De la resistencia a la contraofensiva, el sentimiento popular que impera en Ucrania a 80 días del comienzo de la guerra

Los ucranianos sienten que han resistido a la primera etapa de la invasión rusa.

En grandes ciudades como Kiev, Odesa o Jarkov, recorridas por Clarín en los últimos días, el sentimiento no varía: nadie cree que se ha perdido nada y se celebra que en los escenarios más dramáticos del asedio, donde las tropas del Kremlin más avanzaron, finalmente el enemigo debió replegarse y retroceder.

Impera la idea de que el Ejército local ha dado muestras de conocimiento y valentía y casi no se le teme a la supremacía militar rusa, que quizás no era tal. Aún en el dolor por los destierros y las muertes en las zonas ocupadas, en las calles de Ucrania le toman el pelo a Rusia. No es subestimación, sino una manera colectiva de construir seguridad y convencerse, acaso, para lo que está por venir.

Esta semana pasó a la historia otra imagen satelital elocuente de la contienda. Muestra tres docenas de tanquetas rusas T-90, apiladas como chatarra a orillas de un río.

Se ve que algunas intentaron cruzar y quedaron hundidas en la mitad del cauce, debido a que la artillería ucraniana, primero consiguió detonar los pontones y luego destrozó una por una a las máquinas. La ubicación exacta: río Siverskyi Donets, en la región de Lugansk.

Es un ejemplo de la manera sistemática en que Rusia viene perdiendo dotaciones sin pausa. Cada vez que intenta avanzar un metro, la espera una resistencia agazapada que contraataca y que la mayoría de las veces muerde y se vuelve a ocultar.

«Estrategia del mordisco»

Esta imagen última no es una metáfora al voleo. Los expertos locales hablan de “estrategia del mordisco”, una fiera que aparece, lastima, se esconde, vuelve a aparecer, lastima y va dejando que su víctima se arrastre.

Autos destruidos por misiles en Irpín. Foto: Sergio Araujo / Enviado especialAutos destruidos por misiles en Irpín. Foto: Sergio Araujo / Enviado especial

De esa manera explican la segunda gran victoria parcial de Ucrania en esta guerra. Si la primera fue haber logrado que los rusos se fueran de Kiev, la que siguió fue haber conseguido asegurar Jarkov, la segunda gran ciudad de Ucrania, tan inmensa y desmesurada como la capital.

El centro político de Jarkov es una ruina, con vecinos que Clarín visitó y todavía hoy duermen en las estaciones de metro. Pero la zona está asegurada. Los rusos se replegaron de las aldeas ocupadas y, según el Gobierno, ya no hay chances de que caigan misiles a raudales como ocurrió entre marzo y principios de abril.

Toda Ucrania celebra las imágenes de los tanques apilados en el río. Se hacen memes en las redes sociales y también se devuelven chistes cuando aparecen otras noticias sobre la colonización política que intenta Rusia en zonas ocupadas.

Rusia anuncia que se prepara para llevar adelante sendos referéndum para terminar de anexar políticamente a Jersón y Mariúpol y el ministro de Relaciones Exteriores, Dimitry Kuleba, le responde con sorna.

“Pueden anexar Marte o la luna o lo que se les cante, pero de ningún modo les vamos a conceder esas zonas y los vamos a terminar sacando de allí”, le decía a periodistas locales.

Convivir con la guerra y contraofensiva

Una bandera colgada en retén ubicado el centro de Kiev. Foto: Sergio Araujo / Enviado especialUna bandera colgada en retén ubicado el centro de Kiev. Foto: Sergio Araujo / Enviado especial

Esa seguridad retórica, que no escatima chanzas, baja a la gente que se siente empoderada. Ahora que los miedos iniciales han pasado, los ucranianos aceptan que la lucha continúa y que ya no habrá que irse sino convivir con la guerra.

En ese contexto, anida una palabra en la conversación colectiva. Esa palabra es contraofensiva. ¿Están dadas las condiciones para iniciar un contraataque masivo contra los rusos en el este de Ucrania? ¿Cuándo ocurrirá y cómo? ¿Es posible pensar directamente, más que en detener la invasión, en expulsar a los rusos de todo el país?

En la televisión local, donde sólo se habla de eso y de que quizás este año Ucrania gane el certamen de la canción Eurovisión, los analistas descuentan que es una cuestión de tiempo. Son ambiciosos en sus miradas: dicen que en cuanto terminen de llegar las poderosas armas de Occidente entonces Ucrania apostará a recuperar Crimea.

Se debe recordar que el 8 de marzo, cuando el fuego ruso parecía incontenible, fue el mismo presidente Volodimir Zelenski quien se mostró dispuesto a negociar la soberanía rusa sobre Lugansk, Donetsk y Crimea, hoy la base principal de su marina de guerra en el Mar Negro.

“Podemos discutir y encontrar un compromiso sobre cómo estos territorios seguirán viviendo“, dijo a la cadena norteamericana ABC el mandatario ucraniano a diez días del inicio de la invasión. No obstante, aclaró: “Estoy listo para un diálogo, no para una rendición“.

En los últimos días, Zelenski se desdijo. Su juego discursivo varió de la apertura dialoguista y diplomática a una ferocidad retórica nueva.

En el discurso del 9 de mayo, una hora antes de que Putin hiciera el suyo desde Moscú, el mandatario ucraniano fue tajante.

Rusia celebra este 9 de mayo con un desfile militar, el aniversario de la victoria del Ejército Rojo sobre la Alemania Nazi en la Segunda Guerra Mundial.

“Recordamos la victoria de la coalición de naciones contra el nazismo, celebramos ese triunfo y pronto vamos a celebrar otro más”, aseveró. Se esperaba que después de eso, Putin declarara la guerra total contra Ucrania (el Kremlin habla de “operación especial”), pero finalmente el líder ruso se limitó a decir que seguirán adelante con su intención de asegurar el Este del país.

Un informe de la inteligencia británica conocido esta semana confirma todo: los rusos se han replegado de Jarkov, han dejado posiciones muy vulnerables. El ejército ucraniano avanza. Las pérdidas rusas son notables. Posiblemente se reagrupen para proteger lo que ya ocupaban desde antes de la guerra en Donetsk.

Todos estos elementos movilizan el sentimiento popular en Ucrania. “Es muy claro que no pudieron más que conquistar aldeas o regiones específicas. En el Donbas ellos ya estaban. Jersón la tomaron rápido porque estaba pegada a Crimea y movilizaron al ejército desde allí apenas comenzó la invasión. Sus intentos por capturar las grandes ciudades resultaron un fiasco y se ven las pérdidas que han tenido. No lo dirán pero saben que fracasaron”, decía una aguerrida Christina, de profesión traductora.

Anatoli (izquierda) y su ametralladora de 14 kilos, listo en el frente de combate. Foto: Sergio Araujo / Enviado especialAnatoli (izquierda) y su ametralladora de 14 kilos, listo en el frente de combate. Foto: Sergio Araujo / Enviado especial

“Vamos a volar el puente de Crimea y ahí los quiero ver”, decía el soldado Alex, alistado en la defensa territorial, pero ahora de descanso en una cafetería de Kiev.

Un dato llamativo es que ni al descansar los que vuelven del frente se quitan el uniforme de pelea. Por eso resulta cómico ver por las calles de la capital a los soldados andando en monopatín. No por liviana la imagen debe confundir: para todos, en este país inmenso y soberano, la guerra continúa. La cuenta regresiva para una contraofensiva parece haber comenzado.

Fuente: Clarin

Please follow and like us: