Argentina, última en un ranking internacional de confianza en el Gobierno y el Banco Central

El agónico acuerdo del gobierno de Alberto Fernández con el Fondo Monetario Internacional (FMI) el último viernes alivia el panorama inmediato de pagos externos de la Argentina, pero no despeja un problema que arrastra desde hace décadas y se agravó durante la actual gestión: la bajísima credibilidad -interna y externa- en las autoridades del país.

Un informe internacional, el Edelman Trust Barometer 2022, o Barómetro Edelman de Confianza 2022, elaborado para la reciente edición del Foro Económico Mundial, muestra que para 27 países que la agencia de encuestas, relaciones públicas y marketing mide hace 22 años y que incluye naciones desarrolladas y en desarrollo de todos los continentes, Argentina exhibe la más baja confianza en el Gobierno y en el Banco Central y la segunda más baja en las autoridades nacionales de salud.

En cuanto a la confianza en las autoridades sanitarias, clave en tiempos de pandemia, solo en Rusia, que en la medición 2021 era el país cuyos ciudadanos mostraban la más baja disposición a vacunarse contra Covid-19, la confianza es inferior a la Argentina, algo en lo que pueden haber influido los malos resultados en la lucha contra la pandemia, los vaivenes y demoras en la adquisición y aplicación de vacunas y casos como el “Vacunatorio VIP” y el festejo del cumpleaños de la pareja presidencial en Olivos mientras la sociedad vivía confinada por una de las cuarentenas más estrictas y prolongadas del mundo.

Los resultados de la encuesta arrojan que la Argentina es el país donde menor es la confianza en el Gobierno y en el Banco Central, el segundo de menos confianza en las autoridades de salud y el tercero en que mayor es la brecha entre confianza en las empresas y en el gobiernoLos resultados de la encuesta arrojan que la Argentina es el país donde menor es la confianza en el Gobierno y en el Banco Central, el segundo de menos confianza en las autoridades de salud y el tercero en que mayor es la brecha entre confianza en las empresas y en el gobierno

Estos resultados, a su vez, tienen aire de familia con los del “Índice de Percepción de la Corrupción” de la ONG Transparencia Internacional, cuya más reciente edición arrojó para la Argentina un puntaje de 38 sobre 100 (siendo 100 el non-plus-ultra de la honestidad y 0 el tope de la corrupción), cuatro puntos por debajo del año anterior, lo que la relegó al puesto 96 entre 180 países.

En el “Barómetro 2022”, una primera consulta sobre confianza general de la población arrojó para la Argentina un 45% de respuestas positivas, dos puntos menos que en la edición previa, situándola en el séptimo puesto más bajo sobre 27 países.

La pregunta sobre confianza general de la población arrojó para la Argentina un 45% de respuestas positivas, dos puntos menos que en la edición previa, situándola en el séptimo puesto más bajo

La encuesta fue realizada entre el 1 y el 24 de noviembre pasado, a más de 36.000 personas, con un umbral de 1.150 encuestados por país. El promedio “Global 27″ es del 56% y el informe subraya la pérdida de confianza observada en los países democráticos y desarrollados. Aquellos donde más cayó fueron Alemania, Australia, Holanda, Corea del Sur y EEUU, y los países al tope del ranking de confianza o donde ésta más aumentó fueron China, Emiratos Árabes, Indonesia, y Tailandia, naciones ni democráticas ni de desarrollo avanzado.

Gobierno y moneda

Gobierno y moneda son las áreas donde la falta de credibilidad son más evidentes en la Argentina. Cuando se pregunta sobre la confianza en el Gobierno, el país cae al último lugar, con un 22%, mucho menos de la mitad que el promedio general de 56% de confianza de las poblaciones en sus respectivos gobiernos. Los países que acompañan en el fondo de la tabla son Sudáfrica 26% y Colombia 32%. Y los tres países en que la población más confía en su gobierno son China, Emiratos Árabes Unidos y Arabia Saudita, ninguno de los cuales es un puntal de la democracia y los derechos humanos, lo que refleja el colapso de la confianza en las democracias durante la pandemia.

Más relevante aún, teniendo en cuenta la inflación y la situación monetaria y cambiaria, es que la Argentina también rankea última en confianza en el Banco Central, con 32%, contra un promedio general del 63%, seguida a distancia por los bancos centrales de Rusia 40% y España 42%. Un dato sorprendente es que los países que siguen, de abajo para arriba, son Alemania y EEUU, lo que tal vez se deba, en el caso alemán, a las dudas teutonas sobre el Banco Central Europeo, que relegó el Bundesbank a un rol secundario, y al aumento de la inflación en EEUU, que hacia noviembre ya exhibía un claro sendero alcista y en diciembre registró la tasa más alta en 39 años, 7% anual. De hecho, el titular de la Reserva Federal (Banco Central) de EEUU, Jerome Powell, dijo el jueves que en marzo la entidad empezará a subir la tasa de política monetaria y los analistas creen que habrá entre 3 y 4 aumentos en el año.

Dos grietas

Consultado acerca del efecto que la falta de confianza en el Banco Central tiene en el manejo de la política monetaria y la inflación, Carlos Rodríguez, jefe de asesores de Economía durante la gestión de Roque Fernández y fundador de la Universidad del CEMA (Centro de Estudios Macroeconómicos de la Argentina), describió la actual situación monetaria. Hay dos grietas, dijo: la cambiaria, con el dólar paralelo a más del doble del oficial, y la monetaria, en que el pasivo del BCRA en Leliq y Pases más que duplica la base monetaria. “Hay inflación reprimida por los dos lados. No se puede arreglar uno, por ejemplo devaluar, porque quedaría la grieta de las Leliq”, dijo el economista. Además, agregó, hay un gran problema social.

Según Rodríguez, la gente cree que tiene salarios y ahorros reales que realmente no tiene, dado el estado del sistema bancario. “Son todas cosas que se crearon en los últimos dos años; es cierto que nos veníamos arrastrando, pero el gobierno de los Fernández lo exacerbó”, señaló. Salir del actual atolladero, agregó, significará “liquidar ilusiones: cualquiera que lo haga va a recibir insultos de todas partes”.

Años de alta inflación pulverizaron la confianza en el peso y en el Banco Central 
REUTERS/Marcos BrindicciAños de alta inflación pulverizaron la confianza en el peso y en el Banco Central

Pero además de liquidar ilusiones, prosiguió, hay que resolver problemas de base. “La base es institucional y hay que hacer un ajuste para que no vuelva a ocurrir: eso implica cambiar el mercado político, el laboral, el social, terminar con la industria del juicio, la economía cerrada, hacer todos los ajustes pendientes de la era Menem, que no se hicieron culpa de Duhalde y Alfonsín. No es solo borrón y cuenta nueva, sino también corregir los problemas anteriores y arreglar esos dos brutales problemas de stock que todos esconden atrás de la deuda con el FMI, que es un espejo de la que ya teníamos con el sector privado”, señaló Rodríguez.

El economista recordó que el Plan Bonex, que en 1989 consolidó en un bono a 10 años los ahorros a 7 días de plazo en el el sistema bancario, fue una solución a un problema de stocks. Pero no daría consejo alguno al actual gobierno al que -dijo- “lo único que se le puede pedir es que haga el menor daño posible”. Cualquier buena idea que se le dé, señaló, sería como mandar a los hijos a una guerra, algo que se puede hacer “solo por una noble causa, detrás de un noble líder, no con un gobierno como el actual”.

Cuestión de pesos

Para Lorena Giorgio, jefa de economistas de la consultora Equilibra, la falta de confianza en el BCRA es reflejo directo de la falta de confianza en el peso. “En tanto no la recobre, le será muy difícil modelar expectativas, sobre todo de devaluación, e incentivar la demanda de pesos”. Todo tiene que ver, dijo, con el fracaso en controlar la inflación y, hoy en día, la brecha cambiaria.

“El sector privado no quiere tener pesos, y eso refleja la poca confianza en el BCRA, que no ha sabido mantener el valor de la moneda, por la fuerte emisión para financiar el déficit fiscal”. No por casualidad, dijo Giorgio, ese fue uno de los mayores escollos en la negociación con el FMI: reducir el déficit para reducir la emisión monetaria. Incentivar la demanda de pesos, insistió, es clave para bajar la brecha cambiaria.

El sector privado no quiere tener pesos, y eso refleja la poca confianza en el BCRA, que no ha sabido mantener el valor de la moneda (Giorgio)

Un ejemplo del tipo de dilemas que la falta de confianza le crea al Central es el reciente aumento de las tasas de interés para las colocaciones a plazo fijo para personas y el intento oficial de cambiar el mix de financiamiento migrando de las Leliq a 7 días a bonos del Tesoro, mejor remunerados, pero a 180 días como mínimo. Dado el stock actual de pasivos remunerados, los dos puntos de aumento de tasa implican $100.000 millones más por año de intereses, pero el desarme de Leliq termina siendo monetariamente expansivo porque es un financiamiento camuflado al Tesoro.

Detrás de todo, dijo Giorgio, hay falta de confianza y años de inflación, por lo que mantener las variables monetarias y financieras con cierta estabilidad exige reducir el déficit fiscal. La falta de confianza en el peso también explica, dijo Giorgio, que en 2020 y 2021, con gastos Covid más limitados que en la mayoría de los países, la Argentina tuviera que emitir tanto dinero, por falta de crédito.

Incredulidad general

Más allá de la desconfianza en el gobierno, el Banco Central y las autoridades sanitarias y el bajo nivel de confianza en los medios, hay un generalizado temor a la manipulación de la opinión pública a través de noticias falsas (las llamadas fake news). En tanto, las Organizaciones No Gubernamentales (ONG) escapan a la tendencia general, como instituciones que generan confianza.

También es llamativo que cuando se le pregunta a las personas cómo cree que estarán en cinco años, la Argentina arroja un 60% de respuestas positivas, de que estará mejor, porcentaje superior al promedio general (51%) y muy superior al observado en países desarrollados o ricos donde el porcentaje de respuestas positivas va 15 a 43 por ciento. Países en desarrollo, pobres o menos ricos como China, México, Sudáfrica, Brasil, Arabia Saudita, Emiratos, India, Indonesia, Colombia y Kenia muestran un optimismo prospectivo de 64 a 91 por ciento.

El Plan Bonex fue una solución a un problema de stocks, pero no daría consejo alguno al actual gobierno al que -dijo- “lo único que se le puede pedir es que haga el menor daño posible” (Rodríguez)

A su vez en el mundo en general las personas confían en sus empleadores: el promedio es del 77%, y 75% en el caso argentino. Forma parte de la tendencia de que la gente cree más en los negocios (business) que en los gobiernos y los medios. De vuelta, la confianza es menor en países desarrollados (Corea del Sur, Japón y Francia) y mayor en países asiáticos y/o pobres como Indonesia, India y China. A nivel general, la confianza en business (en el gráfico, referido como empresas) es del 61%, y en la Argentina del 56 por ciento.

Del contraste entre la escasa confianza en los gobiernos y la relativa confianza en las empresas surge el panel de barras que muestra la brecha entre instituciones. Aquí la Argentina aparece, detrás de Sudáfrica y Nigeria (incluida en esa evaluación, pero no en el “Global 27″), como el tercer país de mayor brecha entre confianza en las empresas y en el Gobierno.

Edelman, la empresa asociada al Foro Económico Mundial, es una agencia global de relevamiento de tendencias, relaciones públicas y marketing fundada en 1952 en EEUU por Daniel Edelman (muerto en 2013). Tiene más de 4.500 empleados en 65 ciudades del mundo. incluida Buenos Aires, donde se instaló en 1997. Ha representado y asesorado marcas como Walmart, Starbucks, Burger King, Microsoft y Pfizer, a gobiernos como el de Finlandia e incluso al Concorde, un legendario avión francés que fracasó comercialmente.

Fuente: Infobae

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