La AMIA no era el objetivo principal. Paso a paso, la historia secreta del ataque a la AMIA

Los otros objetivos descartados, la logística y comando suicida El plan, las alternativas y la decisión de atacar. El rol clave del delegado cultural de Irán, Mohsen Rabbani. Las llamadas a Foz de Iguazú y Líbano.

En un principio el objetivo a destruir no iba a ser la sede central de la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA). Uno de los clérigos de la República Islámica de Irán, Mohsen Rabbani, a la vez influyente y paciente delegado del Ministerio de Inteligencia de su país en Buenos Aires, propuso que el ataque con bomba sea contra una importante sinagoga porteña. La segunda opción fue un centro deportivo y cultural perteneciente a la comunidad judía. Rabbani finalmente impuso a la AMIA como nuevo objetivopara generar el terror y la muerte en la Argentina y en toda la región, su zona de influencia desde que viajó a nuestro país y las naciones vecinas en 1983, por orden de sus jefes. Esto se desprende de información obtenida de fuentes de agencias de inteligencia occidentales y de la propia investigación judicial.

El clérigo convenció al resto de los jefes políticos de la República Islámica de Irán en un reunión que mantuvo con ellos y con líderes de la agrupación terrorista Hezbollah, en la ciudad iraní Mashhad. Según probó la Justicia de la Argentina, en ese encuentro estuvieron el líder supremo de Irán, ayatolá Ruhollá Jomenei, quien murió años después; el entonces presidente de ese país, Alí Rafsanyani; el titular del Ministerio de Inteligencia, Alí Fallahian; el Ministro de Relaciones Exteriores, Alí Velayati; el comandante de los llamados Guardianes de la Revolución, Mohsen Rezai; y el comandante de Al-Quds, la brigada para acciones internacionales de guerra de Irán, Ahmad Vahidi.

Los representantes de Hezbollah fueron el comandante de la Unidad de Atentados en el Extranjero, Imad Mughnya, y su subalterno, Talal Hamya.

Luego, el secretario General de Hezbollah, Hassan Nasrallah, quedó a cargo de los detalles del operativo.

El plan para atacar con una bomba por segunda vez en Buenos Aires se inició en Mashhad y tuvo una importancia tal para sus ideólogos que muchos de ellos actuaron directamente en Buenos Aires.

Tal fue el caso de quien fue designado Comandante de la Operación, Hussein Ahmad Karaki, apodado Saad Az Aldin, Rami y Abu-Alil, siempre de acuerdo a esas fuentes.

Se trata de un importantísimo miembro de Hezbollah, formación que acaba de ser declarada terrorista por un decreto firmado por el presidente Mauricio Macri.

La célula que armó la “logística” fue integrada principalmente por Salman Raouf Salman, conocido como Salman El Reda Reda.

Fue quien coordinó el ataque a la AMIA, recogió parte de los explosivos que 1992 se habían escondido en el Parque Centenario bajo tierra, y también se ocupó de controlar la compra de la camioneta Traffic que se usó como vehículo para hacer explotar la bomba de Amonal frente a la sede de la AMIA.

El Reda, con pedido de detención internacional de Interpol, acompañó al conductor suicida, Ibrahim Berro, caminando a conocer las cuadras que recorrería el día de su muerte, y la de otras 85 personas.

Quien armó el explosivo fue la misma persona que se había encargado de la bomba que en 1992 voló la sede de la embajada de Israel en Buenos Aires, Malek Obeid. Lo acompañó en esa misión su discípulo, Najm El-Din.

Otro alto jefe de Hezbollah, Khaled Muhamman Kassem JKassem, fue parte de los activistas operativos.

Las acciones se habían dividido, entonces, en tres grupos.

Uno se instaló en la ciudad brasileña de Foz de Iguazú, donde se centralizaron las comunicaciones que se fueron generando entre quienes actuaron como activistas “operativos” en la Capital Federal. Y los que conformaron la llamada “logística”.

Todos trabajaron por separado pero uniéndose en puntos cruciales de una operación planeada con casi un año de antelación.

Una de las acciones principales que cumplieron los yihadistas en la Argentina, de forma secreta y confidencial, fue la reunión de información respecto a los movimientos alrededor de la AMIA.

La compra del vehículo-bomba.

El financiamiento del atentado comenzó con un giro de 150 mil dólares que el Ministerio de Inteligencia de Irán transfirió a cuentas de Rabbani. Esas operaciones fueron probadas por el fiscal de la Unidad AMIA, Nisman.

Rabbani retiró de inmediato alrededor de 94 mil dólares.

Los “operativos” también se ocuparon de realizar con éxito la entrada clandestina a nuestro país de la gran cantidad de urea, el material que se usó con otros químicos para volar la AMIA. Los explosivos habrían sido el TNT y el C-4 que otro miembro de la Yihad Islámica había escondido en el Parque Centenario años atrás, cuando Hezbollah atacó la sede de la embajada de Israel.

Para quienes investigaron el caso para agencias de Inteligencia de países de Occidente, y también para los espías de más alto rango de la Argentina, la hipótesis más firme es que la compra de la mayor parte de los explosivos fue realizada en Colombia o en Brasil, donde los yihadistas habían abierto empresas “pantalla”, como Sandboard.

Sueltos en Buenos Aires y pensando únicamente en la explosión de la AMIA, pasaron varios meses, entonces, los diferentes miembros de Hezbollah que viajaron aquí por orden y bajo control y financiamiento del Gobierno de Irán.

Estaban sueltos pero a la vez no. Los integrantes de las diferentes células informaban a una central de comunicaciones instalada a propósito de este plan en la ciudad de Foz de Iguazú, Brasil. Los altos mandos de Hezbollah se informaban sobre cada detalle, cada novedad que acontecía entre los autores ideológicos y materiales de lo que sería el atentado contra la AMIA. Desde Foz de Iguazú esa información se triangulaba hacia El Líbano, donde se encuentra el cuartel general de Hezbollah.

Tal como consta en dictámenes del fallecido fiscal Nisman, la llegada al país de los miembros de la “Yihad Islámica” se comunicaba a Foz de Iguazú.

Se registraron llamadas con pocos minutos de diferencia cuando arribaron a un aeropuerto Obeid y Nejam Aldin.

Lo mismo pasó cuando la camioneta Traffic se estacionó por primera vez en el garage llamado Jet Parking, el viernes anterior al atentado, sin explosivos en su interior.

Desde un teléfono que había comprado el clérigo Rabbani se comunicaron con Foz de Iguazú.

El miembro de Hezbollah que hizo entrar al país y lo acompañó en sus días finales al suicida Ibrahim Berro se llama Fuad Ismail Amin Tormos. Ambos habían entrado a la Argentina de modo clandestino desde Foz de Iguazú.

Clarín accedido a esta información gracias al aporte de fuentes de agencias de Inteligencia de países occidentales que trabajaron para intentar revelar la historia incompleta del atentado a la AMIA. Esos datos se chequearon con ex y actuales agentes del espionaje local que trabajaron en los primeros días del atentado para intentar dilucidarlo.

Y también en base al expediente AMIA y las resoluciones del fiscal Nisman, que logró que Interpol emita alertas rojas de detención contra la gran mayoría de las autoridades políticas de Irán que estuvieron presentes en la reunión de Mashhad, y contra otros protagonistas de esta historia.

El iman Mohsen Rabbani, consejero cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires cuando ocurrió el ataque a la AMIA, en cuya organización habría sido pieza clave.

El iman Mohsen Rabbani, consejero cultural de la embajada de Irán en Buenos Aires cuando ocurrió el ataque a la AMIA, en cuya organización habría sido pieza clave.

Si bien la familia del suicida Berro intentó negar que éste haya manejado la Traffic contra la AMIA -según su versión, había muerto en otro atentado en El Líbano- lo cierto es que un periódico de ese país informó que se había realizado un homenaje a su hermano, a él y a su padre porque éste último había procreado a “mártires” del Islam.

En esa ceremonia estuvo presente el secretario general de Hezbollah, Nasrallah.

Berro se inmoló, pero en la Argentina, dicen las fuentes de Inteligencia del extranjero.

¿Quién compró realmente la Traffic que se usó para volar la AMIA?

En Clarín, un pista muy firme sobre ese enigma crucial se desarrollará en la próxima nota.

Fuente: Clarín