del dólar no sólo afecta directamente a quienes operan con el resto del mundo, sino a todo el conjunto de consumidores, porque casi no hay producto final que no contenga algún insumo, producto o tecnología procedente de otros países.

En un mercado oficial tremendamente y mal regulado, con impuestos al comercio exterior: a las transacciones de exportación por doble vía: las retenciones y la brecha entre la cotización que fija el Banco Central y la que rige en los segmentos libres; y a los importadores que por los cupos crecientes deben acudir a los mercados alternativos para que sus clientes -en general empresas productoras de bienes y servicios- no paren la actividad y suspendan trabajadores, termina encareciendo tanto los productos transables como a los servicios locales, incluso los personales, y afectando el nivel de producción y el ingreso real de los trabajadores, jubilados y pensionados, y de las familias en general.

En un mercado oficial tremendamente y mal regulado, con impuestos al comercio exterior termina encareciendo tanto los productos transables como a los servicios locales

Lamentablemente, muchos economistas y hasta ministros, no entendieron y en la actualidad hay muchos que no comprenden que es “imposible vivir con lo nuestro”, en el mejor de los casos, como sostenía el siempre recordado economista de FIEL, Abel Viglione, a lo sumo se puede aspirar a “vivir con lo puesto”, y eso implica un sostenido deterioro de la calidad de vida, como lo percibe a diario un amplio sector de la población, y también lo refleja una serie de tiempo del ingreso medio real por habitante entre países que estaban igual o por debajo de la Argentina a comienzos de la década de 1980, previo a la Guerra de Malvinas, y hoy la equiparon y muchos la superaron con holgura.

La estadística es contundente y muestra la correlación perfectamente inversa entre la variación del PBI por habitante equivalente en dólares y la tasa de pobreza, aún en el período en que el Indec estuvo intervenido de hecho por parte de la Secretaría de Comercio y subestimaba la inflación y por tanto el nivel de pobreza, entre 2009 y 2015, principalmente, al punto que una de las primeras medidas del Gobierno de Cambiemos fue disponer un “apagón estadístico” y dejar sin completar los datos correspondientes a 2014 y 2015.

Tendencia general de retroceso

Para peor, en un país que tiene todo para evitar ese proceso, por la posibilidad de generar producciones en abundancia de lo que más demanda el mundo en la actualidad, como alimentos y energía, ambas actividades se desenvuelven muy por debajo de su potencial, por la carga de regulaciones, impuestos y hasta prohibiciones para exportar.

Según el Banco Mundial, “después de casi 25 años en que el número de personas que viven en la pobreza extrema -con menos de USD 1,90 al día- disminuyó constantemente, la tendencia se interrumpió en 2020, cuando aumentó debido a las alteraciones causadas por la crisis de la Covid-19 y los efectos de los conflictos y el cambio climático.

Después de 25 años en que la población en pobreza extrema -menos de USD 1,90 de ingreso al día- disminuyó constantemente, la tendencia se interrumpió en 2020 (Banco Mundial)

Y destaca el BM en un informe en su página de internet: “La disminución de los ingresos, la pérdida de puestos de trabajo y los ceses laborales durante la pandemia fueron especialmente perjudiciales para los hogares pobres. Las mujeres, los jóvenes y los trabajadores informales y de bajos salarios, en particular aquellos que viven en zonas urbanas, se encontraban entre los más afectados. La desigualdad aumentó tanto dentro de los países como entre ellos, causando impactos a largo plazo en el acceso a las oportunidades y la movilidad social”, fenómeno que se observó con claridad en la Argentina, históricamente un país con ingresos superior a la media del planeta, y muy por arriba del de sus vecinos, pero en las últimas décadas eso cambió, por el estancamiento de la actividad económica y de la falta de generación de empleos privados asalariados registrados. Y más recientemente, con la aceleración de la inflación y la instrumentación de restricciones crecientes al pago de importaciones y de obligaciones financieras con el resto del mundo.

El informe del BM agrega que “aunque la pobreza mundial ha retomado recientemente su trayectoria descendente observada antes de la pandemia, entre 75 y 95 millones de personas más podrían vivir en la pobreza extrema en 2022 en comparación con las proyecciones previas al Covid-19, debido a los efectos persistentes de la pandemia, la guerra en Ucrania y el aumento de la inflación”.

Según el estudio, “la inflación inducida por el precio de los alimentos puede tener un impacto particularmente devastador en las familias pobres. Una persona típica de un país de ingreso bajo gasta alrededor de dos tercios de sus recursos en alimentos, mientras que una persona típica de un país de ingreso alto gasta cerca de un 25%”, nuevamente la Argentina se acercó aceleradamente al primer grupo, cuando poco más de una década antes no llegaba al 47%, según el ponderador que utiliza el Indec para la medición de la inflación, a partir de la composición de la canasta promedio de gasto de los hogares.

La inflación inducida por el precio de los alimentos puede tener un impacto particularmente devastador en las familias pobres (BM)

Alerta el Banco Mundial, que “con frecuencia, los gobiernos pueden mitigar el impacto del aumento de la inflación en las familias pobres a través de políticas de protección social. Sin embargo, a diferencia de períodos anteriores de inflación elevada de los precios de los alimentos, las finanzas públicas se han agotado debido a diversas medidas fiscales promulgadas a lo largo de la crisis de la Covid-19. En el caso de las economías que aún se tambalean por la pandemia, las presiones inflacionarias no podrían haber llegado en peor momento”, como es el caso argentino en que se intenta paliar el fenómeno con la propuesta de una ley de Salario Básico Universal, pese a que ha fracasado en la mayor parte de los países que intentaron instrumentarlo.

Y concluye: “Investigaciones sugieren que, casi con toda seguridad, los efectos de las actuales crisis se harán sentir en la mayoría de los países hasta 2030″, y la Argentina no parece la excepción, por cuando sus políticos siguen sin generar políticas de consenso para superar el largo ciclo de estancamiento con alta inflación, a diferencia de muchas naciones que también han pasado por crisis económicas y severas a lo largo del último medio siglo, y que estaban por debajo del nivel de PBI por habitante, hoy registran un ingreso medio superior, como son los casos de Israel y Grecia, entre otros.

Fuente: Infobae

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