Alberto Fernández íntimo: por qué cree que el FMI admitió que la deuda es “insostenible”

El Presidente celebró con su equipo las declaraciones del organismo. Preocupación por la inflación y la actividad económica.

Es tarde, pero Alberto Fernández se muestra satisfecho y feliz. En su despacho de Casa Rosada, sobre las 9 de la noche del miércoles, el Presidente se permite una charla relajada, sobriamente celebratoria, con un puñado reducido de colaboradores.

Horas antes, el FMI emitió un documento con un fuerte respaldo a la posición argentina: la admisión, implícita de que el fondo le prestó más de lo que debió prestado a Mauricio Macri, y el pedido a los tenedores privados de que acepten una quita.

«Para esto estuvimos trabajando y lo logramos. Ahora hay que seguir: el que crea que el partido terminó se equivoca«, bajó línea Fernández. Durante el día compartió varias horas con el ministro de Economía, Martín Guzmán; y, como cada día, interactuó con su jefe de Gabinete, Santiago Cafiero, la secretaria de Legal y Técnica Vilma Ibarra y el secretario General, Julio Vitobello.

«Decían que no teníamos plan y ahora el fondo entiende que hay un plan: que así no podemos pagar, que el orden fiscal se puede lograr de manera paulatina pero que, además, necesitamos tiempo para crecer y poder pagar«, le dijo Fernández a su equipo.

El Presidente pivotea entre Guzmán, Cafiero y Matías Kulfas, el ministro de Desarrollo Productivo, atento a dos indicadores: inflación y actividad económica. Son los dos termómetros que en la cabeza de Fernández operan en paralelo a la renegociación de la deuda.

El jefe de Gabinete, puerta por medio con el Presidente, tiene en su celular una aplicación para seguir dia a día, casi hora a hora, la evolución de los precios y de los ingresos. El programa informático concentra el valor al que se venden 900 productos en los súper e híper-mercados.

Con esa app -que se armó en Comercio Interior- el Gobierno monitorea dos variables muy sensibles: la performance de Precios Cuidados y el electrocardiograma de los precios, que se juntan porque la suba en alimentos en enero fue de 4,7%, el doble del índice total.

A días de que termine febrero, ese tester lo hace fantasear al Gobierno con que la inflación de este mes confirmará la baja que se registró en enero y con la proyección de que el trimestre, con un repunte en marzo que «históricamente inflacionario», cierre más cerca de un promedio de 2 puntos que de 3.

​El otro termostato es la recaudación de IVA como indicio de la marcha de la economía. El lunes, la titular de AFIP, Mercedes Marcó del Pont, habló de «síntomas» de reactivación a partir de los datos de recaudación pero dijo que eran, todavía, muy preliminares para hacer esa afirmación.

En Presidencia siguen esos índices. Deslizan, muy cautos, que se percibe un leve repunte de los ingresos por IVA que podrían reflejar, justamente, que la economía da señales de que se está moviendo.

Más temprano, el Presidente había almorzado, durante casi dos horas, con Axel Kicillof y Juan Quattromo, economista que quedó al frente del Banco Provincia. Fernández participó, en los años ’90, de la creación del holding BAPRO. Kicillof se quedó, en la sobremesa, charlando con Guzmán, que ya se mostraba optimista sobre lo que comunicaría el FMI.

En el mapeo completo sobre el «logro» ante el FMI el Gobierno anuda varias piezas. Dentro de las razonas por las que el Presidente cree que el organismo consideró a la deuda «insostenible», hay una cuestión socio-económica, otra simbólica y una tercera geopolítica. Guzmán, en línea con Fernández, metió en la conversación con el FMI la cuestión social y fue, diez días atrás, el que le pidió a Daniel Arroyo y Ginés González García, ministros de Desarrollo Social y Salud, que se junten con la misión del fondo.

Así ocurrió: Julie Kozak, subdirectora para el Hemisferio Occidental -que estuvo con Arroyo porque luego viajó a Washington para la reunión de directorio- y Luis Cubeddu, jefe de la misión, trasmitieron que el FMI «no pedía ajuste en áreas sociales».

El Gobierno lo sintetiza en una frase brutal. «No hay margen para pagar sin mandar a millones de argentinos a la miseria. Y eso no lo vamos a hacer».

El otro factor es, si se quiere, simbólico: Fernández dice que la única manera de que una negociación salga bien es «diciendo la verdad». Lo repite como mantra y su equipo lo amplifica: por eso, en público, el presidente usó la frase de que el FMI le «dio la razón» al Gobierno argentino, en relación a que se acumuló demasiada deuda para pagar en muy poco tiempo.

La tercera es, en la lógica Fernández, clave y se vincula con la ronda de conversaciones, presenciales y telefónicas, que tuvo a lo largo del último mes: del Papa Francisco, a Angela Merkel Donald Trump. En Gobierno leen que la conflictividad que cruza -de punta a punta- Sudamérica hace que se trata con más cuidado la situación argentina.

Con las crisis en Chile y Bolivia, un escenario frágil en Ecuador y Perú, el deterioro acelerado de Venezuela y con Brasil en manos de Jair BolsonaroEuropa y EE.UU. parecen dispuestos a «ayudar» a Argentina para no sumar tensión al continente. Es la lectura que hacen en el Gobierno.

Fuente: Clarín

 

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