Es la mayor congregación religiosa del planeta

El festival Kumbh Mela, alcanzó este lunes su punto álgido con el día más auspicioso para que millones de peregrinos bañen sus pecados en la confluencia (sangam) de los ríos sagrados Ganges y Yamuna y el mítico Saraswati.

Todo ocurre en los márgenes de Prayagraj, una ciudad norteña de la India conocida hasta hace poco como Allahabad.

Es tanta la cantidad de gente que se formó una interminable urbe paralela de carpas con peregrinos hindúes que llegaron de todas las partes del país y del extranjero.

«Sirve para limpiar en un solo día cualquier negatividad del cuerpo», dice Arvind Duwarma, con el pelo aún húmedo: recién salió de su baño ritual.

Devotos, contentos, en las aguas sagradas. (Reuters)

Devotos, contentos, en las aguas sagradas. (Reuters)

Participar en el Kumbh Mela «ayuda a evitar hacer cosas malasque no benefician ni a los humanos ni a la humanidad», afirma Duwarma, que es ingeniero, viajó solo y se encontró rodeado de una multitud que luchaba por entrar o salir de las gélidas aguas.

Es frecuente ver a personas con bidones blancos: se llevan agua del río sagrado para usar en sus rezos al llegar a casa. También muchos hombres cargan su ropa interior a la espera de que seque.

Muchos religiosos eligen el chapuzón sin ropa. (EFE)

Muchos religiosos eligen el chapuzón sin ropa. (EFE)

Las autoridades del estado de Uttar Pradesh, donde se encuentra Prayagraj, calculan que unas 150 millones de personas participan del festival, que comenzó el 15 de enero y culminará el próximo 4 de marzo.

En 2017 la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) sumó el evento a su lista de patrimonio inmaterial de la humanidad.

Esta edición se denomina Ardh Kumbh y se celebra cada 6 años. Hay una incluso más grande: Maha Kumbh va cada 12 años y la última fue en 2013.

Hay 32 kilómetros cuadrados para acomodar a peregrinos, turistas y los sadhus, esos ascetas o monjes hindúes cubiertos de ceniza.

Un "sadhu" y su pájaro, tras sumergirse. (Reuters)

Un «sadhu» y su pájaro, tras sumergirse. (Reuters)

El Gobierno estatal (en manos del partido nacionalista hindú Bharatiya Janata Party, del primer ministro Narendra Modi) desembolsó para la organización casi 600 millones de dólares a fin de batir todos los récords de asistencia hasta la fecha, según afirmó el ministro de Finanzas Rajesh Agarwal a la agencia local PTI.

A menos de 4 meses para las elecciones generales (son en abril) las intenciones del BJP han despertado las suspicacias en la oposición y analistas.

Junto a uno de los 22 puentes flotantes instalados especialmente para permitir el paso de peregrinos de una orilla a otra, ese juego político preocupa poco a Sharam, de 34 años.

«Los preparativos del Gobierno están muy bien. Estamos disfrutando. Vinimos en un grupo de 8 y la estamos pasando genial», dice.

Según la leyenda, agrega, Prayagraj es 1 de los 4 lugares donde se derramó el néctar de la inmortalidad de un kumbh o jarro que se disputaban dioses y demonios, junto con Haridwar, Ujjain y Nashik, que albergan de manera rotativa la festividad cada cierto número de años.

Por eso bañarse ahí durante el Kumbh Mela libera de los pecados acumulados durante toda una vida.

Fumando en la procesión, antes de mojarse. (EFE)

Fumando en la procesión, antes de mojarse. (EFE)

El Kumbh Mela es también un momento de reunión para los sadhus que pertenecen a las 13 akhara o sectas de ascetas más importantes de la India. Pasan el día meditando y saludando a visitantes a cambio de unas rupias.

Los más sedientos de atención atraen a la multitud con trucos, como uno cubierto de ceniza que enrolla seriamente su pene en un bastón. O ese que, también completamente desnudo, se balancea en una hamaca y bendice a quien le pasa cerca.

Caravana de "sadhus" rumbo a las aguas sagradas. (AFP)

Caravana de «sadhus» rumbo a las aguas sagradas. (AFP)

En los márgenes se agolpan vendedores de todo tipo, desde los tradicionales puestos de té y comida hasta comercios de mantas y herramientas de cocina, almohadones inflables y verduras.

As Kumar, un rajastaní de 53 años, está al frente de una carpa donde descansan decenas de peregrinos. Pero no llegó al festival para vender: dirige un equipo que sirve gratuitamente unas 1.000 comidas al día como parte de las actividades de su congregación religiosa.

«Y a la tarde damos miles de tazas de leche ─cuenta─. Acá atendemos a todo el mundo.»

Cubierto de ceniza, listo para la ceremonia. (AFP)

Cubierto de ceniza, listo para la ceremonia.

 

Fuente: Clarín

Please follow and like us:
Tweet 20