El futuro próximo del made in Argentina, ¿cómo le irá a la industria en 2018?

Juan Sosa es tucumano, pero vive hace casi tres décadas en el conurbano bonaerense. Trabajó 27 años como oficial tornero en la metalúrgica Futura, una pyme que fabrica tapas de cierre rápido y bridas para la industria petrolera en Lomas de Zamora. La firma exportaba a varios mercados, hasta que en 2014 vino el derrumbe del precio del crudo, y se generó una ola de despidos a nivel mundial.

Si Sosa hubiera trabajado en el sector metalmecánico, fabricando tractores, tolvas o cosechadoras el panorama sería muy distinto. O si trabajara en una de las muchas autopartistas del conurbano, también estaría en otra situación.

Esos sectores mencionados son parte de los que empezaron a ver una recuperación en los últimos tiempos. El año pasado, la producción industrial argentina tuvo un avance del 1,8% en promedio: seis ramas industriales que monitorea el Indec tuvieron un crecimiento y otras seis, cayeron.

“La industria automotriz empezó a sentir el despertar de Brasil, que en la última parte de 2017 empezó a crecer luego de una de sus peores crisis económicas”, explicó a LA NACION, Diego Coatz, director ejecutivo y economista de la Unión Industrial Argentina (UIA).

Otros sectores siguieron en caída, como el de productos textiles o electrónicos y la industria alimenticia. “En general, aquellos sectores con mano de obra intensiva son los que siguieron cayendo”, analizó Lorenzo Sigaut Gravina, director de Ecolatina.

Se percibe que hay inquietud a largo plazo. Hay una comprensión hacia el Gobierno, por entenderse que no fue el responsable de generar los problemas de competitividad que arrastra la economía argentina. ¿Qué se le reclama? Más rapidez en la baja de impuestos, menos atraso cambiario y una política menos aperturista.

Desde el Gobierno dicen que no hay apertura indiscriminada. Pero los sectores vinculados a los no transables son a los que mejor les fue en 2017. El déficit comercial industrial en el comercio exterior llegó el año pasado US$48.000 millones el año pasado, una verdadera aspiradora de divisas que por ahora se compensa con los dólares que entran por emisión de deuda o inversiones financieras.

El dato más sensible de la situación es la destrucción de empleo.Desde 2016 se perdieron 70.000 puestos de trabajo en la industria: unos 50.000 en el primer año y 19.301 en 2017, según datos de la UIA basados en información del Ministerio de Trabajo.

Quizás el mejor diagnóstico del sector industrial argentino es el que hizo Cristiano Rattazzi, presidente de Fiat Chrysler Argentina, el miércoles último en Córdoba. El empresario expresó su confianza en la “hoja de ruta” de Mauricio Macri, quien estaba a su lado, pero dejó un mensaje: “No podemos seguir exportando impuestos que nos descolocan para ganar mercados”.

Industria automotriz

Rumbo al millón de unidades producidas

El sector automotor generará las mejores noticias en la industria argentina para este año. La producción se expandirá a tasas de dos dígitos por primera vez en siete años, estimó la consultora Abeceb. Según los datos del Estimador Mensual Industrial (EMI) elaborado por el Indec, en 2017 la producción del rubro cerró con una suba anual de 5,4%

El miércoles último, el presidente Mauricio Macri estuvo en el complejo industrial de la empresa Fiat, en la localidad cordobesa de Ferreyra, acompañando el lanzamiento del modelo Cronos, que se exportará a varios mercados, más allá de Brasil. “Vamos camino al millón de unidades, que es importante no por el número, sino por los empleos que hay detrás”, dijo el mandatario, cuya familia se dedicó a la fabricación de los modelos de la marca italiana en los 80 y 90.

Según estimaciones de la Asociación de Fabricantes de Automotores (Adefa), la producción de la industria automotriz crecerá alrededor de 20% en 2018, con unas 565.000 unidades (en 2017 fueron 472.158), mientras que las exportaciones se incrementarán un 43%. El plan es alcanzar el millón de unidades pronosticado por el Presidente en 2023.

El mercado interno viene aún mejor. Se vendieron 883.802 autos en 2017 también según Adefa, una cifra que es un 22,5% superior a la del año previo. Es algo que se percibe a simple vista, con solo salir a la calle. Pero lo cierto es que muchas unidades fueron importadas, lo que tiene que ver con el régimen de intercambio con Brasil y qué se fabrica en cada país.

Una de las buenas noticias del año que pasó fue que Brasil se empezó a recuperar después de cuatro años consecutivos de caídas. “Brasil tracciona: se vendieron 2,2 millones de autos el año pasado con un crecimiento de casi 10%”, dijo Lucio Castro, secretario de Transformación Productiva del ministerio de la Producción. En 2017 y según consigna el informe sobre industria del Indec, Brasil fue el principal comprador en el mercado externo, con el 65% de las ventas de automotores. También se destaca allí que hubo un crecimiento de las ventas con otros destinos, “como países de América central, Perú y Chile”.

El de las automotrices es uno de los pocos sectores industriales donde se puede decir que hay lluvia de inversiones. “Se anunciaron US$5000 millones en inversiones para los próximos años en nuevas líneas de producción o en autopartistas”, señaló el funcionario. Solamente la línea del Cronos, según explicó, tiene previstos desembolsos por US$500 millones, además de la instalación de cuatro autopartistas nuevas y 1000 puestos de trabajo directos.

“Hay un fuerte crecimiento esperado para la industria automotriz, gracias a la maduración de las inversiones realizadas en los últimos años, con nuevo lanzamientos y mayor inserción internacional, y potenciada por la recuperación de Brasil. Esta rama tendrá una expansión del 13% y aportará un tercio del crecimiento de la industria”, consideró el economista Dante Sica, director de Abeceb.

Otro dato que pone contento al Gobierno es que una buena parte de los autos que se ensamblan están vinculados al mundo productivo. “Cambió el mix y se producen más utilitarios que autos medianos”, explicó Castro, que tiene a su cargo la elaboración del Monitor de la Economía Real, en el que se usan los colores del semáforo para visualizar -rápidamente-, qué sectores están bien y qué sectores, no tanto.

Si los autos tienen color verde, otro tanto pasa con las autopartes. “Fue importante la sanción de la Ley de Autopartes”, analizó Diego Coatz, director ejecutivo y ex jefe del departamento de economía de la Unión Industrial Argentina (UIA). Esta norma, aprobada a fines de 2016, incorpora incentivos fiscales para las terminales que incorporen más piezas nacionales a los automóviles que ensamblan.

Sector metalmecánico

Avances con el empuje del campo

La industria metalmecánica pasa por un buen momento en la Argentina desde que el nuevo Gobierno le sacó “la bota de encima al campo”. ¿De qué hablamos, cuando hablamos de la rama fabril metalmecánica? De la producción de tractores, cosechadoras, tolvas, rastrillos, y muchos otros insumos que se producen en general en empresas que son medianas, pequeñas y hasta en talleres en los que trabajan tres o cuatro herreros.

En el sector también hay empresas de mayor magnitud, claro, como Agrometal, Pauny, Vassalli, John Deere, Pla o CNH. Todas esas firmas están en niveles récord de producción y tienen en carpeta planes de inversión para aumentar la capacidad instalada de sus plantas.

“El sector metalmecánico es el de mejor performance; tiene un nivel de producción récord y ventas récord. Impactaron de lleno medidas como la quita de retenciones a las exportaciones”, afirmó Lucio Castro, secretario de Transformación Productiva.

El potencial productivo del campo y el ingenio argentino para inventar soluciones aplicadas a la producción agrícola se combinaron de una manera especial en este sector y generaron resultados sorprendentes, algunos no muy conocidos.

“Han venido de Japón a estudiar las máquinas cosechadoras de té que se hacen especialmente para nuestra geografía, la Argentina tiene un potencial único”, contó Carolina Okulovich, de la familia propietaria de Don Basilio, la primera exportadora de té de la Argentina con una planta en Oberá, provincia de Misiones.

En 2017 la producción de este rubro creció un 8,5% según el Indec, que aclara en su informe que, además de la maquinaria agrícola, incluye la línea blanca de productos.

Actividad forestal

Un segmento con potencial en el país

Sacando de la consideración al campo, pocos sectores productivos de la Argentina demuestran tanto el antagonismo entre las políticas K y las políticas M como el forestal. De un Néstor Kirchner acompañando a los asambleístas de Gualeguaychú en su lucha antipasteras, se pasó a un Mauricio Macri involucrado con atraer esas inversiones de grandes capitales de multinacionales que derramaron en la región en otros tiempos, pero evitaron cuidadosamente a la Argentina.

Hay grandes multinacionales, en especial las de pasta de celulosa, con intención de invertir en la Argentina. “Hay lugar para dos o tres plantas de pasta de celulosa en la Argentina”, señaló Pablo Mainardi, CEO de Arauco Argentina, en un congreso que se realizó en octubre en Buenos Aires donde, por primera vez en más de 10 años, los grandes ejecutivos de la industria empezaron a discutir el futuro del sector. La fecha no fue casual: Macri acababa de ratificar su poder en las PASO.

La Argentina tiene un stock de 1,3 millones de hectáreas listas para ingresar en un proceso que lleve a la industrialización en pasta, madera aserrada para la construcción o viviendas, tableros y muebles. En 2017 la fabricación de papel y cartón en el país tuvo una pequeña caída, de 0,2%.

Desde septiembre, el Presidente convoca a los forestales a la Casa Rosada y a los gobernadores de Entre Ríos, Corrientes y Misiones. Entre otras cosas, piden que se remuevan trabas a las inversiones, que se modifiquen leyes como las que restringen la tenencia de tierras a capitales extranjeros, y que permitan la circulación de camiones bitrenes por sus rutas.

Alimentos y bebidas

Un rubro que no logró despegar

La industria alimenticia sufrió el impacto de la caída del consumo en la Argentina. Desde el Gobierno ofrecen una explicación: “Antes, la gente consumía porque no podía viajar, no podía comprar dólares”, afirmó Lucio Castro.

En la consultora Abeceb estiman que el rubro tendrá un crecimiento de 1,4% este año. En 2017, según el EMI, la caída fue de 1,4% y en 2016, de 1,2%.

El sinceramiento de las tarifas de servicios públicos y la inflación son dos factores que atentan contra la recuperación de esta industria que, de todas maneras, es muy heterogénea y, por tanto, muestra situaciones distintas según la rama. “El sector de las carnes tiene un muy buen desempeño por la tracción de las exportaciones bovinas, pero eso es contrarrestado por la caída del sector lácteo, que aún no se reacomoda tras la crisis”, señaló Dante Sica, economista de Abeceb. En el complejo sojero también se retrajo la actividad.

La reactivación de Brasil genera buenas perspectivas. “Se proyecta una recuperación leve, un año positivo para las carnes y una continuación del proceso de reorganización en la industria láctea”, estimaron en Abeceb.

Un directivo de la industria azucarera trazó un panorama inquietante y comentó el anuncio de cierre del Ingenio San Isidro en Salta (es del grupo peruano Gloria y tiene 730 trabajadores). “La política económica no parece contemplar las necesidades de las economías regionales”, afirmó.

Producción de bienes electrónicos

Frente al desafío de una reconversión

La industria electrónica es perdedora en el modelo económico del gobierno de Macri. “Hay dos casos distintos: por un lado está la industria ensambladora de Tierra del Fuego y, por el otro, la producción de televisores y otros aparatos en el conurbano bonaerense”, explicó Diego Coatz, director ejecutivo de la Unión Industrial.

La situación de este rubro fue impactada por la decisión del Gobierno de ir bajando impuestos a la entrada de bienes importados que son considerados claves para mejorar la productividad del país, como el caso de notebooks o tablets que se dejaron de ensamblar en la provincia fueguina. Algunas empresas líderes de esta actividad, que ya importaban, simplemente producen menos y traen más artículos de afuera.

A fines de noviembre pasado, el Poder Ejecutivo decidió anticipar por decreto la baja gradual del impuesto interno, que ya estaba anunciada para una reforma legal, con impacto en los bienes electrónicos que se venden en el continente, sean de fabricación nacional o importados. La apuesta fue por una reducción de los precios y una mayor accesibilidad para los compradores.

“La producción de electrónicos este año exhibirá un descenso del 6,2%, algo determinado por los cambios en el marco regulatorio, como la reconversión de la producción de notebooks en 2017. En cambio, la línea blanca tendrá una recuperación del 4,3%”, dicen en Abeceb.

De todas maneras, el rubro exhibirá este año un avance positivo, en parte porque viene de un año que fue malo. Y en parte, porque la confianza de los consumidores y cierta recuperación del salario empujarán a las ventas, según estiman los analistas.

Productos textiles

El rojo en el semáforo de la producción

El sector de la industria textil es perdedor hoy en la Argentina. Según el dato oficial del Indec, la producción cayó 4,3% en 2016 y 6,7% en 2017. Para este año se prevé un leve rebote de 1,5%, según Abeceb. El calzado tiene un panorama parecido: en 2016 cayó un 11,2% y en 2017, 9,9%. Para este año se prevé una caída bastante inferior: de 1%.

¿Las razones? La competencia con los productos importados. La firma Dass de El Dorado (Misiones), que produce zapatillas de marcas como Umbro y Fila, recortó turnos en 2016 y despidió operarios en 2017. “Es muy difícil competir con los productos importados”, dijo hace unos meses su gerente de Recursos Humanos, Flavio Olea. Dass es propiedad de un grupo brasileño que en 2015 compró una planta en Coronel Suárez (Buenos Aires).

Entre los industriales del sector textil y del calzado impera la sensación de que el Gobierno los considera un sector inviable, destinado a achicarse si no pueden competir. Los costos laborales pesan más que en otros sectores, por tratarse de una actividad mano de obra intensiva.

“Somos un sector sensible, porque lo que nos pasa primero a nosotros después le va a pasar a otras industrias, y cuando llega a otras industrias ya es muy tarde, la mitad del valor de una remera o un jean que se hace acá son impuestos, así es imposible”, señaló un referente que solo aceptó hablaren off. Los textiles no tienen ganas de hablar ni de pelearse: quieren concentrarse en trabajar y ver cómo sobreviven.

“El año pasado, solo de Chile los argentinos trajeron indumentaria por valor de US$1000 millones”, recordó Diego Coatz.

Desde el Ministerio de Producción, Lucio Castro reconoce que el sector textil está pintado de color rojo en el semáforo de su Monitor de la Economía Real. “Pero hay una realidad muy heterogénea; por ejemplo, crecemos en la producción de algodón, donde somos el décimo segundo productor del mundo y el número 14 en exportaciones”, señaló.

Los números de pérdida de empleos en esta industria son elocuentes. Según datos que maneja la UIA sobre la base de información del Ministerio de Trabajo, al final del segundo trimestre de 2017 y en comparación con ese período del año previo, la industria textil perdió 4129 puestos; la confección, 3925; el sector de cuero y calzado, 4520.

Según esos datos elaborados por la UIA, casi todos los rubros industriales perdieron puestos de trabajo, pero hay uno que ganó, a pesar de que algunos dicen que no es parte de la industria: en el software se generaron 2895 puestos en el período citado. Quizás sea un dato elocuente de los empleos del mañana.

“Los servicios motorizarán la tendencia, pero el escaso dinamismo fabril, que demanda muchos servicios, puede ser un lastre para el crecimiento en el mediano plazo”, analizó el economista Lorenzo Sigaut Gravina.

Fuente: La Nación