Caso Dalmasso: el bioquímico que develó de quién era el semen hallado en la víctima no entiende por qué desestimaron esa prueba

Este martes comenzarán los alegatos y el jueves se conocerá la sentencia en el juicio por el homicidio de Nora Raquel Dalmasso. En el banquillo solo está el viudo, Marcelo Macarrón, acusado de ser el presunto instigador del femicidio. Casi 16 años después de que el cuerpo de la mujer fuera hallado semidesnudo sobre la cama de su hija, en la planta alta de su casa de Villa Golf, un barrio cerrado de Río Cuarto, no hay sospechosos por la autoría material del crimen, tramo de la causa que ya prescribió.

Daniel Zabala, el entonces bioquímico policial que confirmó la existencia de semen en el cuerpo de la víctima y afirmó que era de “linaje Macarrón” –luego, el FBI precisó que el ADN era específicamente del viudo–, se pregunta hoy “qué motivo hay para desestimar una prueba de tal magnitud; no hay antecedentes así” y cree que la Justicia riocuartense “quedará con una mancha” porque, avizora, el proceso terminará en absolución y, en definitiva, el asesinato quedará impune.

La referencia es que el último fiscal que instruyó el caso, Luis Pizarro, desestimó la prueba genética que había usado su antecesor, Daniel Miralles, para acusar al viudo como autor del homicidio. Miralles fue apartado de la causa por pedido de la defensa de Macarrón, lo que sucedió en paralelo a su renuncia. Pizarro cambió la hipótesis y acusó al viudo de haber pagado a sicarios para que mataran a su mujer.

En el auto de elevación a juicio, Pizarro afirmó que no hubo rastros de semen obtenibles en la escena del crimen y que Macarrón no estuvo en Río Cuarto la madrugada del 25 de noviembre de 2006. Sostuvo que “analizados en totalidad los informes químicos y genéticos llevados a cabo en la causa, se entiende, primero, que no hubo hallazgo de semen en ninguna de las evidencias recolectadas y analizadas; segundo, que el perfil genético masculino [de Marcelo Macarrón] hallado en algunas de las evidencias resultó luego de pruebas o técnicas más específicas, de alta sensibilidad, y lo fue en escasa cantidad, o bajo número de copias”.

Agregó dos puntos: “Que luego de sometidas las evidencias a pruebas de mayor sensibilidad, y hallado ADN masculino en algunas de ellas, se advirtió y aclaró el problema de contaminación que traían aparejadas este tipo de pruebas –de mayor sensibilidad–. Y, finalmente, se acreditó –con la prueba del lavado de prendas en lavarropas– que la contaminación es posible por transferencia”.

En diálogo con LA NACION, Zabala –que declaró como testigo en el juicio el 11 de mayo pasado– afirmó: “Pizarro fundamentó que los bioquímicos de Córdoba no hicieron hallazgos, pero no tomó en cuenta que el FBI sí, al igual que yo”. Quienes rechazaron la existencia de ADN en esas muestras son los especialistas del Ceprocor (un centro científico-tecnológico de la provincia) y la Policía Judicial.

“Cuando llegué a la casa de Dalmasso llevaba 20 años de experiencia –relata Zabala–. Serían las 19 de ese domingo [26 de noviembre de 2006, día del hallazgo del cadáver]. Empezamos a trabajar. Ya había trabajado el fotógrafo: Levantamos las muestras, las llevé al laboratorio y al otro día las procesé. Repetí unas cuantas veces y en todas daba la presencia de semen en todas las cavidades de las que habíamos tomado pruebas. Estaba y estoy totalmente seguro: hice entre 10 y 15 veces las pruebas”.

Agregó que oportunamente apuntó las muestras para el peritaje genético y las envió: “En el Ceprocor y la Policía Judicial no encontraron nada. No podía entender que en Córdoba les diera negativo; aducen que es por mi forma de tomar las muestras, pero con esas mismas el FBI determina la existencia de semen, que el ADN es de la línea Macarrón y, al tiempo, le pone el nombre de Marcelo Macarrón”.

Las muestras que tomó eran de cavidades y también de la parte externa de la vulva. “Las fotos lo muestran; todo está en el expediente”, dice el profesional, que fue jefe de Química Legal, Criminalística y Sanidad Policial de la Policía de Córdoba y retiró en 2020, con 33 años y diez meses de servicio. “Quería estar en actividad cuando la causa se elevara a juicio, pero me sobrepasaron los años que llevó el caso”, resumió.

El fiscal Pizarro sostuvo en el expediente que la Policía Judicial “utilizó una prueba más específica para la detección de semen”. Solo se refirió al informe del FBI para señalar que “ratifica lo realizado por el Ceprocor en cuanto el hallazgo, solo en algunas de las evidencias, de ADN masculino”.

Añadió que el Ceprocor cotejó el ADN con el de las “29 personas de sexo masculino que ingresaron al lugar del hecho, despejando que sea el resultado de alguno de ellas, e informando que algunas de las muestras remitidas no es posible excluir que sean de Marcelo Macarrón”, y agregó que el FBI había planteado que “no es posible deducir si los componentes de ADN de dichas muestras fueron el resultado de depósitos contemporáneos al crimen, si fueron depositadas con anterioridad al crimen, si fueron el resultado de contaminación de la escena del crimen o si resultaron de actividades posteriores a la recolección”.

En contraposición, Zabala ratifica. “Las pruebas son contundentes. La Justicia de Río Cuarto quedará con una mancha; desestimó una prueba genética, algo que no debe tener antecedentes”. Admitió que le “afectó mucho” lo que pasó con las evaluaciones hechas en Córdoba y aseguró que “jamás” lo llamaron para consultarle.

Está convencido de que “trataron de justificar lo injustificable; confundieron diciendo que no había usado el antígeno específico, que no había trabajado bien. Nada de eso es así; antes de Dalmasso ya había intervenido en otras violaciones y crímenes. Hubo destrato”.

“Decepcionante” es el término que usó Zabala para describir cómo está viviendo el juicio, que esta semana tendrá su capítulo final: “Lo que más me llama la atención es por qué se desestimaron pruebas de esta magnitud, las mismas que el FBI encontró”.

En la causa, los informes forenses son disímiles. Los peritos Mario Vignolo y Mario Subirachs opinaron que Dalmasso tuvo sexo consentido antes de ser asesinada; en cambio, Ricardo Caciaguerra indicó que la golpearon y dominaron y, que mientras la asesinaban –cuando ya estaba inconsciente–, la violaron.

La Nación

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