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El misterio que envuelve a la selección argentina: ¿qué le pasa a Messi?

Messi busca como escapar de su turbación, la que lo mantiene distante hasta de sus compañeros 

BRONNITSY, Rusia.- “Está ido.” “Está nocaut.” “Está mudo.” Un compañero, un integrante del staff técnico y otro de la nutrida delegación argentina en esta ciudad describen así a Lionel Messi . El capitán de la selección , que había pasado como un fantasma por la noche de Nizhny Nóvgorod, volvió aquí con el mismo semblante que tenía antes de partir hacia la derrota. Está callado, abrumado y, lo peor, nadie da con el diagnóstico correcto. ¿Será aquel penal contra Islandia la curiosa causa de su mutismo? ¿El déjà vu de verse otra vez en un escenario tan desfavorable con esta camiseta? ¿Una razón completamente ajena a este juego que tan bien juega, aunque el último episodio haya sido una desmentida rotunda de su talento impar? Una serie de hipótesis se acumulan, entre lógicas y disparatadas, pero eso es anécdota. Lo concreto, y más complejo, es el desconcierto que el insondable carácter del 10 provoca en las rutinas diarias del plantel. “Es que no sabemos qué le pasa”, dice ese mismo integrante de los 23 convocados. Y si Messi no está bien, no hay carambola nigeriana que alcance para salir del fango en el que se empantanó la selección en el Mundial . ¿Será el punto de partida de su relanzamiento esos gestos de distensión que por fin mostró hacia la noche, tras una reunión grupal que incluyó a todos los actores del asunto? De ese hilo se toman allí adentro, con la esperanza de que el sol del sábado traiga algo de luz.

El mate y las galletitas eran el menú que acompañaba las imágenes que mostraban al Musa inspirador de ilusiones. “Se aflojaron, ahora el clima cambió”, contaba alguien de la delegación que fue testigo de cómo las caras fueron mutando con los goles de Nigeria. Tanto que, tras el partido, algunos bajaron al primer piso, más animados, mientras charlaban sobre lo que acababa de pasar. Ahí andaban Mercado, Acuña, Enzo Pérez y Willy Caballero, por ejemplo. El arquero, el más apuntado desde afuera por su clamoroso error ante Croacia, también encontraba un motivo al cual asirse: ahora, la clasificación a octavos de final se convirtió en un proyecto alcanzable, aunque haya que trabajar mucho hasta el martes para darle forma.

“De acá salimos todos para adelante”, bajaron el mensaje del staff técnico, como si ese encuentro hubiera generado las señales positivas que tanto escasearon en toda la semana, desde el minuto posterior al empate contra Islandia en Moscú. Solo el tiempo dirá si en ese mitín general se cocinó una refundación o si apenas se dio otro paso hacia el fracaso de una eliminación en primera ronda. Como sea, pareció lo indicado: se trata de generar dinámicas nuevas que corten con la espiral negativa. En el análisis sobre la diluida versión de Messi ante Croacia, el enfoque del entrenador lo seguía exculpando: “No construimos juego para él”, repetían todavía. Ni una palabra que destacara la falta de rebeldía ante la adversidad que el mejor futbolista del planeta había retratado en Nizhny.

No hay promesas sobre el futuro que los futbolistas puedan hacerles a los diligentes empleados, mientras dure este trance que la selección atraviesa. Solo existe una pequeña sensación de alivio, que se posó sobre las cabecitas cuando el oxígeno nigeriano entró por la ventana. Cómo incorporarlo a los pulmones será la tarea de los próximos días, antes de presentarse al examen más intimidante de la Copa.

El capitán está callado, abrumado, lejos de la vista de los demás, y lo peor es que nadie da con el diagnóstico; el operativo reconstrucción necesitaba de la ayuda de un factor externo y, entonces, apareció la victoria de Nigeria

El capitán está callado, abrumado, lejos de la vista de los demás, y lo peor es que nadie da con el diagnóstico; el operativo reconstrucción necesitaba de la ayuda de un factor externo y, entonces, apareció la victoria de Nigeria

Fuente: La Nación