OPINIÓN: Cristina, al frente de la operación contra Stornelli

A Cristina Kirchner solo la puede perseguir el gobierno de los Estados Unidos. Ya ni siquiera es Mauricio Macri el arquitecto de sus tormentos judiciales.

La megalomanía de la expresidenta la llevó a reclamar que su caso judicial sea tratado directamente por la Corte Suprema de Justicia, que tiene la competencia sobre los casos que involucran a las embajadas extranjeras. Ni Hugo Chávez ni Nicolás Maduro llegaron tan lejos. Lo cierto es que mientras trata de entretener a los suyos con la persecución norteamericana y con la Corte Suprema, Cristina Kirchner mostró que es la jueza de hecho de los tribunales federales de Dolores. En esos juzgados se urde la principal operación política para apartar de la causa de los cuadernos a los fiscalesCarlos Stornelli y Carlos Rívolo, y al propio juez Claudio Bonadio.

Ella habló en el Senado el miércoles pasado sobre detalles de esa causa que se encontraba entonces bajo secreto del sumario. Cristina no es parte en ese expediente y ni siquiera está nombrada. No tenía ningún derecho a conocer los detalles de la supuesta investigación del juzgado de Dolores, pero los expuso impúdicamente en el Senado. Solo un día después, el jueves, se conoció la citación a declaración indagatoria a Stornelli por parte del juez federal formal de Dolores, Alejo Ramos Padilla, miembro de una familia de militancia kirchnerista y él mismo integrante de Justicia Legítima, la rama judicial que se creó bajo el liderazgo de la expresidenta.

Tal vez por eso Cristina conocía el expediente como ningún otro argentino, salvo el juez, lo conocía. La causa se inició porque otro mitómano, el falso abogado Marcelo D’Alessio, le había pedido al empresario agropecuario Pedro Etchebest un soborno en nombre de Stornelli para sacarlo de la causa de los cuadernos. Etchebest nunca estuvo en la causa de los cuadernos ni nadie lo denunció en ese expediente. D’Alessio le contó a Etchebest que lo había mencionado ante Stornelli el exministro de Kirchner en Santa Cruz Juan Manuel Campillo, pero el abogado de este desmintió categóricamente esa afirmación. Los que conocen el expediente aseguran que el nombre de Etchebest no figura en la causa. Primera conclusión: ¿qué mente tan delirante podría pedir un soborno a alguien que no figura en ninguna investigación judicial? ¿Para qué lo haría, si Etchebest podía chequear fácilmente si estaba o no bajo investigación judicial?