El dólar alteró los nervios en Olivos, mientras Mauricio Macri y Horacio Rodríguez Larreta ya hablaron de 2023

Los pases de factura a Guzmán. La presión del Covid y la economía. La charla reservada entre el alcalde y el ex presidente.ô

«Cerrar más el cepo sería una medida para aguantar y no vinimos a aguantar la economía, sino a tranquilizarla». Martín Maximiliano Guzmán, ministro de Economía de la Nación, domingo 13 de septiembre de 2020. Hace solo siete días.

La entrevista salió publicada en La Nación. Cuando los lectores la leían, e incluso antes de que muchos llegaran a leerla, ese mismo día, Alberto Fernández llamó por teléfono a su ministro para decirle que harían todo lo contrario a lo que había declarado. El cepo XXL estaba en marcha.

El lunes, Fernández y Guzmán se vieron en persona y acordaron que el anuncio sería el miércoles, un día después de que se presentara la Ley de Presupuesto en el Congreso. Iba a ser más fácil explicar el dislate del ministro una vez que se conocieran las metas para 2021. Pero un rumor llegó a la residencia de Olivos: el Círculo Rojo ya había recibido información calificada de que era inminente un endurecimiento de la política cambiaria. «Hagamos todo junto mañana», se acordó.

En esas horas, Cristina Kirchner habló con el primer mandatario y con el propio Guzmán. Ella, por supuesto, no estuvo exenta de la toma de decisiones. Y ella también se preguntó: ¿Por qué Guzmán dijo lo que dijo? «No sabemos. Inentendible. El tema se venía hablando y él sabía que esto podía pasar», dice una de las tres personas más cercanas a Alberto. Otro dirigente que elogia con frecuencia las condiciones técnicas del economista, no así las políticas, arriesga: «Aceleró y se comió la curva». En el Palacio de Hacienda solo deslizaron: «Martín tiene sus razones, pero marche preso». 

Martin Guzman, el ministro de Economía, ingresando a la Casa Rosada.
Foto Federico Lopez Claro

Martin Guzman, el ministro de Economía, ingresando a la Casa Rosada. Foto Federico Lopez Claro

La fiebre por el dólar agudizó los nervios en el amplio universo oficialista. «Miguel iba a la bóveda, veía lo que le quedaba y temblaba», exageró, con una metáfora, un economista que lo conoce a Miguel Ángel Pesce desde hace más de tres décadas y que también habla con Fernández. Esos nervios venían horadando el espíritu presidencial.

El titular del Banco Central se anotó una victoria en la interna del equipo económico después de meses de pregonar que se estaban licuando las reservas. Pero no se trató de una victoria por goleada: él pugnaba, y todavía lo hace, por eliminar definitivamente la compra de dólar ahorro. Su argumento es que las reservas netas del Central bajaron fuerte en poco tiempo. A principios de año eran13.500 millones de dólares. ¿Cuántas representan hoy? El cálculo más optimista establece que son entre US$7.600 y US$6.500 millones. Los pesimistas hablan de la mitad.

El dólar cerró el viernes a $75,38, aunque para quienes querían comprarlo para atesorar saltaba a $131. El blue no se consigue por menos de $140. El 10 de diciembre, cuando se produjo el traspaso de mando, el oficial costaba $62 y, el paralelo, $72. Aun así, el Gobierno sostiene que no hubo ni habrá devaluación y que no existen motivos para que la nueva política cambiaria se traduzca en una suba de precios.

Los empresarios y operadores más cercanos al Gobierno fatigaron los celulares esta semana. El lunes, cuando se conoció que Falabella se iba del país, fue un tembladeral. Continuó al otro día con los anuncios del dólar. Se verá si el súper cepo no es un nuevo tapón para la actividad. Hay, por lo menos, once grandes empresas que tendrán que refinanciar deudas por US$3.300 millones. El Gobierno intenta minimizar el impacto. Y el equipo de comunicación trabaja para demostrar que «hay muchas cosas que hacemos bien para reactivar y no se cuentan». Entre ellas, citan el plan de infraestructura. Cuentan que en muchas provincias están en proceso la construcción de autopistas, obras de agua y saneamiento, dragados y balizamientos y que las Pymes no dejan de ser asistidas con créditos blandos.

Hay un cuadro social desolador que afecta a todos los rincones del país y especialmente al conurbano, el bastión que busca preservar la vicepresidenta. Según números de la UCA del segundo trimestre del año, el 10,3% de los argentinos es indigente; el 14% pasa hambre; el 44,7% es pobre y la cifra escala dramáticamente al 62,9% cuando se trata de niños. El Estado sufre una asfixia difícil de sostener en el mediano plazo. Una nota de Ismael Bermúdez en Clarín reveló el crecimiento del número de beneficiarios que cobran algún tipo de asistencia. Son 27 millones de personas, desde jubilaciones hasta becas de estudios. En 2008, la cifra era menor a la mitad.

La Argentina se hamaca en el abismo. La tormenta la completa el paisaje que arroja el Covid. La primavera, que arranca mañana, se aguardaba como un bálsamo. Sin embargo, no se descarta que sea la estación con récord de contagios. Es lo que dicen quienes analizan las curvas. Influye, aunque de ningún modo es el motivo excluyente, en la lenta pero persistente caída en la imagen de Alberto.

Es cierto que venía de números altísimos cuando todavía él mismo creía que saldría ileso, e incluso fortalecido, de la pandemia. El Presidente siempre trabajó con un horizonte que prometía rédito político. Imaginó que, después de meses de encierro y de penurias, llegaría el día en que iba a poder anunciar el éxito de la política sanitaria. Ese día difícilmente llegue.

La Argentina ingresó al top 10 de países con mayores contagios. Se puede decir de otro modo: hay 205 países o territorios dependientes que tuvieron menos. “Pasará el tiempo para saber qué modelo funciona mejor», habían dicho, con tono diplomático, desde el Gobierno de Suecia, cuando Fernández instó a no seguir su camino. Suecia y Argentina no son comparables, entre otras cosas, por la diferencia poblacional. Sí cabe decir que Suecia no tuvo cuarentena y que Argentina sumará más de 200 días.

La ausencia del Presidente en la prórroga número doce del aislamiento desató críticas en la propia feligresía cristinista. Basta con repasar las redes sociales. Alberto ensaya un paulatino retiro de la escena ahora que, supuestamente, se transita el pico. Quizá no haya mucho que explicar.

El fuego amigo destinado al primer mandatario incluía haberle regalado el escenario a Horacio Rodríguez Larreta para que pudiera jactarse de que la situación en la Ciudad está controlada. Apenas trascendió el video editado por la Casa Rosada, el jefe de Gobierno se presentó ante las cámaras de TV junto a sus ministros para anunciar que se habilitarían las terrazas y patios de los bares y que haría concesiones para las obras en construcción. Insuficiente, tal vez, para la expectativa de los porteños y los constantes amagues de mayor apertura de su administración.

La noche anterior, Fernández y Larreta habían estado reunidos con Axel Kicillof. Al terminar la charla, el jefe de Estado invitó al alcalde a pasar a su despacho. Hablaron sin testigos durante 40 minutos. «Vos sabías lo de la coparticipación. No podés decir que no», le reprochó Alberto. Larreta le recriminó las formas y el momento de la poda. Quedaron en seguir hablando, aunque nada será igual. Larreta no confía en Fernández. Fernández lo sabe.

El jefe de Gobierno empieza a moverse como aspirante a la presidencia. «No lo dice, pero todo el mundo lo da por hecho», sostienen sus colaboradores. Se dijo que ese protagonismo había puesto celoso a Mauricio Macri. No sería tan así. El ex presidente mantuvo una reciente charla con su sucesor en la Ciudad. Los dos, a solas. Repasaron una vasta agenda.

Mauricio Macri se reunión con Horacio Rodríguez Larreta.

Mauricio Macri se reunión con Horacio Rodríguez Larreta.

El ex presidente suele decir que todos los curas quieren ser Papa y que son lógicas las aspiraciones de Larreta. Se jacta, además, de haberle abierto la puerta de la Ciudad cuando las encuestas decían que la mejor posicionada era Gabriela Michetti. Es algo que aun hoy su sucesor le agradece.

Claro que tienen diferencias, y a veces demasiado profundas, pero Macri habría comenzado a digerir un rol secundario en Juntos por el Cambio. Cree que lo mejor que le pueda pasar al espacio es que surjan muchos líderes, aunque -puesto a elegir- tiene un favorito. «Tenés que prepararte vos para 2023», concedió en un tramo de aquella conversación. De no ser por la distancia social que marcan los protocolos, quién sabe, Larreta lo hubiera abrazado.

Fuente: Clarín

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