El libro de la ex Presidenta: Los sincericidios de Cristina

En la ópera prima de Cristina Kirchner abundan las inexactitudes y afirmaciones que demuestran la confusión entre lo público y lo privado. Y revelaciones asombrosas sobre sus familiares.

Sinceramente. Cristina Fernández de Kirchner. Penguin Random House Grupo Editorial S.A. 594, págs.

Capítulo I. Título: “Sinceramente”.

En la primera página de la ópera prima literaria de la ex presidenta, la narración ya choca con la cualidad que le da espíritu al libro, o que intenta hacerlo. La sinceridad. Según el filósofo griego Aristóteles, un hombre de honor “es sincero tanto en su vida como en su lenguaje”. La ex presidenta, best seller política, al menos exagera en primera instancia total una situación personal delicada, pero que los hechos desmienten.

Dice Cristina que su hija Florencia está en Cuba porque se trata allí un enfermedad no especificada, pero que fue generada por el “brutal estrés” porque es “perseguida” por el poder. “Es muy terrible para una joven ser acusada de haber ingresado a una asociación ilícita” el día que murió su padre debido a que en Argentina país los hijos se transforman en “herederos forzosos por ley, “no porque quieren”. Y sigue: “Los derechos de mi hija fueron sistemáticamente vulnerados, desde lo judicial, lo mediático y lo político”, redactó en su libro la ex presidenta, denunciando así en una severa acusación de la falta de institucionalidad en la República.

No enumera pruebas sobre esa grave afirmación. Los hechos son los hechos. Florencia Kirchner merece respeto por estar enferma, según consta en su historia clínica presentada ante los tribunales orales que la juzgarán en dos juicios por casos de corrupción. Pero fueron tres jueces de primera instancia, junto a cuatro fiscales, sumados a tres magistrados de la Cámara Criminal y Correccional Federal de Apelaciones, y otros tres de la Cámara Federal de Casación Penal, quienes ratificaron que la hija de la autora de “Sinceramente” debía llegar a la instancia de juicio oral procesada por el delito de lavado de dinero.

No es cierto que ella fue imputada el 27 de octubre del 2010, el día que murió su papá, Néstor Kirchner. Florencia fue imputada en la causa conocida como “Hotesur”, que investigó el flujo del dinero de los alquileres del hotel propiedad de los K llamado “Alto Calafate”, en el 2014. Fue luego de una denuncia presentada por la entonces diputada Margarita Stolbizer y su abogada, Silvina Martínez, ante el primer juez que tuvo el caso, Claudio Bonadio, removido de su puesto en pleno apogeo de Gobierno de los Kirchner.

La hija de Cristina fue después imputada el 4 de abril del 2016 en el caso llamado “Los Sauces”, el mismo nombre que tiene una inmobiliaria de los Kirchner que funcionó de modo irregular, según constataron las autoridades judiciales antes enumeradas.

Respecto a “Hotesur”, Florencia Kirchner no fue ni imputada ni procesada por ser solo heredera de los bienes de su padre. Fue ella, de modo voluntario, quien aceptó ser inscripta como directoria suplente de la sociedad Hotesur S.A, que controlaba el Alto Calafate, de la cual ella era, al mismo tiempo, accionista.

La tapa y contratapa del libro de Cristina Kirchner, "Sinceramente".

La tapa y contratapa del libro de Cristina Kirchner, «Sinceramente».

En cuanto al caso “Los Sauces”, la hija de Cristina también de modo voluntario, fue registrada como vicepresidenta de esa inmobiliaria, de la que incluso dijo ser también empleada por lo que cobraba un sueldo. Tanto en “Hotesur” como en “Los Sauces” los inquilinos que le hicieron ganar dinero a la familia K eran contratistas de obra pública que controlaba la gestión K. Al ser vicepresidenta de “Los Sauces”, Florencia firmó actos societarios de esa empresa y usufructuó el dinero que se generaba por los dividendos de la compañía y por su salario.

Tanto Florencia, como Máximo, su madre, y el resto de los imputados y procesados, tuvieron el derecho, y así lo hicieron, de apelar ante todas las instancias judiciales posibles. Se insiste, en el caso de “Hotesur”, la causa se inició cuando Cristina era la Presidenta de la Nación.

Respecto a los supuestos derechos políticos avasallados de Florencia y Máximo, hay constancias de que eso no pasó: ambos pudieron votar como cualquier ciudadano. Sobre los “derechos mediáticos”, ninguno de los códigos que rigen a la Justicia hacen referencia a tal instancia.

El libro “Sinceramente” explica en su tercera página que esta ópera prima literaria de Cristina Fernández trata, “entre otras cosas”, de esa supuesta “persecución que han hecho” sobre Florencia y que “la ha devastado…”.

La ex presidenta agrega luego en el siguiente párrafo, quizás con cierta contradicción con lo antes dicho, que “Sinceramente” no es una obra autobiográfica ni tampoco una enumeración de logros personales o políticos: “Es una mirada y reflexión retrospectiva para desentrañar algunos hechos y capítulos de la historia reciente y cómo han impactado en la vida de los argentinos y en la mía también”.

El libro tiene innumerables anécdotas contadas en primera persona por la ex presidenta. Hay novedades y revelaciones. La autora siempre tiene la centralidad en su relato en letras de molde.

Fue Cristina la que no quiso entregarle los atributos de mando a su sucesor, Mauricio Macri, e incluso admite que en caso de verse obligada a hacerlo tenía pensado dejarle la banda y el bastón en un escritorio del Congreso frente a toda la Asamblea Legislativa para entonces irse sin cumplir su función.

También fue ella la que definió “todos y cada uno de los colores de las paredes, las telas, los cortinados y de los tapizados de lo sillones” de una Casa Rosada que se jacta de haber restaurado de modo personal.

Son solo algunos de los muchos ejemplos que la autora de “Sinceramente”, en este caso siendo sincera, demuestra que fue consciente al mezclar los bienes del Estado como si fueran propios.

En una escena que llama la atención del lector acostumbrado a libros de políticos que hablan de la cosa pública separada de las cuestiones humanas de los representantes políticos elegidos por el voto popular, Cristina cuenta, con tono de drama, que todos los días, siendo Presidenta, se levantaba con “dolor de estómago”. Sufría pensando “qué cosas iban a hacer contra nuestro gobierno o a inventar sobre mí, con qué nos iban a agredir”. Y agrega que tuvo que “soportar” diferentes crisis políticas y económicas, nacionales y mundiales, sumadas a las “mentiras” que según ella se propalaban sobre su figura y su familia. Es decir, su concepción de la gestión no parecía estar enfocada en los padecimientos de la sociedad, o en la energía positiva para solucionar sus problemas: más bien se enfocaba en la defensa de agresiones y conflictos cuya cosmovisión era tratada desde el punto de vista personal.

En el libro “Sinceramente”, Cristina habla por primera vez en pública del caso de corrupción Ciccone, es decir, la apropiación de la imprenta de billetes privada que llevaba ese nombre, una causa por la que está preso su último vicepresidente, Amado Boudou.

Según su versión, su compañero de fórmula y Gobierno fue atacado por haber estatizado las AFJP. Y, dice, entre otras cosas, que expropió Ciccone porque ahí se imprimía papel moneda nacional. Ese proceso de impresión fue decidido por ella misma una vez que los nuevos dueños de Ciccone ya eran investigados por corrupción y, paradójicamente, por lavado de dinero, tanto en la Argentina como en Uruguay.

También critica la investigación del juez Claudio Bonadio, y el fiscal Carlos Stornelli, conocida como la causa “Cuadernos”. Insiste en que el remisero del ministerio de Planificación Federal, Oscar Centeno, no escribió nunca anotación sobre el reparto de bolsos y que solo la Justicia se guió por fotocopias de los célebres cuadernos de su viaje, bitácoras de la corrupción.

Lo cierto es que hay al menos seis testigos que declararon bajo juramento que Centeno redactó los detalles del sistema de recaudación ilegal de coimas. Además de que el expediente suma más de treinta arrepentidos, entre empresarios que confesaron pagar sobornos y ex funcionarios de su confianza que admitieron haberlos cobrado.

Cristina también aclara varias veces que junto a Kirchner llegaron a la función pública siendo millonarios en dólares.

Si se toma su entrada al poder cuando realmente fue, es decir, cuando Kirchner ganó la intendencia de Río Gallegos en 1987 y fue de modo sucesivo gobernador de Santa Cruz, y Presidente, mientras su esposa era legisladora provincial, diputada y senadora nacional y luego también Presidenta, la fortuna de su familia creció de modo inexplicable.

Cristina alude a procesos penales en los que fue sobreseída tras ser “investigada” por enriquecimiento ilícito. Justamente su ex contador, Víctor Manzanares, confesó que las declaraciones juradas de los Kirchner estaban bien hechas para el público, pero jamás el matrimonio podría haber justificado los montos exorbitantes que recibían de dinero por el alquiler de sus múltiples inmuebles, y por favores que le hacía, además, su socio en los papeles, Lázaro Báez. Incluso el propio Manzanares admitió que él mismo fue convocado por Néstor Kirchner para que escuche instrucciones del juez que los investigaría por este tema, Norberto Oyarbide, para que el proceso termine como terminó: con un rápido sobreseimiento.

Las verdades a medias, la falta de sinceridad o directamente las mentiras groseras que se narran en “Sinceramente” son muchas más.

Un ejemplo: la ex presidenta asegura que nadie de su familia ni de sus funcionarios fueron descubiertos en la investigación de Panamá Papers siendo titulares de empresas off shore no declaradas. Basta googlear para descubrir que el ex secretario privado de los Kirchner, Daniel Muñoz, aparece como titular de compañías radicadas en varios paraísos fiscales que fueron reveladas por esa pesquisa. Lo admitió hasta su viuda, Carolina Pochetti. Muñoz, según el contador de los Kirchner, quien admitió ser su «testaferro», manejó una fortuna de más de 500 millones de dólares.

Fuente: Clarín